Por Guyén Saul Soto
Estados Unidos ha aumentado su presencia militar en el Caribe próximo a Venezuela en agosto de 2025, desplegando al menos tres buques, 4.000 soldados y armamento avanzado, bajo pretexto oficial de “combatir el narcotráfico” y presionar al gobierno de Nicolás Maduro, al que califica directamente de “cartel”. No obstante, el verdadero trasfondo de esta operación militar está estrechamente vinculado con la importancia estratégica de las reservas petroleras venezolanas, las mayores certificadas del mundo, y con los recientes avances de China en la recuperación y operación de campos petroleros en la zona del Lago de Maracaibo, Zulia.
El presidente venezolano Nicolas Maduro, países del ALBA TCP y otros aliados denuncian explícitamente este despliegue como una nueva forma de presión geopolítica, que busca socavar la soberanía venezolana y modificar, por la fuerza, el equilibrio energético regional a favor de Washington.
En geopolítica energética, no existe vacío: En un ciclo de precios deprimidos y guerra de cuotas, controlar o bloquear el acceso a ese recurso —o a su ritmo de monetización— es palanca de poder regional y global.
- La Amenaza Militar de EEUU: Coerción por Control Energético
El despliegue de tropas y activos navales de EEUU en el Caribe es un mensaje claro. Es una estrategia de «diplomacia de cañonero» del siglo XXI, diseñada para:
- Crear un cerco de asfixia: Más que una invasión inminente a gran escala (una operación extremadamente costosa y compleja), el objetivo es intensificar la presión, generar zozobra interna y disuadir cualquier operación comercial o de defensa que Venezuela realice con sus socios, particularmente China, aunque no se puede descartar una acción militar directa.
- Proteger un «activo estratégico» que consideran suyo: Para el establishment de seguridad nacional de EEUU, especialmente los halcones de la CIA y el Pentágono, América Latina sigue siendo su «patio trasero». La idea de que las mayores reservas de petróleo del mundo caigan en la esfera de influencia de China, su principal rival geopolítico, es una pesadilla estratégica. La amenaza militar busca revertir esta tendencia o, al menos, impedir que se consolide.
- Intimidar a otros actores: El mensaje también va dirigido a empresas rusas, indias o cualquier otra que considere invertir en Venezuela. Es una advertencia sobre los «riesgos» de hacer negocios con un país bajo el cerco de EEUU.
2. El Triángulo Energético: EEUU, China y Venezuela
Este es el corazón del conflicto. Cada actor juega un papel crucial en este tablero global.
a. Estados Unidos: La Contradicción entre el Capital y el Imperio
EEUU presenta una profunda esquizofrenia política en su enfoque hacia el petróleo venezolano:
- La Corporación (Chevron): Representa el interés capitalista pragmático. Chevron nunca quiso irse de Venezuela. Tiene infraestructura, conocimiento del terreno y sabe que el crudo venezolano (pesado, pero de bajo costo marginal de extracción) es extremadamente rentable a largo plazo. Su licencia de la OFAC para operar en Venezuela es un reconocimiento tácito de que el bloqueo total es contraproducente hasta para sus propios intereses corporativos. Chevron prefiere ganar dinero con Venezuela.
- El Imperio (ExxonMobil y el Estado Profundo): Representa el interés geopolítico hegemónico. ExxonMobil, con su demanda por la nacionalización de la Faja, es el estandarte de la política de máxima presión. Para este sector, el objetivo no es un negocio, sino la sumisión. Prefieren que nadie (ni Chevron, ni mucho menos los chinos) tenga acceso al petróleo si no es bajo sus términos, que pasan por un cambio de régimen en Venezuela. Esta es la facción que impulsa las sanciones y avala la amenaza militar.
El resultado: Una política exterior errática, donde una mano da licencias a Chevron y otra amenaza con invadir, debilitando su propia posición.
b. China: La Estrategia del Largo Plazo y la Multipolaridad
China actúa con una lógica de Estado coherente y con visión a largo plazo, en contraste con la miopía del ciclo electoral cortoplacista de EEUU.
- Necesidad Energética y Seguridad: Sí, China es el mayor importador de crudo del mundo. Aunque impulsa agresivamente las energías limpias (es el líder mundial en solar, eólica y vehículos eléctricos), su economía masiva aún requiere un flujo seguro y estable de hidrocarburos durante la transición. Diversificar sus fuentes lejos del Estrecho de Malaca (controlado por la marina de EEUU) es una prioridad de seguridad nacional. Venezuela ofrece esa diversificación.
- Inversión vs. Saqueo: La relación de China con Venezuela no es de «ambición» de recursos en el sentido colonial clásico. Es una relación de interdependencia estratégica estructurada en inversiones a largo plazo. China no viene a llevarse el petróleo gratis; invierte decenas de miles de millones de dólares en infraestructura, tecnología y recuperación de pozos (como los que acaba de iniciar) a cambio de un suministro de crudo garantizado y reembolsado con el propio producto. Es el modelo de «crudo por infraestructura/inversión», que fortalece la capacidad productiva venezolana y asegura la demanda china.
- Apuntalando el Mundo Multipolar: Cada acuerdo, cada pozo recuperado, cada barco que sale de Venezuela hacia China es un clavo en el ataúd del unipolarismo estadounidense. China ve a Venezuela como un pilar fundamental en la construcción de un orden global alternativo donde los países del Sur Global puedan ejercer su soberanía y autodeterminación.
c. Venezuela: Soberanía como Supervivencia
Para Venezuela, este triángulo es una cuestión de supervivencia nacional.
- Romper el Bloqueo: La asociación con China (y los países BRICS) es la única vía para esquivar el férreo bloqueo financiero y comercial. Les permite producir y vender su principal commodity
- Navegar Geopolítico: Venezuela usa su recurso natural como herramienta de negociación y poder. Al ofrecer acceso a sus reservas a múltiples actores (China, India, Europa, incluso Chevron), evita la dependencia de un solo socio y juega en la contradicción de EEUU.
- Los Campos del convencional y la Faja: los campos convencionales del Lago de Maracaibo poseen infraestructura histórica; requieren intervención y recuperación de pozos, control de fugas, pero su costo suele ser inferior al extrapesado del Orinoco que exige diluyentes y/o mejoradores. En un entorno de precios inestable, relanzar convencionales puede ser más rápido y barato por barril incremental que proyectos nuevos de mejoradores.
3. El Contexto Energético Global: Fracking, Transición y energía Atómica
- EEUU y el Fracking: La «revolución del shale» convirtió a EEUU en el mayor productor mundial de petróleo, el 64% del crudo estadounidense provino de Fraking en 2023, pero es una industria financieramente frágil, con alta deuda y altísimos costos de producción. Requiere precios del petróleo por encima de $60-70 por barril para ser rentable. La política de Trump de dominar el “mercado energético» significa sacrificar la sostenibilidad ambiental a largo plazo por la ganancia geopolítica y económica inmediata. Es la antítesis de pensar a futuro.
- China y la Transición: China es el mayor fabricante e implementador de energías renovables del mundo. Sin embargo, es realista: sabe que necesita un puente de hidrocarburos. A la par, es hoy el epicentro de nuevas centrales de energía atómica (57 reactores operativos y 29 en construcción a agosto 2025) para generar una energía base estable y limpia que reduzca su dependencia del carbón. Su estrategia es de «todas las anteriores, con énfasis en la transición controlada».
- Energías Limpias: Este es el campo de batalla final. Quien lidere las tecnologías del futuro (renovables, baterías, vehículos eléctricos) controlará la economía del siglo XXI. China lleva una clara delantera en manufactura y despliegue. EEUU intenta recuperar terreno con la “Inflation Reduction Act.” La lucha por el petróleo de hoy es, irónicamente, lo que financiará la carrera por liberarse del petróleo mañana.
La amenaza militar de EEUU contra Venezuela es el último recurso de una potencia hegemónica en declive, que ve cómo su monopolio sobre los recursos y la política del Sur Global se le escapa de las manos. El triángulo energético EEUU-China- Venezuela es un microcosmos de la guerra fría por un nuevo orden mundial.
Venezuela, a pesar del bloqueo brutal, ha logrado usar su soberanía sobre sus recursos para negociar dentro de esta grieta, asociándose con el polo emergente representado por China y los países BRICS. Esta alianza, basada en la inversión y el desarrollo mutuo en lugar del saqueo, no solo es vital para la supervivencia económica de Venezuela, sino que es un acto de autodeterminación y un pilar fundamental en la construcción de un mundo multipolar donde las naciones puedan elegir libremente su destino. La defensa de la soberanía venezolana sobre su petróleo es, por tanto, una trinchera en la batalla global por la liberación de los pueblos.