Por Guyén Soto
Un Puerto en la Tormenta Geopolítica
La imagen de buques de guerra estadounidenses surcando el Mar Caribe frente a las costas de Venezuela no es un espectáculo aislado. Es el capítulo más reciente de una saga centenaria: la lucha por el control del petróleo más abundante del planeta. Esta pugna, que alguna vez se libró entre carteles privados y estados nación, hoy se desarrolla en un tablero global complejo, donde la sombra de la Doctrina Monroe se enfrenta a la emergencia de un orden multipolar. En el centro de este huracán geopolítico se encuentra una compañía, Chevron, cuya persistencia en suelo venezolano es la llave para entender la estrategia moderna de Washington y la resistencia de un pueblo por su autodeterminación. El binomio “militar–energético” es un patrón histórico en la política exterior de EE.UU.
El Legado de las Siete Hermanas y el Contra-Ataque del Sur
Para comprender el presente, es necesario volver a 1928. En el castillo escocés de Achnacarry, las grandes petroleras angloamericanas llamadas las «Siete Hermanas» se repartieron el mundo en un cartel secreto. Fijaban precios, cuotas y mercados, reduciendo a países como Venezuela a meros territorios de explotación. La riqueza se extraía, pero no se quedaba. Esta era del saqueo neocolonial encontró su respuesta cuatro décadas después en Bagdad. Bajo la visión del venezolano Juan Pablo Pérez Alfonso, nació la OPEP en 1960. Fue el primer gran acto de emancipación económica del Sur Global, un manifiesto que declaraba: los recursos naturales pertenecen a las naciones que los albergan, no a las corporaciones que los extraen. Chevron es una de sus hijas, hoy sometida a un marco regulatorio soberano y motivada por las inmensas riquezas petroleras venezolanas.

La Revolución Chavista: La Soberanía Energética Constitucionalizada
El siguiente gran parteaguas llegó con Hugo Chávez. Su gobierno no se limitó a administrar la renta petrolera; la redefinió conceptual y jurídicamente. La Constitución de 1999 y la Ley de Hidrocarburos de 2001 fueron los instrumentos de esta transformación. Al declarar los yacimientos como «bienes de dominio público, inalienables e imprescriptibles», se blindó la soberanía sobre el recurso. La estatal PDVSA recuperó el timón, y las regalías aumentaron para asegurar que la riqueza beneficiara al pueblo venezolano.
Pero la visión fue más allá. Chávez transformó el petróleo de un instrumento de dominación en una herramienta de integración solidaria. Iniciativas como Petrocaribe permitieron a naciones hermanas del Caribe acceder a energía en condiciones justas, liberándolas de las condiciones de hambre del FMI y construyendo una red de soberanía energética regional. Era la antítesis del modelo de las Siete Hermanas: en lugar de extraer para dominar, se producía para cooperar.
La Reacción Hegemónica: distintos brazos de la misma estrategia
Esta afirmación de soberanía chocó frontalmente con los intereses históricos de Estados Unidos en su «patio trasero». La respuesta fue una estrategia dual, perfectamente ejemplificada en roles divergentes de dos gigantes petroleros:
- ExxonMobil: Hard Power Económico. Encarnó la línea dura. Abandonó el país, lideró demandas judiciales multimillonarias por las nacionalizaciones y abogó por las sanciones más severas. Su objetivo era claro: estrangular económicamente al régimen para forzar un cambio que permitiera un retorno a los términos favorables de antaño.
- Chevron: Soft Power Económico. Optó por el pragmatismo. Se mantuvo, negoció y se adaptó al modelo de empresas mixtas. Su licencia especial del Departamento del Tesoro de EE.UU. no es una incongruencia; es un instrumento de soft power.
Las declaraciones belicosas de figuras como Trump y el despliegue de la flota son el brazo militar de esta misma estrategia («hard power«), destinada a asfixiar y disuadir. La dicotomía es aparente; los objetivos son complementarios: doblegar la soberanía venezolana por todos los medios disponibles.
Ahora, vale la pena detenerse un poco con el caso de Chevron, única empresa petrolera presente en Venezuela en estos momentos, ¿por qué?, es sin duda, el brazo del Pragmatismo de esta política:
- Su estrategia ha sido de persistencia y diálogo, manteniendo canales abiertos con todos los gobiernos, incluso en los momentos de mayor tensión.
- Su papel: Es el instrumento del «pragmatismo estratégico». Su presencia sirve a varios intereses clave de EE.UU.:
- Mantener una Cuña Interna: Chevron es los «ojos, oídos y billetera» de EE.UU. dentro de la industria petrolera venezolana. Provee inteligencia invaluable y mantiene un punto de influencia directa.
- Contrarrestar a Rusia y China: Al producir petróleo y generar flujo de caja, Chevron ayuda a reducir la dependencia del gobierno de Maduro de sus socios rusos (Rosneft) y chinos. Debilita el control geopolítico de sus rivales.
- Preservar el Activo: Para EE.UU., las reservas venezolanas son un activo estratégico de seguridad nacional. Chevron, con su experiencia en crudos pesados y su presencia en Campo Boscán y la Faja, mantiene activos estos grandes yacimientos que conoce desde hace muchos años y en flujo permanente hacia las refinerías norteamericanas diseñadas para procesarlos.
- Herramienta de Negociación: La licencia de Chevron es un «grifo» que Washington puede abrir (permitiendo más producción e ingresos al Caracas) o cerrar (asfixiándolo económicamente) para presionar concesiones políticas.

El Nuevo Tablero Global: La OPEP+ y el Ascenso de los BRICS+
Frente a esta presión, Venezuela no se ha quedado quieta. La geopolítica global ha cambiado, y Caracas ha buscado alianzas en el mundo multipolar en formación.
La OPEP+ (la alianza entre la OPEP y Rusia) es un reconocimiento pragmático de que el mercado petrolero ya no es un duopolio. Es un frente unido para estabilizar precios en un mundo donde Estados Unidos es también un gigante productor (gracias al Fraking). Para Venezuela, enfrentada a las sanciones, es un espacio vital de alianza estratégica.
Pero el cambio de paradigma más profundo lo representan los BRICS+. Este bloque no es un mero club económico; es la arquitectura de un nuevo orden internacional alternativo. Para Venezuela, su potencial incorporación es estratégica por tres razones:
- Desdolarización: Permite comerciar energía en monedas propias, erosionando el poder de las sanciones estadounidenses.
- Financiamiento Soberano: Ofrece acceso al Nuevo Banco de Desarrollo, una fuente de capital fuera de la órbita del FMI y el Banco Mundial.
- Paraguas Geopolítico: Crea una solidaridad entre naciones del Sur que disuade agresiones abiertas, defendiendo el principio de no intervención.

La Batalla por el Siglo XXI
La lucha por el petróleo de Venezuela es un microcosmos de la batalla por el futuro del orden global. Por un lado, la visión hegemónica de la Doctrina Monroe, que se reinventa empleando desde la coerción militar hasta el poder corporativo pragmático de Chevron. Por el otro, la visión de soberanía y autodeterminación impulsada por Chávez, que hoy busca refugio y fortaleza en la cooperación Sur-Sur de los BRICS+.
El legado de Pérez Alfonso y la OPEP demostró que el Sur Global podía quebrar carteles privados. La visión de Chávez constitucionalizó ese principio. El desafío actual es navegar un mundo multipolar, donde la defensa de la soberanía ya no se juega solo en los campos petroleros o en las salas de OPEP, sino en la capacidad de tejer alianzas inteligentes que garanticen que los recursos de un pueblo sirvan, finalmente, a su propio desarrollo y no a los designios de imperios antiguos o nuevos. La partida está abierta, y el mundo observa.