Por Franklin González
“Somos seres esencialmente artificiales” (Roger Bartra).
Este artículo fue originalmente publicado el 21/09/2024 en: https://iaedpg.edu.ve/colaboraciones-de-nuestro-cuerpo-docente/
Por lo pertinente de su contenido lo volvemos a publicar, con algunos antetítulos.
Antecedentes de la palabra posverdad
Algunos antecedentes de la palabra posverdad pueden encontrarse en la trilogía de las distopías o ciencia ficción distópica que constituyen las reflexiones de Aldous Huxley en su texto Un mundo feliz,George Orwell con su novela 1984y de Ray Bradbuyry con Fahrenheit 451.En los tres existe una constante: la verdad aparece cuestionada y resaltan elementos de posverdad.
En Un mundo feliz,Huxley aborda un mundo en el que la supresión de la diferencia y el control del pensamiento permitían la felicidad de la humanidad a costa de su banalización; la verdad resultaba banalizada por todo un océano de insignificancias que servían a la represión del conocimiento.
En 1984,Orwell ve una sociedad (la británica) donde todo es vigilado y aterrorizado por el Gran Hermano que aparece a cada momento a través de telepantallas. Allí, la verdad es ocultada, empleando para ello hasta una neolengua en la que los significados disminuyen y las emociones se amplían.
Por su parte, Bradbuyry, nos presenta una sociedad futurista, donde un gobierno totalitario prohíbe los libros, ya que el conocimiento hace pensar y esto provoca infelicidad.
El término posverdad fue utilizado, primera vez, en un ensayo escrito en 1992 por Steve Tesich, un dramaturgo serbio-americano, y publicado en The Nation, tras el escándalo Iran/Contra del año 1986, en el cual se señaló que tras las revelaciones del caso Watergate y la publicación de las atrocidades que se cometieron en Vietnam, los estadounidenses asumieron una postura despectiva en lo que respecta a las verdades incómodas. Observó que: “llegamos a equiparar la verdad con las malas noticias (…)”, y lamentaba que “nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en una especie de mundo de la posverdad”; es decir, “un mundo en el que la verdad ya no es importante ni relevante”.
Ya en 2004, el sociólogo Ralph Keyes había proclamado, en su libro La era de la posverdad: Deshonestidad y decepción en la vida contemporánea(2004), que nos encontrábamos en la era de la posverdad, expresando la inquietud de que se estaba perdiendo el sentido del estigma vinculado a la mentira, lo cual significa que las mentiras pueden decirse con total impunidad. Sin embargo, esta palabra comenzó a difundirse mundialmente, sobre todo con mucha frecuencia en los análisis políticos, desde los resultados del Brexit en el Reino Unido o la primera victoria de Donald Trump en Estados Unidos, así como también el fracaso del referéndum sobre los acuerdos de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Los tres resultados, inesperados por la ortodoxia y la racionalidad occidental, ocurridos el mismo año de 2016, pueden ser muy bien explicados por la emoción, la creencia y las convicciones, en tres sociedades polarizadas políticamente. En los tres casos, el vehículo fundamental de información y comunicación fueron las redes sociales, que operaron favorablemente para quienes en definitiva terminaron siendo los vencedores.
¿Qué significa la palabra posverdad?
La posverdad fue la palabra del año 2016 para el diccionario de Oxford, quien lo define como el fenómeno que se produce cuando «los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales».
Por su parte, el diccionario de la Real Academia Española, (2018) define a la posverdad como una: “distorsión deliberada de una realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”.
Visto de esta manera, la posverdad se refiere al arraigo de creencias y convicciones, basadas en la emoción, que no logran ser refutadas por la evidencia y los hechos objetivos.
La posverdad ha llegado a través del entramado de relaciones de redes sociales, que se han convertido en el modo más práctico de participar en la opinión pública. Con mucha frecuencia se difunde una (des) o información o noticia sin echar una mirada a la veracidad de la fuente, porque lo importante es la utilidad que signifique para resaltar algunas ideas o imagen.
Por su parte, las redes sociales también se aprovechan para dar curso a la charlatanería. Harry Frankfurt en su ensayo On Bullshit (2005) sostiene que al charlatán le tiene sin cuidado la verdad. Dicho autor en la introducción del texto titulado Sobre la verdad (2007), dice: “Los bullshitters, manipuladores o charlatanes, aunque se presentan como personas que simplemente se limitan a transmitir información, en realidad se dedican a una cosa muy distinta. Más bien, y fundamentalmente, son impostores y farsantes que, cuando hablan, sólo pretenden manipular las opiniones y las actitudes de las personas que los escuchan. Así pues, principalmente, su máxima preocupación consiste en que lo que dicen logre el objetivo de manipular a su audiencia. En consecuencia, el hecho de que lo que digan sea verdadero o falso les resulta más bien indiferente”.
Por tanto, el charlatán no tiene intención de tergiversar la realidad simplemente que no le compromete. Mantiene clara la distinción entre lo verdadero y lo falso; pero, como le importa un bledo el valor de la verdad, le interesa poco el modo de presentarla o las consecuencias de lo que dice. Su atención está puesta simplemente en la imagen que transmite a los demás, más allá de su veracidad.
Quienes están emocionalmente preparados para creer en algo que no es cierto, por lo general se acompañan de grupos que comparten y refuerzan sus sentimientos; lo hacen en forma militante y fervorosa; y justifican sus actuaciones como reacciones legítimas contra poderosas fuerzas que consideran hostiles. Por ello, en la época de la posverdad pululan las teorías conspirativas y son especialmente activas las sectas que unifican, compactan y les dan aspectos de verdad a los temores y narrativas de sus asociados.
En el mundo de hoy predomina la posverdad por:
-El ambiente de polarización entre visiones extremas del espectro político, económico y social. En el mundo occidental existen dos modelos (¿y también dos verdades?) que se contraponen y que tienen consecuencias diferenciadas para los pueblos. De un lado, el modelo de la exclusión, de la negación de la otredad en los términos planteados por el filósofo francés Jean Paul Sartre o el poeta mexicano Octavio Paz, representado en el “individuo ficticio”, amante del ego cartesiano y cuya manifestación económica se expresa en el neoliberalismo. De otro, el modelo de la inclusión, representado en el “individuo colectivo” o en el respeto por el otro (la alteridad del filósofo lituano-francés Emmanuel Lévinas) y cuya expresión económica se encuentra en propuestas postcapitalistas, socialistas o de defensa de la Pachamama.
-La presencia de las redes sociales, que se han convertido en el principal medio o instrumento de (des) información o comunicación del mundo y que permiten que verdades a medias, rumores, chismes, alcancen a millones de personas y pasen, a punta de repetición, a convertirse en firmes convicciones, a pesar de que carecen de verificación o comprobación.
-La creciente debilidad de los medios tradicionales de comunicación en el ejercicio de su tarea de formar (o no formar) y orientar (o desorientar) a la “opinión pública”, entre otras razones porque estos utilizan con mucha frecuencia la posverdad.
Las redes sociales también han allanado el camino a quienes se dedican a fabricar noticias falsas (fake news). Mentiras perfectamente diseñadas para el vistazo rápido y poco crítico con el que se ojea la noticia, construidas con precisión quirúrgica y con mucha anestesia. Por tanto, el éxito de la posverdad está en nuestra predisposición a aceptar lo que ansiamos creer porque confirma nuestro punto de vista.
En definitiva, la posverdad es inescindible del uso masificado de los medios de difusión. No sería posible fabricar una posverdad sin introducirla a la “fuerza” en las mentes de espectadores despojados de toda defensa por efecto de la ignorancia y la desinformación.
La posverdad y la verdad
La presencia de la posverdad prevalece por encima de la realidad-verdad. La imagen de la realidad es más importante y relevante que la realidad misma; y ésta, la realidad, ha quedado sepultada debajo de un montón de escombros icónicos producidos en serie, unos detrás de otros y de manera interminable, por los medios de difusión masificados., donde toneladas de imágenes superpuestas, unas sobre otras, tapan la realidad.
Al respecto, Guy Débord en la Sociedad del espectáculo (1967) dirá queel mundo se divide entre una minoría perversa que domina el mundo a través de la desinformación y los ingenuos que la aceptan (p.57).
Para Jean Baudrillard: “El momento crucial se da en la transición desde unos signos que disimulan algo a unos signos que disimulan que no hay nada. Los primeros remiten a una teología de la verdad y del secreto […] Los segundos inauguran la era de los simulacros” (1978, p.18).
Tomando como referencia lo expresado, podemos afirmar que la posverdad no deja de ser, a lo sumo, un simulacro, un artefacto, en la medida en que no existe, toda vez que la verdad no puede superarse.
Con la posverdad se deconstruye, en su sentido derridiano (De Jacques Derrida) la verdad inicialmente y la sociedad como último estadio.
Finalmente, podemos sostener, siguiendo las reflexiones, por ejemplo, del escritor mexicano Roger Bartra, que la posverdad se construye en cinco etapas: en la primera un sitio o persona difunde una información impactante; la noticia se difunde indiscriminadamente en redes sociales; por su impacto, los medios la retoman y la difunden por no quedar fuera del trending informativo; la noticia es desmentida, pero tal cosa no tiene el mismo impacto que la noticia; por tanto, la aclaración ya no es viral y la noticia queda anidada en la mente de algunos, lo cual hace que sea su verdad.
En otras palabras, el “público” termina confirmando lo que piensa, sobre la base del factor emocional, que crea identidad.
Así estamos en el mundo de hoy.