Por Félix Roque Rivero.
Hoy es 16 de diciembre de 1830. La Quinta San Pedro Alejandrino luce triste. De los centenarios árboles de tamarindo cuelga tu hamaca de campaña. Los negros esclavos han paralizado sus labores en el ingenio, sus cantos y tambores se han detenido en señal de luto, presienten que el final está muy próximo. Mañana a la una y siete minutos de la tarde se nos muere Simón. Ya dictó su testamento y su última proclama llamando a la unión. Sus últimas horas transcurren en un laberinto de confusiones, de amarguras y perdones.
Tu voz suena débil, ya no truena como retumbó en los llanos, en Boyacá y Carabobo, en Junín y en La Puerta, en el Cuzco y en Ayacucho y en el Chimborazo. Llamas a tu fiel mayordomo y le dices: ¡José, vámonos lejos de esta gente ingrata que no nos quiere!
Sabemos que te marchas Simón y poco hacemos por impedirlo. Con tu muerte se nos cierra la oportunidad de impulsar tu proyecto. Tu sueño de la Patria Grande se desmorona, los republicanitos se preparan para montar sus republiquitas. Santander solo espera la noticia para apoderarse del poder y expulsar a Manuela para que se muera paralítica y de mengua en Paita. Simón Rodríguez, tu maestro querido, casi desnudo y con una vela en la mano deambula por los pueblos buscando a su discípulo maravilloso sin sospechar que éste agoniza en San Pedro Alejandrino. Reverend hace lo que puede por aliviar tus dolores. Buscan presuroso una camisa para ponértela y que no te mueras desnudo como lo profetizaste tú mismo, Padre nuestro.
Mañana se apaga el Sol de Colombia. Llorarte, sí. Emularte y reencarnar en ti es la gran tarea que demanda este presente incierto de imperios, traiciones, deslealtades, corruptelas, bloqueos, traiciones. Solo el pueblo salva al pueblo Simón. No arastes en la mar. Me niego a creerle. Hoy tu espada victoriosa recorre invicta los caminos de América Latina.
Hoy como ayer, tu genialidad nos ilumina ante la embestida imperial y el mar Caribe es campo de batalla, es el torbellino fulgurante de tu mando apasionado y victorioso.
Padre nuestro que estás en el aire, en la tierra, en los mares, en los ríos, sé que regresaras convertido en millones como dijo Tupac Katari y nos lo recordó Neruda. Tu gloria continúa creciendo, como crece la sombra cuando el Sol declina. Tu gloria es una totalidad universal. A 195 años de tu marcha triunfal, los pueblos de América y del mundo corean tu nombre, reverencian tu legado imperecedero y celebran tu inmortalidad.