Por: Ing° Guyén Saúl Soto Sánchez
El conflicto histórico por el control de los recursos energéticos en Venezuela ha trascendido la disputa comercial para convertirse en el epicentro de un choque doctrinal entre el imperialismo renovado y la autodeterminación de los pueblos del sur. En el actual escenario de 2025, Venezuela se enfrenta a un relanzamiento agresivo de la Doctrina Monroe, manifestada a través del «Corolario Trump», que busca reafirmar la primacía de Estados Unidos en el hemisferio occidental frente al nacimiento de un orden mundial multipolar.
Esta estrategia utiliza la narrativa del «robo» del petróleo y el «narcoterrorismo» como herramientas de guerra para justificar el control territorial y frenar la influencia de potencias externas, principalmente China, en lo que Washington aún considera su «área estratégica».
El Marco Doctrinal: Monroe 2.0 vs. Soberanía Bolivariana
La administración actual de EE. UU. ha hecho explícita su intención de revivir una versión del siglo XXI de la Doctrina Monroe para limitar la influencia de China en la región. El denominado «Corolario Trump» plantea que el dominio hemisférico es un imperativo de seguridad nacional que otorga a Washington el derecho de ejercer un «poder de policía internacional» sobre las naciones que no se alinean con sus intereses.
Frente a esto se alza la Doctrina Bolivariana, fundamentada en la independencia absoluta y la propiedad inalienable de los recursos. Mientras la visión de Monroe busca un hemisferio subordinado, la doctrina bolivariana propone una integración basada en la multipolaridad y el respeto mutuo, desafiando el control unilateral del dólar y de los mercados energéticos.
| Concepto Geopolítico | Doctrina Monroe 2.0 / Corolario Trump | Doctrina Bolivariana / Multipolaridad |
| Premisa Central | «América para los estadounidenses» (control de recursos y rutas) | Autodeterminación y soberanía permanente sobre recursos |
| Rol de la Región | «Área estratégica» y reserva de materias primas para EE.UU. | Bloque regional autónomo (CELAC) con relaciones diversificadas (BRICS+) |
| Marco Legal | Realpolitik: la legalidad internacional es un «obstáculo flexible» | Defensa estricta del Derecho Internacional y la Carta de la ONU |
| Objetivo Externo | Contención de China y Rusia en el hemisferio occidental | Cooperación estratégica multipolar (China, Rusia, Irán, Turquía) |
El Cartel de Achnacarry: Las Raíces del Control Transnacional
El intento de controlar el petróleo venezolano no es nuevo. En 1928, mediante el Acuerdo de Achnacarry, las «Siete Hermanas» (hoy Exxon, Shell, BP y Chevron) formaron un cartel secreto para repartirse los mercados mundiales. En Venezuela, este acuerdo tuvo un impacto directo al frenar iniciativas soberanas como la Compañía Nacional Minera Petrolia del Táchira.
Fundada en 1878 con capital 100% nacional y técnicos formados en Pensilvania, La Petrolia demostró que el país podía gestionar su industria décadas antes de la llegada masiva del cartel. Sin embargo, en 1934, bajo la presión de las empresas de Achnacarry, el régimen de Juan Vicente Gómez se negó a renovar la concesión nacional, entregando el área a subsidiarias de la Shell. Este evento marcó el inicio de un siglo de intentos extranjeros por impedir que Venezuela maneje su propio recurso.
La Mentira del «Robo» y la Verdad de la Reversión (1943-1976)
La narrativa de la Casa Blanca en 2025, plasmada en declaraciones oficiales que califican la nacionalización de 1976 como un «robo» (Imagen 2), es una distorsión histórica deliberada.1 La base de esta acusación es la falsa premisa de que EE. UU. «creó» la industria venezolana y, por lo tanto, es su dueño.3
Sin embargo, la Ley de Hidrocarburos de 1943 estableció claramente que todas las concesiones tenían fecha de vencimiento en 1983, momento en el cual todas las instalaciones debían pasar al Estado sin costo alguno bajo la cláusula de reversión.4
- 1971: Se promulga la Ley de Bienes Afectos a Reversión para asegurar que las empresas no desmantelaran la infraestructura antes de 1983.
- 1976: El Estado adelantó la nacionalización, pero en lugar de aplicar la reversión gratuita, pagó indemnizaciones «muy elevadas» de aproximadamente 4.348 millones de bolívares a las transnacionales.7
Calificar como «robo» un proceso donde las empresas recibieron compensaciones por activos que legalmente debían entregar gratis pocos años después es una manipulación jurídica para justificar el despojo actual.3
Desesperación Energética y la Amenaza Naval
La agresividad de EE. UU. se explica por una realidad geofísica: sus reservas de petróleo apenas alcanzan para unos 15 años de producción, mientras que Venezuela posee reservas para más de 800 años. Con una matriz energética donde el petróleo y el gas representan más del 60% del consumo total, EE. UU. considera la apropiación de la Faja del Orinoco como una cuestión de supervivencia económica.
La evidencia confirma esta desesperación:
- Despliegue Militar: Trump afirma que Venezuela está rodeada por «la Armada más grande jamás reunida en la historia de América del Sur».
- Bloqueo Naval: Se ha ordenado un «BLOQUEO TOTAL» de todos los petroleros sancionados, interrumpiendo el flujo físico de crudo para asfixiar la economía.
- Objetivo Confeso: El ex-presidente ha declarado abiertamente que busca que se devuelvan «el Petróleo, la Tierra y otros activos», bajo la premisa de que fueron «robados» a EE. UU.
China y el Nuevo Orden Multipolar
El ataque a Venezuela es, en última instancia, un ataque a la arquitectura de un mundo multipolar. China se ha convertido en el principal socio comercial de crudo de Venezuela y su mayor acreedor, con inversiones estratégicas que aseguran su propio suministro energético.
Para Washington, la alianza Caracas-Beijing es el principal desafío a la Doctrina Monroe en el siglo XXI. Al intentar derrocar al gobierno venezolano, EE. UU. busca:
- Expulsar a China: Recuperar el control de los yacimientos actualmente comprometidos en acuerdos con Beijing.
- Controlar Minerales Críticos: Asegurar el acceso al torio, tierras raras y coltán, fundamentales para la tecnología del futuro y la defensa.9
- Ejemplarizar: Enviar un mensaje al resto de la región de que no se tolerará la autonomía política ni económica.
El Blindaje de PDVSA como Patrimonio Nacional
Ante este asedio, la Constitución de 1999 actúa como el último muro de defensa legal. Los artículos 302 y 303 prohíben explícitamente la privatización de PDVSA y declaran que los hidrocarburos son bienes de dominio público e inalienables. Cualquier intento de «tomar» el petróleo venezolano por la fuerza o mediante un gobierno tutelado constituiría no solo una violación del derecho internacional (Art. 2 de la Carta de la ONU), sino un acto de piratería moderna.
Conclusión
La amenaza actual de EE. UU., respaldada por un despliegue naval sin precedentes y una retórica de criminalización, no busca justicia ni «democracia», sino la restauración de un modelo colonial de extracción. El relanzamiento de la Doctrina Monroe en 2025 pretende ignorar la historia de soberanía que va desde La Petrolia hasta la OPEP, y desmantelar el blindaje constitucional de PDVSA. En el nacimiento de un mundo multipolar, la defensa de Venezuela es la defensa del derecho de todos los pueblos del sur a decidir su propio destino y a proteger su riqueza frente a potencias que, ante su propio declive energético, han decidido tratar la legalidad internacional como un «obstáculo flexible».