Por Félix Roque Rivero
El 25 de noviembre de 1820 se firmó en la ciudad de Trujillo, Venezuela, el Tratado de Armisticio entre el Reino de España y la República de Colombia, mediante el cual se suspendían las hostilidades de todas clases entre ambos ejércitos. Esa suspensión era por un término de seis meses, contados desde el día de la ratificación del Tratado, teniendo como principio la buena fe y los deseos sinceros de ambas partes de terminar la guerra, pudiendo ser prorrogado por todo el tiempo que fuere necesario, siempre que así lo manifestaran las partes y las hostilidades no hubieren concluido. También quedaban suspendidas las hostilidades en los mares de América. El principal fundamento del Tratado era la negociación de la paz. Asimismo, en aplicación de los principios liberales y filantrópicos y para hacer desaparecer los horrores y el furor que caracterizaban aquella funesta guerra, las partes se comprometieron a celebrar un Tratado de Regularización de la Guerra conforme al derecho de gentes y según las prácticas sabias y humanas de las naciones civilizadas. Este último Tratado se firma en la localidad de Santa Ana de Trujillo el 26 de noviembre de 1820, es decir, un día después del Tratado de Armisticio. Aquí se aplicó aquel principio muy de Bolívar quien solía decir que “En la tardanza está el peligro”.
Ambos Tratados fueron preparados en la Ciudad de San Cristóbal, estado Táchira, por el entonces joven General de Brigada Antonio José de Sucre bajo la supervisión del General y presidente de Colombia, Simón Bolívar.
La firma de estos Tratados, sobretodo el de Armisticio, le permitió a Bolívar ganar un tiempo precioso para reorganizar el ejército, comprar armas, alimentos, tomar mejores posiciones, darle descanso a la tropa, direccionar los mandos, curar a los soldados heridos y enfermos. Pero Bolívar logró algo mucho más trascendental como fue, el reconocimiento como República por parte del General Pablo Morillo, quien actuó a nombre del Reino de España, además, con la ratificación de los Tratados, se puso fin a la presencia de Morillo en territorio Americano.
Algunos detractores radicales de El Libertador lo acusaron de blandengue y hasta de traidor por aquellos acuerdos suscritos con el enemigo.
La historia dio la Razón a Simón Bolívar. Al año siguiente, 1821 en Carabobo, en brillante batalla dio la libertad a Venezuela y luego se fue al Sur del Continente para libertar al Ecuador, el Perú y fundar a Bolivia. Bolívar era muy astuto y sagaz, un soldado victorioso en la guerra, un maestro en la diplomacia y un gran político. Manejaba con destreza los principios de la táctica y la estrategia. Tenía el don de mirar y observar cada detalle. Su liderazgo era indiscutible y sabía leer el curso de los acontecimientos.
Dada las circunstancias que vive actualmente Venezuela, la patria de Bolívar, conviene estudiar esta parte del accionar del más grande hombre nacido en estas tierras maravillosas. Cuando se trataba de salvar el destino de la Patria Grande, a Bolívar jamás le tembló el pulso. El como pocos, conocía los intrincados caminos maquiavélicos de la política y de la guerra.