Por Félix Roque Rivero
El 3 de enero de 2026 pasará a la historia como la fecha que partió la historia de Venezuela en un antes y un después. Ese día, fuerzas imperiales de los EEUU penetraron en territorio venezolano en horas de la madrugada. De manera artera y asimétrica, capturaron y secuestraron al presidente Nicolás Maduro Moros y a su compañera de vida, la primera dama, Cilia Flores de Maduro, los cuales fueron extraídos de su patria y, tras un largo y penoso periplo, fueron llevados contra su voluntad a territorio norteamericano y mostrados al mundo, encadenados como dos vulgares criminales. Un escarnio y una humillación jamás propinada a un pueblo noble y gallardo como el venezolano que, se caracteriza por su alegría de vivir y compartir, de ser solidario y amante de la paz. Esa “victoria táctica” de los EEUU fue mostrada al mundo por el presidente Donald Trump quien llegó a decir a los cuatro vientos que “contra Maduro se habían empleado un arma ultra secreta que solo los EEUU poseen”.
El golpe fue brutal y certero. Alrededor de unas cien personas fueron asesinadas en es acto de agresión. Se jactaron y hasta lo contaron como una película de esas que produce Hollywood para hacer ver y pensar lo que ellos quieren que se vea y se escuche y de piense. Parte de esa guerra cognitiva de quinta generación que tiene como centro de combate el cerebro. Aquella madrugada de terror dio lugar a un despertar lleno de desconciertos y preguntas. Las personas se miraban incrédulos buscando explicaciones. El Gobierno Bolivariano había perdido con el apresamiento del presidente, a la cabeza líder conductora del proceso. Sin embargo, eso no significó la parálisis de la acción gubernamental. Ese mismo día, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, actuando como Máxima y Última Intérprete de la Constitución, se reunió y, debatiendo una ponencia conjunta y actuando de oficio, dictó una medida cautelar urgente y preventiva para garantizar la continuidad administrativa del Estado y la defensa de la Nación. Ante la ausencia forzada del presidente de la República en el ejercicio legítimo de su cargo por el secuestro ilegal de que fue objeto junto a su esposa, interpretando de manera sistemática y teleológica las normas constitucionales, ordenó designar como presidenta encargada de la República a la Dra. Delcy Eloína Rodríguez Gómez, quien se venía desempeñando como Vicepresidenta ejecutiva del Estado. El 5 de enero, la Asamblea Nacional, por mandato constitucional procedió a su instalación `para el nuevo periodo y, en esa misma fecha, le tomó juramento como presidenta encargada a la Dra. Delcy Eloína Rodríguez Gómez. Ella, en un breve, sencillo y profundo discurso dijo que “Venezuela afronta una nueva realidad política”. Esto lo explicaría al país en su discurso de presentación de la memoria y cuenta el 15 de enero del mismo año.
EL PETRÓLEO, FUENTE DE PODER.
La acción bélica contra Venezuela no fue para luchar contra el terrorismo, narcotráfico, dictadura y menos por preservar la democracia. No, lo fue por el apoderamiento de las inmensas reservas de hidrocarburos que existen en el subsuelo venezolano, concretamente en la “Faja Petrolífera Hugo Chávez” y en los green fields que existen en la vasta geografía venezolana. Esto lo dejó bien claro la presidenta encargada en su discurso ante la Asamblea Nacional, donde además de las cuentas, presentó un paquete de leyes, algunas para sus reformas, otras para ser tratadas como leyes ordinarias. De esas reformas, destacó la de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, cuya última modificación ocurrió en el año 2006 en época del gobierno del Comandante Hugo Chávez. El presidente Donald Trump declaró que la invasión militar a Venezuela y la extracción y secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama Cilia Flores de Maduro, tenía un solo propósito: “controlar por tiempo indefinido el petróleo y demás riquezas que les pertenecen y que los venezolanos nos habían robado”. Como la afirma Noam Chomsky “Podemos dejar de lado el cuento de la democracia y de los derechos humanos…No tienen nada que ver con el objetivo de destruir todo gobierno que no se someta totalmente a lo que ordene Estados Unidos”. (Chomsky, Noam. Washington maneja la política exterior como lo hace la mafia. Entrevista realizada por Ignacio Ramonet publicada en su libro La conversación infinita. Ediciones Acirema. San Cristóbal, Táchira Venezuela. 2025). Hablar de petróleo es, quiérase o no, hablar de estructuras de poder. Es el componente que mueve casi toda la maquinaria industrial del planeta y, sabemos, se trata de un recurso finito, no renovable, con agotamiento progresivo de las reservas dado el consumo voraz de los grandes países industriales.
La vigente Ley Orgánica de Hidrocarburos data el 4 de agosto de 2006. Se pensó para ese tiempo y para una realidad. No se hizo para que se perpetuara como las pirámides de Egipto. Hoy, como lo expresó la presidenta encargada, Venezuela, si quiere subsistir como nación preservando su democracia, su soberanía y su dignidad, ha de hacer movimientos tácticos de cara a una estrategia que no es otra que la preservación de las estructuras de poder. De allí que la reforma propuesta, más que un acomodamiento de normas jurídicas, responde a un discurso político de salvaguarda de lo nacional ante las embestidas imperiales que obligan a negociaciones y adecuaciones, tal como lo haría un manager que dirige un equipo de béisbol y cuya meta es ganar la partida, haciendo gala de sus mejores herramientas.
La reforma propuesta plantea ampliar el objeto de la vieja Ley, incluyendo conceptos como extracción, recolección, procesamiento, mejoramiento y aprovechamiento integral de los hidrocarburos. En la Faja Petrolífera abundan los crudos pesados y extra pesados, parecidos a un betún. Para su extracción y transformación, se requiere de alta tecnología y de cuantiosas inversiones que Venezuela no está en condiciones de aportar. Algunos ya critican la propuesta y consideran que se les está entregando la industria a las empresas gringas, “garantizándoles sus inversiones”. Alfredo Maneiro, citado por Alí rodríguez Araque, cuando tocó discutir la Ley de Nacionalización Petrolera sostuvo “Retroceder, en este caso, significaba regresar a las tesis nacionalistas que tradicionalmente se habían sostenido en Venezuela, instrumentando una serie de legislaciones que le permitieron a la nación tomar conciencia en torno a sus derechos en un negocio cada día más decisivo para su propia existencia”. (Rodríguez Araque, Alí. Antes de que se me olvide. Editora Política, La Habana, p. 123. 2012).
La estructura fiscal e impositiva de la actual Ley, de cara a la nueva realidad, se propone su revisión, no para que las empresas dejen de cancelar sus regalías e impuestos, sino para que se sincerise la ecuación y que los capitales privados nacionales y extranjeros realicen sus aportes al Estado y dejen de depender lisonjeramente de éste. El pago por regalía se mantiene en un 30% y se permite su rebaja cuando el yacimiento presenta mermas en su rentabilidad Esas rebajas serían hasta un 20% en los contratos privados y de un 15% en las empresas mixtas. Se mantiene la base de 1/3 en el valor de los hidrocarburos, pero se propone una rebaja en el impuesto por extracción de un 20% en los contratos entre la República y las operadoras y de un 15% para las empresas mixtas. La comercialización de los hidrocarburos dejaría de ser una actividad absoluta y exclusiva del Estado y de manera excepcional se permitiría la comercialización directa por empresas mixtas y privadas, siempre que lo hagan a precios superiores a los estadales y exista un control estratégico por parte del Estado Venezolano. Se crea un nuevo modelo de regulación contractual, diferente a las empresas mixtas, los “contratos para el desarrollo de las actividades primarias” (los CPP), previstos denla Ley Antibloqueo, llamados “el modelo Chevrón”. En este tipo de contratos, el operador privado, nacional o extranjero, asume los riesgos, costos y gestión integral del negocio. El Estado no asume ni es responsable por las deudas que se causen, mantiene la propiedad del yacimiento como lo prevé el artículo 12 constitucional y asume la regulación de los volúmenes de crudo extraídos y procesados, el arrendamiento de los activos, el régimen tributario y la restitución de los activos existentes y dados en garantías. Se establece y brinda una absoluta seguridad jurídica a las inversiones con carácter retroactiva. En caso de controversias, la jurisdicción nacional deja de ser exclusiva.
En modo alguno, la reforma ata de manos al Ejecutivo Nacional, pudiendo este suscribir contratos de asociación con naciones diferentes a los EEUU, en particular con los miembros de los BRICS. Es aquí donde resalta la idea de la multipolaridad, que permite a Venezuela recibir inversiones en monedas distintas al dólar, también tecnologías e infraestructura no sujetas a las leyes de los EEUU. Se incorporan de manera meridiana los principios de soberanía energética, dominio público del recurso y la propiedad de los yacimientos, maximización progresiva de la renta, la protección ambiental, se establecen mecanismos de resolución alternativos de controversias, las aprobaciones previas de los contratos por la Asamblea Nacional, se propone que basta una simple y formal notificación de la suscripción de los mismos, asimismo, se elimina la facultad el parlamento Nacional de hacer modificaciones a los contratos. También se prevé atención a las condiciones laborales y mejoras en los ingresos de las y los trabajadores.
Se trata de una reforma que ha de ser vista en la integralidad de las condiciones difíciles que le ha tocado vivir a la población venezolana. Son cambios significativos, sí, como negarlos, pero recordemos aquello de que “solo los tontos no cambian”. Importa recordar al reconstructor de la nueva China Den Siao Ping, quien ante una pregunta provocadora de un periodista sobre los cambios y las aperturas propias de las peculiaridades chinas le respondió “Qué importa cuál sea el color del gato, lo que importa es que sea capaz de cazar ratones”. Tal vez, en el mediano y largo plazo, los ratones imperiales caigan en la trampa que ellos mismos se han tendido. Como solía decir el viejo Adón Rivas allá en Caripito “Faltan más días que los que han pasado y vendrán días mejores”.