Por: Gustavo A. Quintero
Introducción: El Retorno al Origen Acuático
La historia de la vida en la Tierra es, fundamentalmente, una historia escrita en agua. Desde que los primeros microorganismos surgieron en “el caldo primordial” hace más de 3.500 millones de años, el medio acuático ha sido el medio para la vida, el gran regulador térmico, biológico y nutritivo del planeta. Para el Homo sapiens, cuya presencia en el registro evolutivo es apenas un parpadeo de 300.000 años, el mar y los ríos no solo representaron barreras geográficas, sino los primeros y más generosos proveedores de sustento, transporte y más vida.
Hoy, con más de 8.500 millones de habitantes, enfrentamos una presión insostenible sobre nuestros recursos debido a modelos de consumo que exceden lo necesario para la vida. Estos esquemas moldean satisfacciones idealizadas en nuestras mentes —muchas veces vulnerables ante la publicidad— para convertirnos en simples generadores de riqueza ajena a costa de nuestros sistemas ecológicos. La mirada vuelve con urgencia hacia el sustrato que ocupa más superficie del globo: el agua. Aunque nuestra identidad como especie está ligada al suelo, vivimos en un planeta con nombre de continente con alma de océanos y ríos, donde el agua reclama casi tres cuartas partes de la superficie total, dejando a la tierra firme que emerge de esta como una minoría geográfica.
En este escenario, la pesca y la acuicultura son indispensables para la vida y actividades naturalmente “lógicas” ante la presencia de una gran cantidad de este sustrato, no pueden verse como actividades aisladas o competidoras. Son, en esencia, dos caras de una misma moneda técnica y cultural, claro está, con principios productivos distintos y con necesidades distintas para su desarrollo. Una no puede subsistir sin la otra; la pesca proporciona la «biblioteca genética» y el pie de cría original, mientras que la acuicultura asegura la multiplicación soberana y sostenible de ese recurso ante un planeta herido por el cambio climático y sobreexplotación de recursos renovables o no. Hablar de pesca en Venezuela es hablar de la identidad misma de la nación. Con más de 6.000 kilómetros de costa caribeña y atlántica, sumados a una red fluvial colosal liderada por el Orinoco y el Esequibo, con un porcentaje importante de la población ubicado en estas, el venezolano es un ser moldeado por el ritmo de las mareas y las crecidas.
El 14 de Marzo: Dignidad y Soberanía
En tal sentido, no se puede entender la importancia de este sector sin exaltar el Día del Pescador y la Pescadora Artesanal. Cada 14 de marzo, Venezuela celebra no solo un oficio, sino un acto de resistencia y soberanía para quien día a día sale a poner en riesgo la vida en una de las cinco profesiones más peligrosas del mundo. Esta fecha conmemora el decreto presidencial de 2009 que prohibió la pesca de arrastre industrial en aguas territoriales, una práctica que durante décadas devastó los fondos marinos y la biodiversidad costera, que para los venezolanos representa el mayor activo “económico” para generar riquezas a nuestro pueblo e independencia verdadera.
Ese día se rinde tributo al hombre y la mujer que, con el sol sobre los hombros y el salitre en la piel, custodian la seguridad alimentaria del país, cosa que se ha evidenciado en los momentos más difíciles de la República. El pescador artesanal es el primer biólogo empírico; conoce los ciclos de luna, las corrientes y las épocas de veda naturales. Su cultura es un patrimonio vivo que incluye desde la carpintería de ribera, pasando por la gastronomía ancestral, procesamientos con insumos de la zona, formas de preservar alimentos hasta otros tipos de arte. Exaltar este día es reconocer que la pesca es el cimiento sobre el cual se debe construir cualquier modelo de desarrollo acuícola robusto y económicamente atractivo. Sin el pescador, no hay conocimiento y acceso al recurso autóctono; sin el recurso, no hay acuicultura posible y esta actividad es la única herramienta efectiva para proteger la biodiversidad, que en Venezuela es inmensa, y hacer sustentable la pesca para las generaciones futuras.
Pero más allá y sobre la situación actual que vivimos, es el iniciador para la construcción de una gran industria del sector que beneficie a esa gran cantidad de personas que salen a faenar, la población venezolana en general e inclusive mundial. Ya que, en países con menos bondades climáticas, de diversidad biológica, capacidad humana y tiempo de producción, esta representa aproximadamente 10 mil millones de dólares que, en estos momentos de graves agresiones económicas sobre el petróleo, otros recursos estratégicos y militares sería un aliciente importante para la patria. Para entender las posibilidades de desarrollo del sector hay que entender como hasta el momento hemos visto y concebido el progreso de esta potencial gran industria venezolana.
El Conflicto entre la Norma y la Necesidad
Durante décadas, las políticas de gestión pesquera a nivel global y nacional se han cimentado sobre tres pilares restrictivos: las vedas temporales, las zonas de exclusión (Áreas Protegidas) y las cuotas de captura. La lógica detrás de estas medidas es aparentemente impecable: si dejamos de extraer una especie durante su periodo reproductivo o cerramos un área al esfuerzo pesquero, la biomasa se recuperará por inercia biológica.
Sin embargo, la realidad empírica en las costas de América Latina y el mundo cuenta una historia distinta. La prohibición, cuando se aplica de forma aislada y sin una matriz de producción alterna que supla de productos, así como la actividad económica inherente, suele degenerar en un «efecto rebote» que incentiva la pesca ilegal, distorsiona los mercados y sumerge a las comunidades costeras en ciclos de pobreza extrema. Prohibir la extracción sin ofrecer una alternativa productiva es solo un paliativo que ignora la realidad más crítica: el hambre y la necesidad de sustento económico. Es imposible ver la pesca y la acuicultura como mundos ajenos; separarlas es un error estructural que impide un desarrollo armónico y verdaderamente fuerte para nuestra gente.
La Paradoja de la Prohibición: ¿Incentivo de la Escasez?
Uno de los principios fundamentales de la economía y la “mano mágica del mercado” es que la restricción de la oferta, manteniendo una demanda constante o creciente, dispara el valor del bien en el mercado, donde siempre se va a requerir más recurso por el crecimiento poblacional y la necesidad errónea de generar más recursos económicos para su acumulación y no la distribución justa. En el sector pesquero, esto genera una dinámica peligrosa ya que estas especies cumplen funciones biológicas importantes dentro de los sistemas ecológicos y algunos sistemas económicos. Cuando se instaura una veda sobre una especie de alto valor comercial/ecológico (como la langosta, pepino de mar, pavón o sardina), el producto desaparece de los canales legales, pero en la psiquis del consumidor permanece activa generando necesidad de consumo (por dinero y alimentación). Como en el caso de la sardina, producto de alta demanda, el cual es la materia prima de la producción animal en Venezuela, pues de ella depende la elaboración de harina de pescado, principal insumo del alimento balanceado de animales de cría y especie que es alimento de por lo menos 25 especies de interés comercial, se sigue explotando en época de restricción a pesar del inmenso esfuerzo de los administradores del recurso por hacer cumplir las normas, ya que no se puede estar en todos lados a toda hora para hacer cumplir la ley en un territorio tan vasto con tantos puertos de desembarque muchas veces intermitentes.
Esta «escasez inducida» eleva los precios y la presión sobre la especie a niveles “irresistiblemente atractivos” para nuestros pescadores en épocas de elevadas distorsiones económicas, lo que convierte a la especie protegida en un «botín» extremadamente lucrativo para la pesca ilegal. El pescador artesanal, que se encuentra de manos atadas por la ley y sin ingresos alternativos, se enfrenta a un dilema moral y de supervivencia. La prohibición no elimina el consumo; simplemente lo desplaza hacia la clandestinidad. Al no haber una fuente alterna de alimento como la que proveería la acuicultura, la presión sobre el recurso silvestre durante la veda puede llegar a ser incluso más agresivo para el recurso y los sistemas ecológicos donde se encuentra, así como desordenada, ya que se realiza sin controles, tallas mínimas de captura, desarrollo sexual adecuado para seguir con la reproducción ni reportes estadísticos o biológicos.
El Fallo Biológico: ¿Es suficiente el tiempo de veda?
La veda asume que la naturaleza tiene una capacidad de resiliencia infinita y biológicamente rápida, sin tomar en cuenta otros factores que afectan el bienestar biológico de una especie más allá de la extracción, como las acciones antropogénicas inherentes al soporte de la actividad humana. Se cree que cerrar la pesca por dos o tres meses compensará diez meses de extracción intensiva, aunado a que la dinámica biológica es inmensamente activa por la adaptabilidad como método de supervivencia y las leyes o regulaciones son estáticas dependientes de razonamientos económicos y sociales a corto plazo por los decisores de turno. Este es un error de cálculo biológico profundo por varias razones:
- Degradación del Hábitat: Si el ecosistema (manglares, humedales, arrecifes, piedras, praderas de thalassia u otras) está degradado por el cambio climático o la contaminación directa, la veda no sirve de nada. Una especie no puede reproducirse con éxito en un hogar destruido, por mucho que se prohíba su captura y esta se cumpla. Las especies dependen del “Éxito Reproductivo”, para que una veda sea efectiva, el animal no solo necesita «no ser pescado», necesita condiciones óptimas para el desove y el reclutamiento de larvas. Si el sustrato está cubierto por otro organismo por eutrofización (exceso de nutrientes/aguas servidas), presencia de especies exóticas u otros, las larvas no tienen dónde fijarse o resguardarse en su ciclo de vida más sensible para asegurar la máxima sobrevivencia. La veda resulta en una medida pasiva y debemos ser diligentes en la protección; si el hábitat está degradado se requiere una gestión activa: restauración de corales, reforestación de manglares, acciones que se logran con acuicultura, viéndola desde un punto de vista holístico, con más apertura de especies que solo las de interés comercial, ya que muchas veces la acuicultura de repoblación es costosa y con poca efectividad para desarrollar organismos que alcancen la reproducción para asegurar la continuidad de la especie. Sin un hogar funcional, la veda es simplemente observar cómo una especie desaparece «legalmente» por falta de condiciones vitales.
- Captura Incidental: Las zonas de veda para una especie «A» a menudo permiten la pesca de una especie «B». Sin embargo, los métodos de pesca no son quirúrgicos, la veda suele ser mono-específica, pero la pesca es rara vez selectiva con casos muy particulares como el arte de pesca llamada potera para los pulpos. La captura accidental sigue mermando a la especie protegida mientras se busca legalmente otra. Para que esta veda en áreas determinadas sea “verdaderamente” efectiva, esta debería ser espacial (cerrar zonas completas de biodiversidad) y no solo temporal/específica, para evitar que la pesca «legal» de unos destruya la recuperación de otros, pero sabemos que esto es socioeconómica y políticamente imposible.
- Desbalance Trófico: Al proteger solo a las especies objetivo se alteran las cadenas alimenticias. Sin un manejo integral que incluya el cultivo, la veda es solo un reloj de arena que se detiene momentáneamente pero no regenera la arena perdida. Si establecemos una veda para un depredador (como ciertos tiburones o meros grandes) pero permitimos la sobrepesca de sus presas, el depredador protegido morirá de hambre o no tendrá energía para reproducirse. Por el contrario, si protegemos a la presa, pero el ecosistema perdió a sus depredadores, la población de presas puede crecer de forma desmedida, agotar sus propios recursos y colapsar masivamente.
La veda suele diseñarse bajo un pensamiento económico: «Dejemos que crezcan para que en tres meses haya más que vender». La biología, en cambio, exige un pensamiento sistémico: «Aseguremos que el sistema sea lo suficientemente sano para que la especie pueda existir perpetuamente, independientemente de si la pescamos o no».
El Impacto Económico.
Para un servidor público o un legislador, decretar una veda es un acto administrativo de una firma y algunas reuniones técnicas. Para el pescador artesanal, es un decreto de inactividad forzada. El impacto económico se desglosa en dos niveles de gravedad:
1. La Interrupción del Flujo de Caja para los pescadores.
El pescador en la actualidad vive del ingreso diario, cosa que se debe tratar de modificar para ajustarse a la época actual y nuevas realidades, así esté muy arraigado en la psiquis cultural de estos hombre y mujeres. A diferencia de otras industrias, no tiene un salario fijo. La veda corta el flujo de ingresos de tajo, aunque con vedas establecidas desde hace varios años se debería estar preparado. Al no estar preparados, esto obliga a las familias pescadoras a recurrir a préstamos usureros, normalmente a las personas que les compran sus productos (caveros, procesadores) para sobrevivir los meses de prohibición, generando una deuda externa interna que los encadena de por vida, afectando sus ingresos pues los compradores establecen en algunos casos precios, tallas, demanda, días de trabajo y otros.
2. El Costo de Vigilancia
Mantener una veda es extremadamente costoso y en algunos casos poco efectivo para el Estado. Se requieren barcos y vehículos por la particular geografía venezolana, así como combustible, personal calificado y tecnología satelital (si la usáramos para tal fin) para vigilar miles de kilómetros cuadrados. Las vedas y todas estas acciones de protección deben ser acompañadas, además, por un gran esfuerzo educativo, informativo y comunicacional para entrar en la conciencia de nuestros pescadores, pero más allá, de los operadores que intervienen en las otras actividades conexas a la pesca pues son los que por razones económicas ejercen presión para irrespetar estos períodos de protección a las especies objetivo. En algunos países donde la industria pesquera/acuícola aporta de manera importante al producto interno bruto (PIB), el costo de «prohibir» suele ser muy parecido al presupuesto invertido en «producir». Viéndolo desde una postura simplista, es una inversión “negativa”: se gasta dinero para evitar que la gente trabaje y genere producto, cuando esta inversión pudiera ser más efectiva si se direccionara con sentido práctico productivo a la acuicultura, con esto no quiero decir que las vedas y otras acciones restrictivas sean el problema de nuestras pesquerías, solo que deben ser acompañadas para que su efectividad sea realmente positiva y beneficiosa para la construcción de la industria que muchos soñamos.
Por qué la Protección de Zonas es un Arma de Doble Filo
Las Áreas Protegidas de «No Take» (No extracción) suelen desplazar el esfuerzo pesquero a las zonas adyacentes, como ocurre en nuestro majestuoso río Orinoco albergue de una inmensa biodiversidad, esto se conoce como el «efecto frontera». Al cerrar un área tradicional de pesca, los pescadores se agolpan en los límites del área protegida, creando una sobreexplotación extrema en las fronteras. El resultado es un pequeño oasis de biodiversidad rodeado de un desierto biológico. Sin un modelo de acuicultura perimetral que actúe como zona de amortiguamiento y provea alimento con una actividad económica asociada, el área protegida se convierte en un foco de conflicto social y violencia entre pescadores, autoridades y comunidades.
La Solución: De la Prohibición Estéril a la Producción Soberana
La conclusión lógica tras evaluar el fracaso de las prohibiciones es que no se puede proteger lo que no se sustituye, expreso fracaso por la veda, zonas de protección, cuota de captura y otra medidas, porque mientras no se pueda incrementar producción, establecer una industria que genere riquezas y que esta actividad sea atractiva económicamente para que más personas la practiquen incorporando más dividendos a la Republica, solo estamos subsistiendo y no construyendo una verdadera Industria del sector pesquero/acuícola para beneficio de los pobladores de nuestra amada tierra y las personas que arriesgan la vida y hacen la actividad por amor e identidad. La veda y otros métodos restrictivos solo serán eficientes cuando el mercado y el consumidor tengan una alternativa real.
La Interrelación Indisoluble: Pesca como Matriz, Acuicultura como Futuro
La relación entre la pesca y la acuicultura es simbiótica y evolutiva. Históricamente, el ser humano ha sido un extractor (pescador), pero la crisis de biodiversidad y el agotamiento de los caladeros naturales nos obligan a transitar hacia la producción controlada (acuicultor).
La Pesca como Proveedora de Vida
La pesca es el método de extracción fundamental para identificar y capturar las especies con potencial de cultivo. Es en el medio silvestre donde reside la biblioteca genética de Venezuela. El pescador identifica las cepas de algas, peces, moluscos y crustáceos más resistentes y adaptadas a nuestras condiciones locales. Sin esta extracción con moral y luces inicial, como nos indicara nuestro padre Libertador, la acuicultura carecería de materia prima biológica. La pesca suministra los reproductores, el conocimiento del nicho trófico y los parámetros ambientales necesarios para replicar la vida en ambientes controlados.
La Acuicultura como Alivio Ecosistémico
Por otro lado, la acuicultura se presenta como la red de seguridad de la pesca. Al producir de manera sostenible especies de alto consumo o valor biológico, la acuicultura alivia la presión sobre las poblaciones silvestres, entendiendo que no todas las especies objetivo de captura son benevolentes a desarrollarse en paquetes tecnológicos. Esto permite que los océanos y ríos tengan períodos de recuperación real, evitando el colapso de las especies objetivo. Es el paso definitivo del hombre «cazador-recolector» al hombre «multiplicador de peces», como lo hiciera nuestro salvador Jesucristo, cambio de paradigma necesario para la supervivencia de nuestra especie en el siglo XXI.
El Desafío del Antropoceno: Espacio, Población y Alimento
El ser humano ha sido el principal agente de cambio geológico y biológico, causando extinciones masivas y fragmentación de hábitats. Con un crecimiento poblacional de 200.000 individuos por año, la superficie terrestre ha llegado a su límite de tolerancia. La agricultura y ganadería tradicional ocupan áreas que antes eran bosques y selvas, emitiendo ingentes cantidades de Gases de Efecto Invernadero (GEI).
Aquí es donde la geografía del planeta dicta la solución. Si dos tercios de la Tierra están cubiertos de agua, es irracional seguir forzando la producción de proteína exclusivamente en el sustrato terrestre, sobre todo por lo adverso al ambiente en ese ciclo no virtuoso de eliminación de cobertura importante para la amortiguación de las otras actividades humanas. La acuicultura permite redireccionar los procesos productivos al medio acuático, optimizando el espacio de una manera que la tierra jamás podría igualar. Mientras la ganadería es bidimensional, la acuicultura es tridimensional: utiliza la superficie, la columna de agua y el bento (fondo), permitiendo una densidad de producción por metro cuadrado infinitamente superior.
La Acuicultura TOTAL: Eficiencia Energética y Tecnología Limpia
Uno de los puntos más críticos y explícitos de este modelo es la eficiencia energética con la finalidad de romper ciclos no beneficiosos para la Pachamama. La quema de combustibles fósiles es el motor del cambio climático, y la producción de alimentos es uno de sus principales consumidores.
El Ahorro Energético del 50%
La acuicultura tecnificada y adaptada a nuestras realidades ecológicas puede requerir hasta un 50% menos de energía fósil por unidad de peso de proteína producida en comparación con la ganadería intensiva, trascendental para nosotros como país productor de energía y uno de los países con las mayores reservas de petróleo, pero finitas al final. Esto por el Soporte Físico y Densidad Corporal, la cual a diferencia de los animales terrestres que deben luchar contra la gravedad y gastar energía en estructuras óseas pesadas y mantenimiento térmico (endotermos), los peces y organismos acuáticos tienen una densidad corporal similar a la del agua. Esto reduce drásticamente el gasto energético en movimiento y soporte. La Ectotermia, donde la mayoría de las especies acuícolas no gastan energía alimenticia en generar calor corporal, lo que se traduce en un índice de conversión de alimento (ICA) mucho más eficiente. Y la Acuicultura Multitrófica Integrada (IMTA); este concepto de «Acuicultura TOTAL» permite que el residuo de un proceso (ej. excreciones de peces) sean el insumo de otro (ej. fertilizante para algas o alimento para moluscos filtradores). Es economía circular aplicada a la biología. Es importante acotar, que se ha demostrado científicamente lo inviable que ha resultado el monocultivo tanto para la especie objeto genética, ecológica y económicamente hablando.
Al disminuir la inversión energética para obtener proteína de alta calidad, la acuicultura se valida no solo como un sistema productivo, sino como una tecnología de mitigación climática. Menos combustible quemado para producir un kilo de alimento significa una contribución directa a la reducción de la huella de carbono global y protección de los sistemas ecológicos donde se realiza la pesca.
Ventajas Socioeconómicas y Soberanía Alimentaria
La implementación de la acuicultura a gran escala en Venezuela ofrece beneficios económicamente atractivos que garantizan su sostenibilidad en el tiempo. No se trata solo de ecología; se trata de una bioeconomía rentable, en las circunstancias que vivimos en este siglo, si una actividad no es atractiva económicamente no se practica.
- Diversificación de la Economía: Permite romper con la dependencia rentista petrolera, generando empleo especializado en zonas rurales y costeras.
- Resiliencia ante el Cambio Climático: Los sistemas acuícolas controlados son menos vulnerables a las sequías extremas que diezman las cosechas terrestres y el ganado.
- Seguridad Nutricional: El pescado, algas, equinodermos, holotureos, moluscos y otros son una fuente de ácidos grasos omega-3 y proteínas esenciales que son vitales para el desarrollo cognitivo y físico de la población, así como a la producción de bioinsumos.
La acuicultura con especies autóctonas responsable y multitrófica, contrastada con las prácticas extractivas industriales, ofrece un modelo donde el respeto por la biodiversidad se convierte en el principal activo económico. Al proteger el ecosistema, aseguramos la materia prima del futuro.
Conclusión: Hacia una Nueva Cultura de la Abundancia
La especie humana enfrenta su mayor reto: sobrevivir a su propio éxito demográfico. La transición hacia el sustrato acuático no es una opción, es un destino inevitable, donde nuestros pescadores, por ser los pobladores de las zonas de “batalla”, son los guerreros que nos van a llevar a esa gloriosa victoria, ya que son ellos nuestros soldados de élite altamente capacitados con fuego infinito de Patria flameando en sus corazones y almas. Venezuela, con su inmensa biblioteca genética y su tradición pesquera, tiene la oportunidad de liderar esta necesaria transformación.
La interrelación entre la pesca y la acuicultura es el puente que nos llevará de una economía de explotación a una economía de regeneración. Al honrar al pescador artesanal cada 14 de marzo, honramos a todas las personas que con conocimiento empírico y en la actualidad formal hacen posible la transición a la ciencia acuícola. Al implementar la Acuicultura TOTAL, estamos utilizando material de alto valor genético (que tomó millones de años sintetizar por la naturaleza), la inteligencia técnica para reducir nuestra huella ecológica y asegurar que las generaciones futuras tengan acceso a los recursos vitales.
Nuestro mar y nuestros ríos no son solo paisajes maravillosos; son nuestra mayor biofábrica. El río no es solo agua que corre; es el flujo de energía que puede alimentar a un país entero. La acuicultura es, en última instancia, el compromiso de la humanidad de producir vida en lugar de solo extraerla. Es nuestra garantía para que el equilibrio de este planeta se mantenga firme durante los próximos 4.000 millones de años.