Por Felix M. Roque Rivero
El 16 de febrero es su cumpleaños, creo que Jorge nace unos meses después de mí, en el año 1942 sí, él era menor, yo soy del 27 de agosto de 1941; él era más muchachito y muy delgadito. Así inició el maestro y Doctor en Ciencias Administrativas Alberto César Duque Duque la evocación de sus recuerdos de la Escuela Gervasio Rubio ubicada en el municipio Junín, capital Rubio del estado Táchira, donde compartió estudios con Jorge Antonio Rodríguez. Nos habíamos convocado en su residencia de San Cristóbal, gracias a la iniciativa del Dr. Luis Hernández Contreras, Cronista de la ciudad para hablar de Jorge Antonio Rodríguez padre, con quien compartió los cuatro años de estudio en la Escuela Normal Gervasio Rubio, graduándose ambos de Maestros en la promoción 1955-1959 y que llevó por nombre “J. A. Ramón Valecillos”. El Dr. Duque, nacido en las montañas de Seboruco, de amabilidad extrema, de mirada profunda y lucidez envidiable, nos habló del Maestro de Carora y, al hacerlo, su emoción era rocío de cariño y de amistad contenida por aquel muchacho delgadito al cual vio desarrollarse en aquellas aulas gervasianas.
CÓMO ERA JORGE
Jorge –refiere el Maestro Duque- era un muchacho de estatura más o menos mediana, yo era pequeñito, pero siguiéndolo. Pero él era como de un metro setenta de estatura, por ahí andaba él, pero delgado muy delgado. Recuerdo muy bien cuando llegamos a la Escuela en el año 1955, él andaba con el grupo de los guaros. Los guaros son los larenses, él era de los guaros. Había nacido en Carora, y en vez de nosotros llamarlo Jorge Rodríguez, le pusimos el remoquete de “Carorita”. Así se quedó hasta el final del curso y creo que de su vida también. Para todo “gervasiano” de aquella época, hablar de Jorge, recordarlo, es referirse a “Carorita”. Su nombre quedó prácticamente borrado y en “La Gervasio”, aquel muchacho que llegó de trece años y unos meses, fue desplegando sus habilidades y su punzante y brillante inteligencia, bajo aquel remoquete que, de manera amistosa y cariñosa, servía para ubicarle y llamarlo. A lo que él respondía siempre con amabilidad. Entonces, para todos los gervasianos, él era “Carorita”. A “Carorita” lo apreciaba todo el mundo, porque era muy inteligente. Él participó junto conmigo durante cuatro años, de la sección “A”. Primero, segundo, tercero, cuarto año, fuimos alumnos, integrantes de la sección “A”. Esa sección estaba conformada como por 30 o 40 estudiantes. “Carorita” era el que más sobresalía. Él no necesitaba estudiar mucho. Cuando salíamos a estudiar la materia, a nosotros nos obligaban, a las seis de la mañana, con aquel frío y aún oscuro, nos levantaban, a las ocho estábamos en clase, salíamos a las doce, almorzábamos, descansábamos un rato, entrabamos a las dos, salíamos a las cuatro, venían las horas deportivas, luego de descanso, pasábamos en el casino un rato, jugando juegos de mesa, o caminando.
JORGE ERA TACITURNO Y REBELDE
Las muchachas, las compañeras de la sección femenina, andaban con nosotros en todo eso. Mediodía, por ejemplo, ellas a su residencia, descansaban, regresaban, pero a las dos de la tarde estaban en clase con nosotros. Salían a las cuatro de la tarde y las que tenían actividad se quedaban y las que no se iban. Jorge, en esa época, era un muchacho, no tenía características de rebeldía política, sino de rebeldía personal, familiar. Cuando él se molestaba, hasta lloraba de la rabia que le daba. No reaccionaba a pelear, sino que se ponía fúrico y hasta lloraba. Entonces, por eso nosotros le decíamos “muchacho llorón”. Pero a medida que fue transcurriendo el tiempo y ganó confianza entre el grupo, él fue cambiando su actitud y se hizo sociable. Allá a todos nosotros nos obligaban a bailar. En el casino, las muchachas iban en momentos especiales, se hacían fiestas, por ejemplo, carnaval. Yo no quería salir de allá porque resulta que nos divertimos más allá que aquí. Que yo sepa, no conocí que Jorge aprendiera a bailar. En la época de diciembre, en el carnaval, en la época de mayo, con las personas en la villa, se hacían ciertos actos, y entre esas había fiestas. Era verdad que había una orquesta llamada “Los Diablos del Ritmo”, donde estaba el que luego llegó a ser “el monumental de la gaita”, Ricardo Aguirre, que también se graduó de maestro en La Gervasio.
NUESTRA VIDA ESTUDIANTIL EN LA GERVASIO
Nosotros entrabamos a clases en octubre. Todos llegábamos en la primera semana de octubre para ingresar a la escuela. Pero llegaban unos representantes de toda América, desde Canadá hasta la Patagonia. Eran muy notables los canadienses, los mexicanos, los cubanos, los panameños, argentinos, uruguayos, brasileros. Eso se llamaban los estudiantes del Centro Interamericano de Educación Rural (CIER). Nosotros éramos estudiantes de la Escuela Normal Experimental de Educación Rural. No éramos anexos al CIER, pero el CIER funcionaba en otras instalaciones, y la Escuela Normal en otras instalaciones. Todo eso hoy forma la UPEL. En el CIER eran maestros o directivos de escuela que llegaban a especializarse ahí. Becados por la Organización de Estados Americanos (OEA). Eso fue en la época en que gobernaba Marcos Evangelista Pérez Jiménez. Recuerdo muy bien que todos nosotros, a manera de broma, cuando terminábamos de almorzar o cenar, decíamos gracias a Pérez Jiménez que nos dio la beca para esto. Y en verdad, pues, nosotros no sentimos sino un sentimiento de agradecimiento. ¿A cuánto alcanzaba la beca? ¿Cuánto era? No, no, no teníamos un monto en metálico sino la residencia, alimentación, vestimenta, sentirnos seguros, estudiar para ser maestros. Los sábados, a los que nos portábamos bien y no teníamos quejas, nos daban un fuerte de plata que era cinco bolívares. Pero el que se portara mal, lo sancionaban, lo castigaban, le llenaban un reporte y lo enviaban a la dirección. El reporte significaba que perdían la salida del sábado y el domingo, y al perder la salida, perdían el fuerte. Entonces nos teníamos que portar todos bien para recibir ese fuerte. Pero prácticamente eran pocos los que se quedaban, eran pocos. Y sobre todo los más sobresalientes en disciplina, o en rendimiento, y allí nunca faltaba Jorge, el más sobresaliente de todos nosotros. Nosotros salíamos a Rubio los fines de semana a distraernos. De esos cinco bolívares nosotros guardábamos dos bolívares. Un bolívar para el sábado y un bolívar para el domingo para ir al cine. ¿Por qué? Porque las muchachas iban al cine. Y entonces averiguábamos a qué teatro iban a llevar a las muchachas esa noche. Entonces nos avisaban, miren, vamos a ir al cine. Uno era el cine Sucre y el otro el teatro Cadenas. El caso es que a ellas les apartaban diez o veinte puestos porque eran las que iban. Y a nosotros, pues apenas nos avisaban, nosotros nos íbamos a enfilar allá para ir a comprar las entradas primero.
UN ESTUDIANTE BRILLANTE Y BONDADOSO, HUMILDE
En la época de los exámenes, resulta que Jorge era la primera nota que se recibía. Sabíamos que la primera nota era de Jorge. Dicen que era de veinte, no sé si era hasta cien. Creo que era hasta cien. Entonces él estaba en ochenta, noventa, siempre andaba de primero. Sin lugar a dudas, “Carorita” era el más brillante de la sección “A”. Pero él se despreocupaba. Todo lo absorbía con una facilidad increíble, por eso todos querían estudiar con él para absorber de él todo lo que se pudiera aprender. Para no estar estudiando mucho entonces él nos informaba, nos mantenía al día. Sus resúmenes eran nuestra guía a la hora de estudiar para los exámenes. Recuerdo muy bien que en el caso de las vacaciones, nos daban el valor del pasaje. Cada quien salía para su pueblo. Carorita se despedía de nosotros y partía para Barquisimeto y de allí para Carora donde vivía su señora madre Eloína.
Jorge gustaba de andar siempre con todos sus amigos en la escuela. Era muy amigo del maestro Juan Bernardo Pernalete Camacaro. Él era prácticamente el padre de Jorge. Porque Juan Pernalete era fornido y alto y defendía a Jorge, que era bajito mediano y además era de la misma tendencia política socialdemócrata a la cual se había adscrito “Carorita”; Pernalete se sentía como si fuera el padre de Jorge. Entonces estaban siempre juntos.
MILITANTE DE LA JUVENTUD DE AD.
Jorge y yo, nos inscribimos en A.D. Recuerdo que quien nos firmó el carnet fue Carlos Andrés Pérez, que era el Secretario Seccional de aquí del Táchira. Carorita se destacó de inmediato como político, pese a su joven edad, al punto que cuando vino Rómulo Betancourt a Rubio como candidato presidencial en 1958, acompañado por Gumersindo Rodríguez, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Jorge, en representación de la juventud del partido, se mandó tremendo discurso, muy fogoso que hasta el mismo Betancourt lo aplaudió mucho, convirtiéndose prácticamente en dirigente nacional.
¿CÓMO ERA JORGE COMO COMPAÑERO DE CLASE?
Carorita era un alumno excelente. Era una persona aparte de reconocida, muy estimada. Los mismos profesores, cuando querían tener una oportunidad de ayudar a los estudiantes buscaban a Jorge para que les comprendiera, lo cual hacía con mucha facilidad. Porque él era muy claro y además compartía sus conocimientos. A tal grado era su claridad mental que los profesores conversaban con él, prácticamente no le daban clases, conversaban con él sobre los temas de clase y eso le bastaba a él para comprender la materia y luego en los exámenes, como ya se ha dicho, las máximas notas eran las de “Carorita”. Pero él era muy sincero y muy sencillo. Él no discutía. Ahora, ¿cómo es eso que siendo él así nunca aprendió a bailar? Ah, bueno, en el internado nosotros, en el sector masculino, venía gente, de toda Venezuela. Los centrales, caraqueños, colombianos, hondureños, todos ellos prácticamente tenían la habilidad del baile. Porque las fiestas en Caracas eran excelentes. En la época de Pérez Jiménez, los desfiles y las fiestas eran fastuosas y venían orquestas de todo el mundo. Entonces, ahí aprendían los ritmos del día. “En el Ávila era cosa” era el slogan de moda.
NO LE GUSTABAN LOS DEPORTES, NUNCA APRENDIÓ A BAILAR
Nosotros en la Escuela Gervasio teníamos un sitio que se llamaba el casino. Ahí vendíamos refrescos. En el casino nosotros teníamos un espacio amplio, un salón grande, teníamos un billar, mesa de ping-pong, espacio y mesa para jugar damas, dominó. De todo eso teníamos ahí. Teníamos una cantina en la cual vendíamos refrescos, galletas, caramelos, chuchería. Al salir, a las 4 de la tarde abrían el casino y nosotros nos íbamos allá. Generalmente las muchachas de esa hora se iban a sus residencias estudiantiles. Nosotros aprovechábamos esas 3 horas para ir a jugar ping-pong, jugar billar. Jorge, aunque nos acompañaba, casi nunca participaba de los juegos. En ninguno de ellos se destacó. Jorge no era deportista. No le gustaba el deporte para nada. Al menos los 4 años que yo estuve con él allá. Jugaba algo de voleibol más que nada. A él no le gustaba jugar nada. No se destacaba en nada de deporte. En los paseos por el río Carapo, a veces nos acompañaba, pero nunca se metía al agua. Salíamos a pasear por todas las haciendas y Jorge prefería quedarse en el dormitorio leyendo. No le gustaba nada de deporte. No practicó ningún deporte. Tal vez el destino de “Carorita” estaba para otros asuntos. Lo invitábamos y a él no le gustaba eso. Él se divertía era leyendo libros o paseando, caminando y visitando el pueblo, conversando o discutiendo con las personas. Pero que participara en alguna actividad deportiva, no lo recuerdo. Tampoco le conocí novias. Era muy reservado. Pero yo sabía que salía al pueblo y se divertía por allá, si en alguna parte tenía alguna actividad social, no lo sé. Teníamos un compañero de San Sebastián de los Reyes, estado Aragua, que le llamábamos “El Camión” y otro que le llamábamos “El Curita” que eran muy dinámicos y bailarines. El “Camión” me enseñó a mí a bailar y entonces le ofreció su arte a Jorge para enseñarlo y no quiso. Su técnica de baile era simple: marcando cuatro pasos en el piso entonces se colocaba un pie aquí y el otro en este lugar, se avanzaba un pie y el otro lo seguía y así el ritmo iba fluyendo. Jorge nos miraba practicar, se sonreía a carcajadas, pero jamás se atrevió a practicar. Por eso le digo que no lo vi aprender a bailar. Pero en ese periodo de cuatro años en la Escuela Gervasio, yo no lo vi bailar en ese lugar. Nosotros ingresamos en el año 1955 y salimos en el año 1959.
Bueno, además del casino, en la Escuela teníamos un conjunto orquestal excelente que lo llamaban “Los Diablos del Ritmo” ¿Quiénes participaron ahí que yo recuerdo? Cantante famoso Luis Eduardo Echezuría Ese fue cantante profesional y se presentaron en el Show de Renny por la televisión nacional. Luis Eduardo Echezuría, un cantante profesional también participó, lo vi yo, en el Show de Víctor Saume en varias ocasiones. Había otro llamado Pablo Lozada que lo llamaban “Brujería” Este otro Pernalete. Sí, Pernalete formó parte del grupo de “Los Diablos del Ritmo” imagínate tú como cantante Apareció otro que vive todavía en Caracas de apellido Sulbarán. Pero estaba el que después se convierte en el monumental de la gaita Ricardo Aguirre. Ricardo Aguirre no participaba como cantante en “Los Diablos del Ritmo”, Ricardo Aguirre, recuerdo muy bien, aprendió a tocar cuatro allá en La Escuela. Era normal verlo charrasqueando su cuatrico todos los días. Fue él quien nos enseñó la gaita de la “Cabra Mocha”, la que él cantaba siempre en los pasillos; en la época de octubre, noviembre y diciembre, ya él estaba entonando con gaitas practicando y con él Omar Gonzalo Pérez que luego sería un renombrado periodista que escribió en el diario La Nación en la sección de farándula y en el diario El Carabobeño. Ricardo Aguirre y Omar Gonzalo Pérez crearon una emisora interna en La Escuela que se alimentaba solo con las cornetas que habían colocado en los pasillos, en el comedor, en los dormitorios, en el casino y en otras áreas. pero el caso es que, a las cinco de la mañana, estaban ellos, sobre todo Omar de locutor levantándonos despertándonos y nos ponían entonces música y en la época de diciembre estaba Ricardo con sus gaitas en vivo. Jorge nunca estuvo en esa emisora Su vena artística era casi nula. Déjenme contarles algo de Jorge, ya dije que en La Gervasio había dos tipos de estudiantes: los docentes que venían del CIEF ¿verdad? que eso venían de todos los países a estudiar y especializarse en una profesión mayor como supervisor, como director ahí nos formaban y nosotros éramos maestros maestros normalistas, ellos no se instalaban con nosotros, ellos estaban aparte pero nosotros para integrarnos a ellos les teníamos que dar un espectáculo una presentación de bienvenida ¿Cuándo lo hacíamos? al final de octubre mediados de diciembre ¿En qué consistía? en preparar toda una gala artística donde les presentaban bailes típicos venezolanos; había un poeta que declamaba excelentemente de cuyo nombre me acordaré en otro momento, pero tenía una facilidad por la declamación y declamaba mucho en los poemas de Andrés Eloy Blanco y algunos de argentinos. Entonces, con ese tipo de personas y las personas que venían de los distintos estados estaban obligados a preparar un baile específico de sus regiones Jorge, con Juan Bernardo Pernalete y con Pablo López y otros muchachos y muchachas presentaron el baile del tamunangue, manifestación cultural típico del estado Lara y a “Carorita” lo pusieron como el combatiente con los palos y con machetes ahí sí se lució como todo un guaro, bailando el tamunangue, la puesta en escena artística de él fue excelente. Ricardo Aguirre luego se convirtió en la gran estrella del conjunto gaitero Cardenales del Éxito.
RETRATO HABLADO DE JORGE.
Don Alberto, ¿podría hacerme un retrato hablado de ese Jorge que usted conoció de 13 de 14 años, cómo era aquel guarito? A ver, vamos a decirle, Jorge era de pelo negro, delgado, cara redonda más o menos, cuerpo que si puede decir no muy atlético, pero tampoco era gordo ni nada de eso, si era largo, tenía piernas largas, lo llamamos patuleco por eso porque era de piernas largas pero no le gustaba correr ( físicamente estaba capacitado para danzar, caminar, correr, piernas pero no le gustaba; la única vez que yo lo vi jugando, algunas veces fue en voleibol, pero era tan malo que se caía; no lo vi jugando bolas criollas tampoco, es decir, a él no le gustaba el deporte pero sí quiero decirle que él tenía amistad con todo el mundo no se peleaba con nadie porque en esa época la política no existía para nosotros; recuerdo muy bien era muy bromista, sí, en realidad pues en su sociabilidad tenía facultades para conversar con las personas y entre esas conversaciones pues había chistes y bromas y de todo creo que fue en el 1955, 1956 cuando cayó Juan Domingo Perón de Argentina. Perón cayó en el 1956 y vino para acá para Caracas y los estudiantes argentinos de nuestra Escuela protestaron la presencia de Perón en Venezuela. En esa protesta por poco los expulsaron a todos ellos. Se salvaron porque la OEA los perdonó y les dijeron que no se metieran en cuestiones de carácter político, que el país era libre de recibir a quien quisiera. Jorge no estuvo en esa protesta porque nosotros no sabíamos nada de eso, desde el punto de vista político no sabíamos nada de política y vinimos a aprender en 1958, cuando cae Marcos Pérez Jiménez. Nosotros sabíamos y más que saber, intuíamos de la existencia de los problemas políticos, hasta el grado que comenzamos a maquinar la forma para luchar en La Escuela.
JORGE Y LA CAÍDA DE MARCOS PÉREZ JIMÉNEZ
Era el 22 de enero de 1958. Nosotros habíamos escuchado que habían paralizado las escuelas industriales de Caracas, la Universidad Central de Venezuela, la escuela normal Miguel Antonio Carro de Caracas, la de Carabobo, el liceo de Simón Bolívar y la escuela industrial de aquí de Táchira. Entonces nosotros no podíamos ser los últimos, no podíamos ser los únicos que estemos en clase. Esa es la única razón. Y entró la dirigencia política de AD, de URD, de COPEY, y decidimos suspender las actividades un día cualquiera. Y bueno, ¿y cómo vamos a paralizar la escuela? Bueno, cerremos la escuela, dijimos casi a coro, que no haya ningún aula abierta. ¿Y cómo? Robemos las llaves. Sí, sabíamos del cuartico donde tenían las llaves de todas las aulas, de todos los laboratorios, de todos los ambientes. Entonces, ¿quién se mete? Porque eran ventanas de romanilla. Bueno, abrimos la romanilla y el pequeño se mete, saca la llave, abre la puerta, sacamos la llave y la guardamos. Resulta que pequeños éramos como cinco o seis. Las romanillas eran pequeñas. Entonces, tenía que meterse completo y no tenía dónde sostenerse de afuera, al otro lado. Entonces, terminó siendo uno de Mérida, Juan Pedro Pizarro, que era delgadito y un poquito más alto que yo. Y esa era muy fácil, se agarró de una romanilla, se levantó y se dio a descolgar. Entró, abrió, sacamos las llaves, a cada grupito le dieron un manojo de determinadas llaves. “Carorita” estaba con nosotros allí, en aquel instante de “conspiración”. Cerramos la escuela el 22 de enero. Y nosotros estábamos, todo el mundo pensando qué va a pasar mañana. Nadie sabía que Pérez Jiménez iba a caer. Entonces, pensamos, ¿qué hacemos si la Seguridad Nacional nos llega a correr? No nos podemos enfrentar, no podemos hacer nada. Nos acostamos, pero como a las 2 de la madrugada, nos llega una profesora de apellido Mata, nuestra profesora de metodología. ¿Muchachos? Cuando ella entra, el dormitorio nuestro era largo. Al comienzo un pasillo de unos 20 o 30 metros, y después 3 cuartos de unos 3 metros de cada uno. Total, que era unos 70 o 80 metros de distancia. Tenía dos zonas de baño. Dos zonas de baño con su batería. Yo creo que habíamos alrededor de unos 300 alumnos por ahí más o menos. Nosotros estábamos dormidos cuando llegó la profesora y abrió la puerta del pasillo y pegó un grito. ¡Muchachos, párense! A nosotros nos obligaron a usar el pijama. Pero después del primer año, todo el mundo se acostumbró a usar ropa interior. Salimos todos del interior. Ella al principio se horrorizó, pero después… ¡Pónganse una cobija! Y, bueno, profesora ¿qué pasó? Que cayó Pérez Jiménez respondió ella. ¡Ah! no, la alegría nos contagió a todos y empezamos a gritar de alegría. Fue entonces que nos percatamos que todo estaba cerrado y salimos en cambote a buscar las llaves de donde las habíamos escondido y procedimos a abrir las puertas y los portones de La Escuela.
NOS GRADUAMOS DE MAESTROS
¿Cuándo se despide usted de Jorge? Nosotros nos graduamos el 15 de julio de 1959. La fiesta fue allá en Rubio, en un club social, nosotros celebramos una fiesta en conjunto, varones y hembras todos juntos, con sus familiares, cada quien invitó a sus familias; en el club pues, me imagino que la Escuela contrató las instalaciones, y cada quien con sus familias celebraba a su manera. No recuerdo realmente si la familia de Jorge acudió a la fiesta de graduación. Ahí ya prácticamente nos despedimos de “Carorita
ME REENCUENTRO CON “CARORITA” EN CARACAS.
Como en el año 72, 73 por ahí yo me fui para Caracas porque quería seguir estudiando. Aquí no había oportunidad de nada. Me inscribí en el Instituto Pedagógico de Caracas (UPEL). Jorge también se inscribe en la Central, en la Escuela de Humanidades. Sí, pero Jorge tenía una característica. Jorge era un gran líder. Líder estudiantil. Él se inscribió en la escuela. Duraba dos, tres años. Y después cambiaba de escuela. ¿Cuál era el objetivo? Mantenerse como estudiante. Para poder tener la opción de ser líder estudiantil. No lo dejaban, es decir, no se graduaba de nada. No se quería graduar. Y así lo vi yo como en psicología, creo que fue. En psicología, en economía.? En educación. Bueno, la primera vez que nos encontramos, por casualidad, que creo que fue en uno de los eventos para las ferias que se hacían en la época de lecciones estudiantiles. En uno de esos actos nos encontramos. Nos abrazamos, y nos saludamos, y hablamos, y charlamos, y nos recordamos la época. Qué bueno. Al tiempo, yo me gradué en Contaduría Pública, y él estaba estudiando. En una de esas oportunidades, nos encontramos en un pasillo en la Universidad Central, y me dijo: Duque, necesito un favor tuyo. A ver si puedo o no puedo, le respondí. A ver, si vas a poder, me respondió con amabilidad. Necesito salir de la universidad. ¿Y cuál es el impedimento?, le dije. Sal por una de las puertas enormes que tiene la Central. Me dice, no, no, no. Es que no pueden verme por ahí. Él estaba viviendo en una de las residencias estudiantiles. Entonces, me dice, si me ven, me cazan. Estamos siendo vigilados. Cuando apenas entra uno, avisan a la policía y la ven. Por eso es que, dentro de la universidad, yo me muevo como un pez en el agua. Pero fuera de la universidad, no puedo. Me cazan Duque. ¿Qué quieres, le pregunté? ¿Tienes carro, dijo él? Sí, tengo carro, le respondí. Yo tenía en aquella época un Ford Fairlane 500. Me propuso encontrarnos en un sitio, cerca del reloj de la Universidad. Allí, abres la maleta del carro, me meto allí, me sacas de la Central y me dejas por las inmediaciones del Nuevo Circo, debo tomar un autobús para ir a Mérida. Está bien, le dije, yo no tengo un problema. Y así, salí de clase una noche y nos encontramos en el lugar acordado. “Carorita” se metió en la maleta. Salimos por la puerta que da hacia la Plaza Venezuela. Tomamos por la Avenida Bolívar y lo dejé cerca del Nuevo Circo y sin despedirnos, cada quien siguió su camino. Al poco tiempo, unos meses, nos volvimos a encontrar y me repitió la solicitud. Así que lo hice uno, tres o cuatro veces. Porque daba casualidad que a Jorge le pasaba como los ladrones, que, si no estaban presos, lo andaban buscando. En la maleta. Varias veces lo saqué. Y no hubo ningún problema porque ni siquiera me paraba en ninguna parte.
ME ENTERO DEL ASESINATO DE “CARORITA”
Una vez, estando yo en la plaza Las Tres Gracias, una de las puertas de entrada y salida de la Universidad Central, estaba sentado, leyendo la prensa cuando me enteré como a las cuatro de la tarde que habían asesinado a Jorge. Era 26 de julio de 1976. Allí leí que lo habían torturado de manera salvaje, que le dieron golpes que le destruyeron el hígado, el páncreas. Llamé a varios compañeros gervacianos y bueno, nos reunimos y hasta le hicimos una oración en la iglesia. Jorge fue un buen compañero, el más inteligente y brillante de la Sección “A” de la Escuela Gervasio Rubio. Estudioso profundo. Lector voraz. Muy observador y atento. El método de investigación lo aprendió en La Gervasio y luego lo perfeccionó con su práctica política. De un comportamiento ético ejemplar. Me iré con el recuerdo de haber tratado a un ser humano intrépido y valiente.
Entrevista al Dr. Alberto César Duque Duque, compañero de colegio de Jorge Rodríguez

