Por Félix M. Roque Rivero
“Estamos viviendo tiempos salvajes. Es difícil para la gente de nuestra generación adaptarse a la nueva situación. Pero a través de esta revolución, nuestras vidas se purificarán y las cosas mejorarán para los jóvenes”. S. Semyonov, primavera de 1917
El profesor venezolano Franklin González, suele decir que Venezuela fue sentenciada por los EEUU desde el momento mismo que el Comandante Hugo R. Chávez Frías ganó las elecciones en 1998 y asumió el control del gobierno en 1999. Esa sentencia, como suelen decir los abogados expertos en derecho procesal, ha adquirido carácter de cosa juzgada. Han intentado de manera reiterada ejecutarla, pero no han podido, no podrán, aunque no han desistido de su empeño, a cualquier coste.
Durante casi treinta años, el pueblo venezolano vive en un escenario político que, sin duda, ha contrariado y perturbado a los viejos apellidos que durante más de doscientos años mantuvieron el control del aparato gubernamental. Aquellos “Amos del Valle” como los llamó el escritor Francisco Herrera Luque, lo controlaban todo desde sus fábricas, haciendas y butacas. Eran imperturbables. Ellos decidían quién gobernaba; nombraban a los ministros de la economía y el embajador ante USA, siembre era un intelectual formado en universidades gringas, con perfecto dominio del inglés, vinculado a las élites de Washington y, por supuesto, al empresariado petrolero de Texas. Venezuela era y lo continúa siendo, un emporio energético y perder su control es nefasto para los intereses imperiales de los EEUU y los mequetrefes que sirven a sus intereses. La gema de la corona, llaman a Venezuela. Sus inmensas riquezas, desde hace muchos años, están en la agenda del “Estado Profundo” muy bien definido, entre otros, por Noam Chomsky. El petróleo venezolano sirvió para alimentar a los buques y aviones durante la Segunda Guerra, tal como lo reconoció el General Isaías Medina Angarita, en su proclama ante el ataque nazi a la soberanía marítima de Venezuela, en fecha 18 de febrero de 1942. Dijo Medina en su proclama: “El 64% del combustible que alimenta los aviones de la Real Fuerza Aérea Británica nace en nuestras refinerías de Aruba y Curazao. Hoy, esa sangre petrolera se mezcla con la de nuestros marinos”.
Así fue durante más de cincuenta años. Leoninas concesiones petroleras fueron entregadas a las trasnacionales, sin que estas tuvieran que pagar impuestos ni regalías. Cuando ya sabían que se aproximaba un declive en la producción de crudos por la incontrolada extracción y explotación, idearon lo de la bendita “nacionalización chucuta”, como la llamó el Dr. Juan Pablo Pérez Alfonzo, uno de los creadores de La OPEP. Se trató de una operación fraudulenta: Venezuela recibió un armazón de chatarras, de gasoductos inservibles y taponeados y, por ello, debió cancelar un millonario bono de trasferencia en dólares. Así premiaba la oligarquía a sus amos imperiales. Todo era permitido por una estructura jurídica diseñada para castigar a los débiles y premiar a los fuertes. Desde los grandes bufetes se elaboraban las leyes energéticas, monetarias y fiscales que legalizaban los delitos contra la cosa pública. El tufo de la corrupción, era el perfume que limpiaba las culpas y expiaba las almas de los amos del valle.
El movimiento insurreccional del 4 de febrero de 1992 comenzó a remover aquel cuero seco que le servía de alfombra. Un grupo de jóvenes militares comandados por un desconocido Teniente Coronel llamado Hugo Chávez, intentó derrocar al gobierno de Carlos Andrés Pérez, carcomido por la corrupción y el entreguismo a los dictámenes de USA. Aunque el intento fue derrotado en lo militar, en lo político fue la señal que catapultó a aquellos militares que, al salir de prisión, unieron sus fuerzas a la población y como un huracán indetenible, llevó a Chávez a la conquista del poder en las elecciones de 1998.
Al asumir el gobierno en 1999, Chávez, anta la Asamblea Nacional Constituyente, en un incendiario discurso pronunciado el 5 de agosto de ese año, le propuso a su pueblo, las ideas fundamentales para una nueva república. Allí dijo que la Nación venezolana era el pueblo mismo, en permanente acción creadora y compartiendo un proyecto común de desarrollo hacia el futuro. Una nueva República irrevocablemente libre e independiente fundada en los valores éticos y morales, así como los valores de libertad, justicia, igualdad y paz internacional en la Doctrina de Simón Bolívar, El Libertador. Despertó Chávez a Bolívar y lo sacó de aquel sarcófago de plomo y de los altares perfumados y de las plazas tristes y lo puso a cabalgar de nuevo por las calles olvidadas de su pueblo. Regresó El Libertador a las cumbres de los andes y su espada invicta fue el relámpago convertido en llamarada ardiente libertando de nuevo los caminos de América Latina y del Caribe luminoso.
Una grave enfermedad (no del todo investigada), se llevó tempranamente al Comandante Chávez. La tristeza golpeó severamente al liderazgo bolivariano. Creyeron los otrora amos del valle y sus amos imperiales, que la señora muerte, como la llamó Saramago en su novela “Las intermitencias de la muerte”, había puesto fin a la utopía posible, al sueño chavista y, que ellos, podían regresar por sus fueros y poner a Venezuela otra vez de rodillas, como la mantuvo el puntofijismo betancurista-calderista. Jamás creyeron que el pueblo había despertado de aquella vieja pesadilla y que un nuevo sueño de independencia ocupaba sus mentes. Un heredero de Chávez llamado Nicolás Maduro Moros emergió de las filas populares y tomó el bastón de mando para impedir que el barco zozobrara. La profecía de Chávez pronunciada aquella noche fría y triste del 8 de diciembre de 2012, se ha venido cumpliendo. “…Si algo ocurriera, que me inhabilitará de alguna manera, Nicolás Maduro debe concluir como manda la constitución el periodo…en mi opinión firme y plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, en ese escenario que obligaría a convocar nuevas elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón”.
Así, conduciendo la nave en medio de la tempestad, Maduro y su equipo, obedeciendo y respetando el legado de Chávez, junto al pueblo, han logrado mantener a flote la esperanza creadora de hacer de Venezuela una República irrevocablemente libre y soberana. Ha sido una tarea ciclópea, un batallar constante y permanente. Mas de mil agresiones unilaterales injerencistas se han tenido que soportar, enfrentar y derrotar. Una oposición dominada por demonios, persiste en su accionar terrorista-criminal de derrocar a la Revolución Bolivariana. Arsenales de armas y dispositivos electrónicos de alto grado de explosión han sido decomisados por las fuerzas policiales gubernamentales. La unión popular-militar-policial-comunal ha sido la clave en las derrotas consecutivas que las fuerzas del oscurantismo opositor han sufrido. El chavismo y sus aliados del Gran Polo Patriótico se ha convertido en una fortaleza lectoral que asombra a propios y extraños. De unas 34 elecciones, ellos han ganado 32. Hoy controlan 23 gobernaciones de las 24 que existen. Todo el Poder Legislativo nacional y regional está en sus manos. De las 335 alcaldías, dominan 285. Ante ello, Maduro ha dicho que “no hay excusas para no hacerlo bien”. El naciente Poder Popular Comunal es hechura del chavismo. El flujo energético ha renacido de la mano del esfuerzo de los trabajadores petroleros y la producción diaria de crudo, pese al embargo, ya supera el millón de barriles diarios.
El despertar revolucionario del pueblo venezolano, parafraseando a Álvaro García Linera (Qué es una Revolución y otros ensayos. CLACSO, 2020), ha abierto un horizonte de posibilidades mucho más profundo, mucho más democrático, mucho más comunitario, es decir, socialista, al que no podemos renunciar, si no es a riesgo de una restauración conservadora en la que ni siquiera la memoria de los muertos estará a salvo. La esperanza real de este sueño, nunca debe perderse, ni por esta ni por las futuras generaciones.
Dr. Félix M. Roque Rivero. Roque.felix@gmail.com Táchira, agosto 17 de 2025.