Por Gustavo A. Quintero
Capítulo I
Patrimonio Genético de las Aguas Territoriales
En las aguas territoriales de Venezuela, que abarcan más de 500,000 Km2 de zona económica exclusiva con más de 6.000 kilómetros de línea de costa que se extiende entre el Caribe y el Atlántico, los tiburones no solo representan la cúspide de la cadena trófica, sino también un reservorio genético y bioquímico de valor incalculable más allá de lo económico. El país alberga áreas geográficas con una riqueza biológica excepcional, con una alta concentración de especies que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo, pero con un alto nivel de amenaza debido a que se ha afectado una parte importante de sus hábitats originales y su biomasa por la pesca, a pesar de tener restricciones la captura de algunas especies, amenazas significativas que debemos enfrentar dando opciones productivas y más atractivas desde el punto de vista económico. Estos organismos, que han sobrevivido a cinco extinciones masivas, no son solo reliquias evolutivas; son laboratorios bioquímicos vivientes que debemos aprovechar de manera sensata e inteligente. La transición de ver al tiburón como una fuente de proteína barata (el «cazón») a verlo como el pilar de una industria de bioinsumos de alta tecnología, es el salto cualitativo que Venezuela necesita para liderar la bioeconomía regional y global.
Históricamente los tiburones, así como muchas otras especies presentes en nuestras aguas territoriales, han sido vistas bajo una lente extractiva (carne y aletas), que representa económicamente hablando migajas ínfimas de un pastel mucho más grande y jugoso que no estamos aprovechando. La ciencia moderna y la bioeconomía proponen un cambio de paradigma: pasar del modelo de «pesca de subsistencia» a uno de «conservación para la innovación biotecnológica«, lo que representa en términos monetarios pasar de 500.000 dólares al año, cuando mucho, a 3.000 millones de dólares en ingresos para el país, con inversiones relativamente bajas y con una tasa de retorno importante a mediano plazo. El problema es de visión y desarrollo económico.
Importancia Ecológica y Biológica.
La «conservación para la innovación biotecnológica» brinda además salud para nuestro mar territorial y sistemas ecológicos aledaños, disminuyendo los pasivos ambientales de un país productor de petróleo. Esto tiene implicaciones también financieras, porque es tácito, bajo la dinámica económica actual donde la generación de dinero se ha hecho cotidiana para la vida y casi tan indispensable como el oxígeno, que si una actividad no es económicamente atractiva no se practica, entonces debemos comenzar a practicar la conservación como método eficaz para generar riquezas.
La biología de los tiburones es una obra maestra de la ingeniería natural, con información viva de hace más de 400 millones de años, donde podríamos encontrar, si buscamos con detenimiento, los secretos más trascendentales de la vida, evolución y la cura de enfermedades que nos afectan como humanidad. Además, cumplen tareas de suma importancia en los sistemas ecológicos venezolanos, los cuales se pueden desglosar en tres pilares fundamentales:
1. El Mantenimiento de la Heterogeneidad de Hábitats: En ecosistemas como el Archipiélago de Los Roques o el Parque Nacional Mochima, ambos afectados por especies exóticas como el pez león y la Unomia, los tiburones actúan como reguladores de comportamiento. Su sola presencia crea lo que los ecólogos llaman un «paisaje de miedo», esto evita que los herbívoros (como tortugas o peces loros) sobrepastoreen una sola área de pastos marinos o arrecifes, obligándolos a moverse constantemente. Este movimiento garantiza que la vegetación marina se recupere uniformemente, manteniendo la capacidad del océano para secuestrar carbono y proteger las costas de la erosión, combaten el cambio climático.
2. Control de Enfermedades y Vigor Genético: Los tiburones son los «médicos del mar». Al depredar preferentemente sobre individuos lentos, heridos o enfermos, detienen la propagación de epidemias en las poblaciones de peces óseos. En las aguas territoriales de Venezuela, donde la pesca es un motor económico, los tiburones aseguran que los bancos de peces comerciales mantengan una genética fuerte y saludable. Aunque las pesquerías, de manera directa o incidental, están afectando de manera agresiva un gran número de organismos que habitan en un delicado equilibrio, la producción acuícola como alternativa productiva, emerge para combatir estas afectaciones, para redireccionar el esfuerzo pesquero a la conservación sin perder el atractivo económico conservando el recurso.
3. Conectividad Biológica y Transporte de Nutrientes: Especies migratorias como el Tiburón Ballena (Rhincodon typus) o el Tiburón Oceánico (Carcharhinus longimanus) conectan las aguas ricas en nutrientes del Delta del Orinoco con el Caribe profundo. A través de sus desechos y sus ciclos reproductivos, transportan biomasa y minerales esenciales, fertilizando zonas que de otro modo serían desiertos biológicos, interviniendo en la salud de los ecosistemas marinos y costeros.
El Potencial Farmacéutico: Superando Enfermedades Crónicas
Venezuela cuenta con una de las mayores diversidades de elasmobranquios del Caribe, con aproximadamente 66 especies de tiburones registradas, una importante multiplicidad de posibilidades a desarrollar en el ámbito biotecnológico. Aquí es donde la biología para la conservación se encuentra con la medicina de vanguardia para generar recursos económicos de importancia para el país. Investigaciones internacionales y algunas nacionales han demostrado que los componentes derivados de los tiburones son fundamentales para tratar enfermedades de elevada mortalidad y de alto costo, pero lo subutilizamos en “comida para hoy”, con la posibilidad segura de “hambre para mañana”, por la dependencia a estos insumos si no llegáramos a producirlos en nuestra tierra amada, las posibilidades son infinitas e interesantes en el ámbito económico, ya que tenemos mano de obra altamente calificada, a través de nuestros biólogos (actores principales en el desarrollo de esta trama), especialistas e investigadores de muchos años de trabajo en diferentes áreas; así como la materia prima a disposición casi los 365 días del año para moldear las soluciones de los problemas de la sociedad y la actividad humana:
Anticuerpos VNAR y Terapias contra el Cáncer
Para entender el valor de los VNAR, primero hay que ver el tamaño del «pastel» donde podemos participar. En 2026, el mercado global de inmunoterapia contra el cáncer se estima en aproximadamente $150.000 millones de dólares, con proyecciones de superar los $400.000 millones para 2033, sin intención de colocarle precio a la vida humana, pero entendiendo que, si no producimos estos elementos, en algún momento para la protección de nuestros conciudadanos deberemos invertir en estos insumos, algo ilógico y aberrante a la inteligencia y economía venezolana. En jerga nativa, es como llevar chivos para Coro y pagarlos como huevas de lisa servidas en platos de oro en pico Bolívar. A diferencia de los humanos, los tiburones no se “enferman” y poseen los VNAR (Variable New Antigen Receptors), los cuales son fragmentos de anticuerpos extremadamente pequeños, estables al calor y a variaciones de pH. Este elemento se usa para diferentes tratamientos y posibilidades de cura:
- Tratamiento de Tumores Sólidos: Debido a su tamaño, los VNAR pueden penetrar profundamente en los tejidos tumorales, donde los anticuerpos monoclonales convencionales fallan. Se están utilizando para transportar fármacos citotóxicos directamente al núcleo de las células cancerígenas en tipos de cáncer agresivos como el de páncreas y pulmón.
- Neutralización de Virus: Se ha demostrado que estos anticuerpos pueden bloquear los sitios de unión de virus con alta tasa de mutación, ofreciendo una esperanza contra futuras pandemias.
Angiogénesis y Cartílago: El Mito y la Realidad Científica
Aunque el mito de que «los tiburones no contraen cáncer» es falso, sí poseen una resistencia extraordinaria. El cartílago de tiburón contiene proteínas que son inhibidoras de la angiogénesis (la formación de nuevos vasos sanguíneos que alimentan los tumores). En biotecnología farmacéutica, se están aislando estos compuestos para crear fármacos que «maten de hambre» a las células cancerosas y para tratar la degeneración macular en ancianos.
Péptidos Antimicrobianos (PAMs)
El mucus de la piel de especies venezolanas como el Tiburón Gata contiene péptidos que destruyen las membranas de bacterias multirresistentes, para este año 2026, el mercado global de Péptidos Antimicrobianos ha alcanzado una valoración aproximada de $7.000 millones de dólares/año. En un mundo donde los antibióticos están fallando, por resistencia al uso prolongado, estos bioinsumos “autóctonos” son la última línea de defensa contra supergérmenes que debemos desarrollar “sine qua non”, conservar estas especies no es opcional, es una obligación para mantener la vida en el planeta y nosotros los venezolanos somos los encargados de tamaña responsabilidad. Podemos hacerlo conservando y “ganado” una cantidad absurda de dinero.
Implicaciones Económicas y la Industria de Bioinsumos
La creación de una industria de bioinsumos en Venezuela basada en estas especies, sin dejar por fuera muchas otras de importancia económica y biológica solo presentes en nuestro territorio, transformarían la economía extractiva en una economía de conservación con desarrollo del conocimiento económico inmensamente atractivo para la inversión, que decantaría en independencia económica y diversificación de la producción, haciendo énfasis en el valor agregado y la trasformación, industrias poco desarrolladas en el país, con gran potencial y donde se orienta el mayor margen de ganancia. Para hacer una analogía, es como el petróleo, por cada barril vendido directamente a un precio aproximado de 95$ en la actualidad, se deja de ganar 2.500$ del proceso tecnificado, lo que representa un 2.600 % menos de su valor nominal; con la ventaja de los bioinsumos sobre el petróleo, que si se conservan y se multiplican (con acuicultura), se pueden usar indefinidamente, al combustible fósil le quedan aproximadamente 100 años de reservas en nuestra tierra, de tal manera, se deben buscar opciones tan atractivas como la explotación de hidrocarburos, es imperativo realizar el “crossover”.
Aplicando fuerza en los puntos de presión adecuados, se haría efectiva la sustitución de Importaciones de alto valor, de uso y consumo constante por la población. Venezuela, entre la empresa privada y pública, gastan entre 1.000 a 2.500 millones de dólares anualmente en medicamentos para enfermedades crónicas y otros 1.000 millones en bioinsumos para las industrias de diferentes tipos y rubros en general. Producir estos insumos locales como: colágeno marino de alta pureza, suplementos de omega-3 de grado farmacéutico, adyuvantes para vacunas entre otros; reduciría la salida de divisas, las cuales se podrían direccionar a un desarrollo tecnológico robusto con ganancias astronómicas para los venezolanos, las industrias que se involucren en desarrollar estas tecnologías, el estado y el cuido de la salud de los habitantes de esta tierra de gracia en el ahora y para siempre.
Otra posibilidad de importancia es el estudio genómico de las especies autóctonas lo que permitiría desarrollar secuencias de ADN para la producción de proteínas recombinantes en laboratorios, sin necesidad de sacrificar animales, con alta importancia económica, usando la acuicultura como punto de desarrollo de centros de cultivo de especies seleccionadas para la extracción controlada de biocompuestos, aprovechando su carne o consumo directo, si no se pudiera sustituir de la psiques del consumidor por estar muy arraigada a su ser, generando empleos técnicos calificados a nivel nacional.
Conservación: La Base de la Soberanía e Impulso Económico
No hay industria sin recurso, por esta razón tenemos ventajas sobre nuestros “competidores” y nuestra biodiversidad lo sostiene, somos el décimo país con mayor biodiversidad en el planeta. La conservación de los tiburones, como otras especies, en las aguas territoriales de Venezuela debe verse como un tema de Seguridad Nacional, Desarrollo Económico, Soberanía Alimentaria y de Salud Pública.
La transición hacia modelos donde el valor del tiburón vivo supere al del tiburón muerto debe hacerse de forma holística basado en el concepto de rendimiento económico perpetuo. Mientras que la pesca es una transacción de una sola vez, otras actividades (el ecoturismo y la investigación) generan flujos de ingresos recurrentes. El Valor Unitario Exponencial, en estudios internacionales, indican que un solo tiburón de arrecife vivo puede generar más de 150.000 $ anuales en ingresos por turismo (buceo, avistamiento, fotografía científica entre otras) durante sus 20 a 30 años de vida, con una cifra total de 3 millones en el trascurso de la vida de estos organismos. En contraste, ese mismo tiburón muerto en un mercado tiene un valor de desembarque que rara vez supera los $100 a $150 por su carne y aletas, una diferencia económica de 100.000%, sería una sandez entonces no conservar el recurso “si perseguimos el dinero”. Y si no contáramos con los ingresos necesarios para soportar el desarrollo de la industria biotecnológica por la guerra económica, las sanciones que pesan sobre Venezuela, el despilfarro de proyectos mal enfocados, la mala administración, los actos de corrupción u otros. Hay opciones viables que soporten esta inversión proveniente de la misma conservación. El ecoturismo en zonas como el Archipiélago de Los Roques o la costa de Sucre, si se aplicara de forma adecuada, requerirían guías certificados, capitanes, biólogos e investigadores, aunado a la economía que soporte a estas actividades, creando una cadena de valor que emplearía a familias locales de forma más estable que la pesca estacional y aleatoria impactando de manera agresiva el PIB del país. Un tiburón vivo es un donante constante de datos e insumos de alto valor biológico, ecológico y económico, si los dos primeros no importaran en un sistema donde se prioriza más el dinero que la naturaleza.
Cada especie presente en nuestro territorio posee un código genético único para producir anticuerpos de cadena única. Si se destruyen estas áreas de alto valor o se impacta la biomasa de estos organismos por pesca industrial, la pesca de arrastre artesanal («jala pa´tierra») o contaminación de forma irreversible, perdemos la capacidad de aislar moléculas específicas para tratar patógenos autóctonos o variantes de enfermedades crónicas. Para el desarrollo de la industria de bioinsumos no se necesita «matar» al animal en masa; se necesita acceso al recurso genético y reproducirlo de manera exitosa, bien sea de manera directa con acuicultura o con la conservación de espacios.
La conservación de los tiburones en Venezuela no es solo un acto romántico de protección ambiental o ecológico; es una decisión económica estratégica. Cada hectárea de nuestro mar territorial es un piso de fábrica de una importante industria de bioinsumos que aún no hemos terminado de construir, pero que tiene el potencial de superar en ingresos netos a muchas actividades tradicionales del país, incluso sobre el petróleo. El futuro de la lucha contra la hambruna por sobrepoblación humana, enfermedades de alta mortalidad, así como otras podrían estar nadando en nuestras costas. Entonces la conservación y protección de nuestros recursos es un tema económico, si no protegemos por amor a estos majestuosos animales, a la Pachamama o a nuestro hogar; que los explotadores de almas lo hagan por el recurso más preciado para ellos, EL DINERO.