Por Eleazar Mujica Sánchez[1]
“Ineficiente, costosísima la PDVSA de la IV República que vivió hasta hace pocos días. Ha muerto y más nunca debe revivir esa nefasta corporación que fue Petróleos de Venezuela, un verdadero engendro de lo que no debe ser nunca jamás una empresa del Estado nacional que debe estar siempre en función, repito, de los intereses supremos de la República.” Comandante Hugo Chávez, alocución durante la designación de la nueva Junta Directiva de PDVSA y nacimiento de la Nueva PDVSA, Palacio de Miraflores, 6 de marzo de 2003
Del Entreguismo Petrolero a la Política de Plena Soberanía Petrolera
La situación fiscal y del sector externo de la economía venezolana, al inicio del período de Caldera, no era tan crítica como la que se hizo evidente al comienzo del año 1999, justamente, cuando asciende Hugo Chávez a la primera magistratura del país. Chávez se encuentra con un país económicamente deprimido, socialmente desbastado y políticamente fragmentado, pero, lleno de esperanza y de mucha confianza en su liderazgo. En el terreno petrolero opera un descenso en nuestra principal variable económica: el petróleo, cuyo precio promedio, en 1998 para la cesta venezolana, había alcanzado la pírrica suma de US$ 10,50, llegando incluso en diciembre de aquel año, en pleno triunfo electoral, a US$.7, 5. En tanto que, para febrero de 1999 cuando asumió el poder, la cesta venezolana de exportación promediaba US$ 8,97 por barril, lo cual seguía siendo un precio muy bajo[1].
Si nos atenemos a la historia, de acuerdo con Mariano Picón Salas, extrapolando y guardando las diferencias, desde luego, podríamos encontrar una similitud entre la Revolución de Castro y la Revolución Bolivariana, toda vez que, Mariano Picón Salas en su extraordinario libro: Los días de Cipriano Castro, específicamente en el primer capítulo, Prólogo de un caudillo, subraya lo siguiente:
La situación del país entre 1897 —último año de la Presidencia de Crespo y 1899, año de la revolución de Castro— empeoraba catastróficamente. Los ingresos nacionales que fueron en 1896-97 de 48 millones trescientos trece mil bolívares bajaron a treinta y tres millones cuatrocientos veintinueve mil en 1897-98; suben a cuarenta del 98 al 99, para descender a veintisiete millones doscientos noventa y seis mil en el muy azaroso año del 99 al 1900, mientras cada hondonada de montaña o mata de sabana se torna campamento de guerreros ansiosos, de gentes nómadas, desgreñadas e insatisfechas, que salieron a buscar su destino. ([1953]1986, p.29)
El comandante Hugo Chávez, en 1999, exactamente cien años después de Castro, recibe un país, prácticamente quebrado por las políticas irresponsables de los gobiernos de la Cuarta república y de manera muy específica por el entreguismo de la “meritocracia petrolera” que privilegió a las transnacionales y a los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), como ya he indicado en anteriores entregas, en detrimento de la nación.
Grosso modo, ante aquel penoso cuadro, consecuencia, desde luego, de las malas políticas económicas de los gobiernos de la Cuarta República —incluidas las desproporciones del super ministro de Cordiplan, Teodoro Petkoff, ejecutor de la Agenda Venezuela o, más bien agenda neoliberal, de Rafael Caldera en su segundo gobierno (1994-1999) — Hugo Chávez, centra su política petrolera en tres objetivos medulares, en primer lugar, la recuperación de los precios y maximización de ingreso petrolero, revirtiendo para ello las políticas de Turbo Apertura Petrolera que privilegiaba volumen de producción en detrimento de los precios, sumado a la vulgar disminución de la fiscalidad petrolera, mediante la cuasi desaparición de la tasa de regalía, la disminución estrepitosa del Impuesto Sobre la Renta y, por si fuese poco la eliminación de los alores fiscales de exportación, así como la venta de nuestro petróleo con descuentos para los malos negocios de la Internacionalización, además, vendiendo el petróleo a precio de carbón, mediante el “ingenio” de la orimulsión; en segundo lugar, el fortalecimiento de la OPEP con el objeto de producir una mayor defensa del precio en el mercado petrolero internacional y, en tercer lugar, se plantea una renacionalización de PDVSA.
De hecho, se reivindicó el control del Estado sobre los recursos naturales y, además, se le otorgó rango constitucional a PDVSA. Todo ello, a través, fundamentalmente, de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, según lo contemplado en sus artículos 302 y 303.
Efectivamente, en el caso específico de la materia de hidrocarburos, los principios generales aparecen establecidos en el preámbulo de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y, más específicamente, en sus artículos 5, 11, 12, 113, 150, 151,156 – numerales 12 y 16- así, como en los artículos 209, 301, 302 y 303. En el conjunto de artículos citados, tiene relevancia lo relativo a la soberanía sobre los recursos de hidrocarburos, la declaración de interés público, la solución de dudas y controversias, la competencia del Poder Público Nacional, particularmente en lo que se refiere al régimen y administración de las minas e hidrocarburos.
A propósito, el presidente Hugo Chávez, en una alocución el 25 de marzo de 1999 en el Palacio de Miraflores, con motivo del anuncio de nuevas medidas económicas, subrayó lo siguiente:
En cuanto al sector energético, hemos comenzado a reestructurar Petróleos de Venezuela, con una visión estratégica. PDVSA hoy, podemos decir, ya no es una empresa anarquizada, que anda funcionando como si fuera República PDVSA, otra República, otro Estado. No, PDVSA está subordinada al Estado, al Gobierno, a través del Ministerio de Energía y Minas, ése es el canal. No puede estar PDVSA por encima del Ministerio de Energía y Minas o PDVSA endeudándose a su propio criterio (…)
Ahora la estamos reorientando como tiene que ser y ya se ha anunciado públicamente. Estamos dispuestos a impulsar el desarrollo de proyectos en la Faja Petrolífera del Orinoco. Ahí hay un gran potencial y contarán con todo nuestro apoyo. Ojalá que del mundo entero vengan misiones a estos sectores a incorporarse”.
A pesar de sus afirmaciones tanto Hugo Chávez como su primer ministro designado para Energía y Minas, Alí Rodríguez, sabían que dentro de PDVSA habitaba un reducto de cultura y proyecto político trasnacional que jamás comulgaría con el proyecto político de la Revolución Bolivariana. La cultura de aquella gerencia, en verdad, nunca tuvo a nuestro Libertador, Simón Bolívar como referente y, por tanto, nunca se llegó a reivindicar como táctica una Diplomacia Petrolera que apuntara hacia la unidad e integración energética, por ejemplo, en nuestra región.
Ciertamente, la racionalidad corporativista que guiaba a PDVSA en nombre de los valores de las trasnacionales impidió decididamente que el petróleo venezolano pudiera utilizarse para contribuir a satisfacer la demanda en la región, esto explica el por qué Brasil[2], por ejemplo, el mayor consumidor en nuestra América del Sur y, además, vecino nuestro, tuviese que importar volúmenes complementarios desde África y Medio Oriente para honrar su demanda interna, cuando podía realizarlo a un menor costo desde nuestro país.
Resultaba lógico, en la concepción de aquella dupla Ministerio de Energía y Minas-PDVSA conseguirse con esto, pues, desde el anfictiónico Congreso de Panamá en junio de 1826, ya era más que evidente con la Doctrina Monroe (1823) —esta consideraba a América Latina como área para influencia de EEUU— la intención manifiesta por parte de EEUU en detrimento de la unidad de nuestros pueblos, sencillamente dividirnos para ellos facilitar su viejo anhelo de hegemonizar una unidad económica y política de todo el continente[3].
Por ello, no es casual que, el Libertador Simón Bolívar en carta dirigida al general Pedro Briceño Méndez, en fecha 2 de agosto de 1826, le expresara “yo pienso que mejor sería para la América adoptar el Corán que el gobierno de los Estados Unidos”. Es evidente que, el bolivarianismo como sintagma en nuestra América y en los términos que lo reivindicamos dentro de nuestra Política Exterior y en el marco de nuestra Revolución Bolivariana, resumen al mismo tiempo las tensiones y conflictos con el imperio de los Estados Unidos.
En todo caso, la dupla Ministerio-PDVSA se prestaron diligentemente para que no se concretara ni siquiera una unidad energética entre los gobiernos afines a la cosmovisión neoliberal en la región, de modo que pensar en que se pudiese integrar a Cuba, era un hecho impensable y excepcional, desde todo punto de vista. Como consecuencia, se terminaba debilitando la posición de Venezuela y, por supuesto, de América Latina y el Caribe en el mercado petrolero internacional. La razón de ser de PDVSA y sus planes era la seguridad energética de Estados Unidos. Adicionalmente, PDVSA entonces marchaba al mejor estilo corporativista de una trasnacional petrolera, prefiriendo pagar impuestos en el exterior bajo la lógica de inversión en ella misma ante que generar dividendos para el país.
Lo trágico de todo esto es que la consolidación de toda aquella racionalidad corporativista trajo como consecuencia que, durante los primeros años de la Revolución Bolivariana, las juntas directivas que se sucedieron desde 1999, tras la salida de Luis Giusti, quien renunció, antes de ser sustituido por Roberto Mandini en febrero de 1999, quien estuvo en la presidencia de PDVSA por apenas seis meses, hasta agosto de ese mismo año. Mandini —a diferencia de Luis Giusti que era un gerente formado en la Shell-Maraven— respondía a la Exxon, pues siempre se formó en la Creole y luego con la “nacionalización” en Lagoven, para el momento de su designación, en febrero de 1999, se encontraba como vicepresidente de Citgo en EEUU.
Seguidamente, en agosto de 1999, Mandini tras serios conflictos con miembros de la Junta Directiva que había sido designada en febrero por el presidente Chávez, decide renunciar y, en su lugar, el presidente Chávez designa a Héctor Chavaldini quien estará en ese cargo hasta octubre de 2000, como se recordará su salida es consecuencia de su derrota ante una huelga de aproximadamente cuatro días que llevan a cabo los petroleros, liderados principalmente por el apátrida y delincuente Carlos Ortega, presidente de Fedepetrol, por una nueva contratación petrolera. En el futuro inmediato, Ortega, a pesar de haber perdido las elecciones sindicales ante Rafael Rosales en el 2001, sacó provecho político de aquella victoria laboral en el 2000 ante Chavaldini, toda vez que terminará conquistando la presidencia de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y convirtiéndose en uno de los principales voceros del terrorismo político que se perpetró en aquellos días aciagos de “paros” y sabotaje petrolero. Importante, subrayar que Ortega, constituyó con Carlos Fernández, presidente de Fedecámaras y Juan Fernández, uno de los voceros principales de “Gente de Petróleo”, una suerte de lo que ahora en esta nueva fase de agresiones por la visceral oposición radical y transnacional, se conoce como “comanditos”, agregaría, del terror.
En verdad, esta junta: empresarial, “sindical” y petrolera, se hacían todas las tardes con el auspicio de las cadenas privadas de televisión para ridiculizarse ante el país, llamando a tocar cacerolas “hasta que el tirano de Miraflores —refiriéndose al presidente Chávez — se vaya”. No había, como tampoco lo tienen ahora sus sectores opositores más apátridas, un proyecto político nacional. En respuesta a aquellas pretensiones, el pueblo sabio, sin abandonar las calles en defensa de la Revolución Bolivariana, a los pocos días, creó la consigna: “Que toquen, que toque cacerolas para tumbar a Chávez tienen que echarle bola”.
Pese a que la sustitución de Chavaldini se hace con el general de Brigada (Ej.) Guaicaipuro Lameda, pensando que este por su condición de supuesto militar patriota y, además, compañero de academia del presidente Chávez, podría ponerle un freno a las pretensiones y desviaciones de la vieja PDVSA y garantizar el tránsito hacia una PDVSA más alineada con el proyecto bolivariano. Paradójicamente, el resultado no pudo ser peor. Lameda, termino siendo un furibundo defensor de la cultura corporativista de PDVSA y con ella se cobijó e hizo de un propagandístico, pero sin sustento perfil gerencial petrolero, sin saber lo más mínimo de petróleo y, peor aún sin el menor compromiso político.
En efecto, Lameda sorprendió al país, oponiéndose al paquete de las 49 leyes que, mediante la segunda Ley Habilitante[4] otorgada al presidente Hugo Chávez, resultaron promulgadas en noviembre de 2001 y que entran en vigencia desde el 1 de enero de 2002, entre ellas se destacaban, fundamentalmente, la actual ley Orgánica de Hidrocarburos—reformada el 4 de agosto de 2006—, la Ley de Pesca y Acuicultura, y la Ley de Tierra y Desarrollo Rural. En verdad, Lameda, asumió una actitud anti-Estado, a pesar de haber formado parte, en su condición de presidente de PDVSA de la Comisión Presidencial que tendría por tarea recopilar y hacer un análisis a partir de las observaciones que pudieran surgir del anteproyecto de ley de Hidrocarburos, presentado. Un hecho curioso es que antes de su salida de PDVSA, Lameda, manifestó su inconformidad con el suministro de crudo a la citada isla, por la supuesta falta de pago (incumplimiento del contrato) (Véase diario El Universal, en su Edición del 22/02/02).
Desde luego, todo esto obliga a la salida de Lameda de la Presidencia y a ser sustituido en febrero de 2002 por Gastón Parra Luzardo, quien estuvo desde el 12 de febrero hasta el 12 de abril de 2002 en el cargo. Se trata de la gestión más corta al frente de la empresa y, al mismo tiempo sirvió de provocación a la “meritocracia” petrolera. Al respecto, veamos lo que señala el presidente Chávez en su alocución del 6 de marzo de 2003 cuando expresa:
El año pasado más o menos por estos días instalábamos una nueva Junta Directiva para tratar de hacer esfuerzos en la búsqueda de la verdad en petróleos de Venezuela, aquella Junta que dirigió el eminente venezolano que es Gastón Parra Luzardo. La designación de aquella Junta aceleró los planes del golpe de Estado y pasamos por lo de abril y pasamos por lo de diciembre. (Subrayado nuestro)
Aunque la designación de Alí Rodríguez fue la gestión que más indignó a la “meritocracia”, por sus claros rasgos de cultura anticomunista y pitiyanqui, aunque ya Alí Rodríguez había estado al frente del Ministerio de Energía y Minas al iniciarse la Revolución Bolivariana. De hecho, es Alí Rodríguez a quien le toca enfrentar, bajo el Comando Petrolero de la Revolución con Chávez, al sabotaje petrolero y al resto del reducto de la “Gente del petróleo”.
Dentro de esta perspectiva debe precisarse que, aquella gerencia petrolera que impulsó y participó activamente en los planes transnacionales para el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, su primera actuación —al lado de la fatídica y breve dictadura de Pedro Carmona Estanga—, fue que se suspendiera el envío de petróleo a Cuba, bajo el lema de “ni una gota de petróleo más para Cuba”. Adicionalmente, plantearon, ese mismo día 12 de abril, la salida de Venezuela de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Adicionalmente, para asombro nuestra sociedad, e incluso para la comunidad internacional, resultó la forma grotesca, irracional, cobarde e inhumana en que procedieron contra la Embajada cubana en nuestra ciudad capital. Ciertamente, se le amenazó a parte de su cuerpo diplomático con quitarle la vida, luego de que violara su espacio, cortándole la luz, el agua y dañando sus vehículos y la fachada y estructura de la referida sede.
En el periodo de los gobiernos del Pacto de Puntofijo, ninguno de sus gobiernos le vendió oficialmente petróleo a Cuba[5], ni siquiera pudo Cuba salir beneficiada con el Acuerdo Energético de San José[6] que estuvo vigente entre 1980 y 2005. Fue necesario que llegara la Revolución Bolivariana para que, tras el Convenio Integral de Cooperación Cuba-Venezuela, celebrado en nuestro país, entre los presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro, hacia finales de octubre de 2000, apenas a un mes de celebrarse en Caracas la II Cumbre de la OPEP y con ella la Declaración de Caracas, contentiva de 20 puntos, para abrirse esa posibilidad, aunque no sin dificultades, pues la élite tecnocrática de PDVSA ponía cuantas trabas se les ocurría, por ejemplo, argumentar que los buques no tenían las debidas normas de seguridad, así como que no había la orden, en fin retardaban la orden y con ello la llegada del petróleo a Cuba.
Aquella gerencia de PDVSA depreciaba lo nacional, para ellos operaba la máxima de “is it made in … the best”, es decir, que lo importado era lo mejor y, en ese sentido, prefería importar café y no comprar el de producción nacional. Además, aunque no pudieron lograr la privatización de Diques y Astilleros Nacionales (Dianca), menospreciaron las capacidades productivas y técnicas de Dianca para construir tanqueros petroleros. En consecuencia, tuvo que ir Dianca al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) con las pruebas de que, si tenían en el país la capacidad y la materia prima, vale decir, el aluminio, el hierro y el acero, entre otros, para materializar estos transportes.
De manera tal que, el país comenzó a fabricar el acero marítimo, acero naval que se había dejado de producir para importarlo y hacer los barcos fuera del país. Ante ello, cobra importancia los artículos 12, 302 y 303 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, por considerar que es en ellos en donde se mide lo relativo a su propiedad, como también lo referente al destino y papel de PDVSA, pero también son de relevancia los artículos 18 y 30 de la actual Ley Orgánica de Hidrocarburos (LOH) promulgada en noviembre de 2001 y, posteriormente, reformada el 4 de agosto de 2006.
Para aquella gerencia apátrida, era obvio que los contenidos de los artículos 18 y 30 de la LOH, siempre le resultó incomoda, por lo que buscaron su derogación. Sabemos que los artículos 12, 302 y 303 de nuestra Constitución expresan la propiedad del Estado sobre todos los recursos naturales que se encuentran en el territorio venezolano, así como la prerrogativa del Estado de reservarse la actividad petrolera y otras industrias, pero, además, se arguye que, por razones de soberanía económica, política y de estrategia nacional el Estado conservará la totalidad de las acciones de PDVSA. Aunque, en ese artículo 303 la derecha endógena logró hacer de las suyas, pues se deja una rendija abierta a la posibilidad de que las empresas mixtas o filiales operativas que son las que producen petróleo, pudieran ser privadas.
Estas, entre otras incongruencias, es lo que motiva al presidente Hugo Chávez a proponer, ante el Poder Electoral, llevar a cabo un referéndum en torno a una reforma constitucional en 2007, el objetivo era enmendar 69 artículos de la Constitución de 1999. No obstante, la propuesta de enmienda fue rechazada apenas por dos puntos porcentuales, 51% contra 49%, vale decir, una diferencia pírrica.
Ahora, pero ¿qué le incomodaba de los artículos 18 y 30 de la LOH? Muy sencillo, el artículo 18, establece tácitamente lo siguiente: “El Ejecutivo Nacional adoptará medidas que propicien la formación de capital nacional para estimular la creación y consolidación de empresas operadoras, de servicios, de fabricación y suministro de bienes de origen nacional para las actividades previstas en este Decreto Ley. En tal sentido, el Estado, los entes y las empresas a que se refiere este Decreto Ley, deberán incorporar en sus procesos de contratación, la participación de empresas de capital nacional en condiciones tales que se asegure el uso óptimo y efectivo de bienes, servicios, recursos humanos y capital de origen venezolano”.
Mientras tanto, el artículo 30 de la LOH, expresa que: “El Ejecutivo Nacional, por órgano del Ministerio de Energía y Minas, ejercerá las funciones de inspección y fiscalización de las empresas petroleras estatales y sus filiales, tanto en el ámbito nacional como en el internacional y dictará los lineamientos y las políticas que deban cumplirse sobre las materias a que se refiere este Decreto Ley”.
Es evidente que esta gerencia, siempre de espalda al país, no se sentía parte del Proyecto Nacional. Ergo, su arrogancia los llevaba a despreciar el desarrollo de las fuerzas productivas del país, además, rechazaban cualquier posibilidad de fiscalización, pues, se sentía como un “Estado dentro del Estado”, pero, evidentemente sin patria, pues su proyecto se corresponde con la cosmovisión neoliberal. Por esa razón, hoy no solo cuestionan estos artículos sino, además, al artículo 22 de la LOH que contempla la participación para el Estado, mayor del cincuenta por ciento (50%) del capital social, en las empresas mixtas. Grosso modo, le resulta irritante a estos apátridas, la imposibilidad de que se pudiera privatizar a PDVSA.
Por cierto, el presidente Hugo Chávez, en pleno auge del sabotaje petrolero, en un evento celebrado con “La Clase Media en Positivo”, el 18 de diciembre de 2002, afirmó que “esa gente petrolera que durante años manejó la empresa que es de todos los venezolanos, ahora se ha quitado la máscara detrás de una supuesta meritocracia, se escondió, casi siempre un profundo sentimiento internacional y anti venezolano”. Esta era la “Gente del Petróleo” con Juan Fernández y Horacio Medina, entre otros, a la cabeza.
Otro elemento a considerar y que ponen en evidencia como aquella PDVSA además, no reivindicaba los derechos de sus trabajadores y de sus activos, es el hecho que en el 2002, luego del Golpe de Estado del 11 de abril de 2002 y previo al sabotaje petrolero que inició en diciembre de aquel año 2002, por primera vez en la historia petrolera venezolana se firmó la Convención Colectiva de Trabajo de la Industria Petrolera (2002-2004) celebrada entre PDVSA, petróleo y gas, S.A y las organizaciones sindicales Fedepetrol, Fetrahidrocarburos, Sintraip y los delegados electos por los trabajadores petroleros, esto vino a constituir, a juicio del presidente Hugo Chávez, en “un ejemplo de diálogo, de acuerdos y de convenios entre los sindicalistas verdaderos y la empresa” (Alocución del 5 de diciembre de 2002, con motivo del paro organizado por Fedecámaras, la CTV y la gerencia petrolera de PDVSA) , bajo el liderazgo entonces de Alí Rodríguez Araque.
Por cierto, la firma de esta convención petrolera evitó, en mi opinión que, la suerte de aquel “comandito”, constituido por Fedecámaras, sindicatos petroleros, principalmente Fedepetrol — liderado por Rafael Rosales, quien había derrotado a Ortega en las elecciones del año 2001— y la “Gente del Petróleo”, pudiesen obtener más plusvalía en el seno de los trabajadores petroleros, gasíferos y petroquímicos, cuando se inició el sabotaje, dado que ya no tendría lugar la reivindicación en términos de mejoras laborales, porque ya venía de celebrarse una Convención petrolera, que como ya señalé hasta el mismo presidente Hugo Chávez, miró como positiva. De hecho, esto hizo que Fedepetrol, la principal organización sindical de los trabajadores de la industria no se sumara al sabotaje por no encontrar en aquella manifestación justificación laboral alguna, por lo que se dejaba en evidencia que su intención era política.
La Revolución Bolivariana se Enrumba en el Desmontaje de los Esquemas lesivos de la Turbo Apertura Petrolera
Lo primero que se debe aclarar es que los desmontajes de los perversos esquemas de la Turbo Apertura Petrolera no se suceden ipso facto tras la llegada de la Revolución Bolivariana, aun cuando la naciente Revolución Bolivariana estaba consciente desde ante de su llegada al poder de las desproporciones de la mal llamada “meritocracia petrolera”. Efectivamente, ya en junio del año de 1996, Hugo Chávez, sin todavía asumir la vía electoral y una candidatura Presidencial, presentó ante el país la Agenda Alternativa Bolivariana(AAB) como respuesta a la Agenda Venezuela de Rafael Caldera. Allí están definido los dos modelos el de Caldera, en conjunto con el basurero histórico de la Cuarta República, apostando por la cosmovisión del neoliberalismo y el modelo de Hugo Chávez fungiendo como plataforma y propuesta alternativa, lo cual le permitió presentarse como el único candidato anti neoliberal. Ciertamente, Hugo Chávez, expone, en tal sentido, lo siguiente:
El enfoque fragmentario y simplificador de la Agenda Venezuela es, además, fundamentalista, al ser presentada como la única vía disponible, sin la posibilidad de que pueda haber por alguna recóndita dimensión del pensamiento otra modesta opción para los venezolanos. Es “el fin de la historia” de Fukuyama, tomando por asalto la tierra de Bolívar. Es la negación de la inteligencia misma. “Muera la inteligencia”, pareciera ser el lema central de la Agenda Venezuela.
Los bolivarianos, los revolucionarios, los patriotas, los nacionalistas nos negamos a aceptar y, mucho más, a seguir tales postulados. El fin de su vieja historia es para nosotros el comienzo de nuestra nueva historia. Es en medio de esta dinámica cuando surge la Agenda Alternativa Bolivariana, producto del estudio, del pensamiento, del trabajo y la experiencia de hombres y mujeres que hemos compro metido nuestra acción vital con una doble y formidable tarea: la muerte de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo. La AAB, Agenda Alternativa Bolivariana, rompe con el fundamento neoliberal, se rebela contra él; derriba los estrechos y negros muros de la visión unilateral, fragmentaria y reduccionista, para mirar en derredor y percibir la realidad en toda su magnitud, a través de un enfoque humanístico, integral, holístico y ecológico.
Por ello, la AAB comienza diciendo que el problema a solucionar no es meramente económico ni político ni social. Los abarca a todos ellos, es verdad. Pero va más allá de su conjunto. La forma de enfrentarlo, entonces, es a través de un poderoso ataque coordinado a lo largo de todo el frente. Atacar por partes implicaría la derrota, parte por parte.
Así, la estrategia bolivariana se plantea no solamente la reestructuración del Estado, sino de todo el sistema político, desde sus fundamentos filosóficos mismos hasta sus componentes y las relaciones que los regulan. Por esa razón, hablamos del proceso necesario de reconstitución o refundación del Poder Nacional en todas sus facetas, basado en la legitimidad y en la soberanía. El poder constituido no tiene, a estas alturas, la más mínima capacidad para hacerlo, por lo que habremos, necesariamente, de recurrir al Poder Constituyente, para ir hacia la instauración de la Quinta República: la República Bolivariana. (…)
Ante la ofensiva neoliberal, entonces, surge aquí y ahora un arma para la contraofensiva total.
Se comprenderá que nuestra agenda es alternativa porque presenta no sólo una opción opuesta a la del actual gobierno transnacionalizado; sino que va mucho más allá, pues pretende constituirse en el puente por donde transitaremos hacia el territorio de la utopía concreta, el sueño posible. Es decir, la AAB ofrece una salida y echa las bases del Proyecto de transición Bolivariano. Aquella, en el corto plazo, y este, en el mediano, serán los motores para el despegue hacia el Proyecto Nacional Simón Bolívar, cuyos objetivos se ubican a largo plazo.
Y es bolivariana no solamente por ubicarse en esta perspectiva del futuro nacional a construir, porque también enfoca la realidad internacional y se inscribe en el nuevo despertar continental que levanta esperanzas de justicia, igualdad y libertad desde México hasta Argentina. Al decir de Simón Bolívar: “Para nosotros, la patria es América” ([1996 ]2014, pp. 22-24)
En aquella Agenda de Chávez existe no solo un diagnóstico que, entre los ejes del problema, considera a la Apertura petrolera y privatizaciones, sino que hay una propuesta también petrolera para el país. Sin dudas:
El “modelo adeco” irrumpió el 18 de octubre de 1945; echó sus bases en el trienio 45-48, para ser desplazado durante una década y reaparecer en 1958, en la caída del gobierno del general Marcos Pérez Jiménez. Ahora sí había venido para quedarse. Desde entonces, el nefasto modelo pisó el acelerador al proceso de sustitución de importaciones, profundizando el rentismo petrolero y la dependencia, sobre un pacto político cupular-partidista al que se conoce como “Pacto de Punto Fijo”, reforzado desde ese momento por el calderismo copeyano, cómplice, a pesar de su papel de actor de reparto, en el festín. (Ibidem, p. 18) (Subrayado nuestro)
Por otra parte, cuando se refiere al punto de la Política Petrolera, señala lo siguiente:
La AAB parte de la premisa de que la base productiva fundamental del modelo de acumulación y desarrollo de Venezuela seguirá siendo, al menos para las primeras décadas del próximo siglo, el petróleo. Sin embargo, la historia reciente del país y su trágica situación actual indican claramente que la simple producción de energía fósil y su comercialización en forma de crudos y/o refinados no solamente han frenado la posibilidad del desarrollo nacional; sino que han sido las bases de un esquema de explotación cuyos logros más importantes fueron profundizar la dependencia y el colonialismo. Por ello, la AAB se propone, en un corto plazo, transformar esas bases coloniales en verdaderos ejes de industrialización, desarrollo e independencia. Es necesario, entonces, revertir el proceso de desnacionalización de la industria petrolera, impulsado vigorosamente por las cúpulas políticas y eco nómicas aliadas con las empresas transnacionales, a través de la mal llamada “apertura petrolera”. En tal sentido, hemos diseñado la fase inicial de una nueva política energética, ubicada en una verdadera perspectiva estratégica: LA Internalización Petrolera Este proceso se asienta sobre los siguientes ejes de acción:
Propiedad y control de la industria en manos del Estado y de la nación venezolana. Industrialización “hacia abajo”: gasificación y petroquímica. tecnificación “desde adentro”: ciencia y tecnología propias.
Y como medidas urgentes y prioritarias, con la finalidad de colocar la industria petrolera en función de los intereses de la nación y a tono con la gravísima situación económica y social, la internacionalización petrolera prevé, a corto plazo:
Reducción del nivel de costos de Pdvsa, en 15% sobre el costo de producción por barril. Esta racionalización del costo no influiría para nada en la productividad de la empresa y significaría un ahorro aproximado de 500 millones de dólares al año.
Incremento en 10% del aporte fiscal de Pdvsa al fisco nacional, por vía de la restitución parcial del valor fiscal de exportación. Esta exigencia impositiva (justificada plenamente, dada la profunda crisis fiscal) aportaría al fisco nacional un monto aproximado a los 1.500 millones de dólares al año.
Redimensionamiento del plan de inversiones de Pdvsa. Ante la gran incertidumbre del futuro del negocio petrolero y ante la gran certidumbre del presente catastrófico nacional, se impone la revisión total y la reestructuración a fondo del plan petrolero, según el cual Pdvsa aspira, entre los años 1996 y 2005, llevar la producción de 3.2 a 5.7 millones de barriles diarios, con una inversión astronómica de 60 mil millones de dólares, de la cual, 50% está previsto sea hecho directamente por la misma industria (30 mil millones de dólares). Es decir, Pdvsa deberá invertir tres mil millones anualmente, para llevar adelante el plan.
El redimensionamiento del plan puede hacerse de dos maneras:
Reducir en 20% el nivel de inversiones previstas, lo cual equivaldría a un monto de 600 millones de dólares al año. • Llevar el lapso de tiempo estimado desde diez hasta quince años, manteniendo el mismo nivel de inversiones, con lo que la inyección anual descendería de 3.000 a 2.000 millones de dólares.
En resumen, estas medidas de racionalización del gasto, los costos, los aportes y los planes de Pdvsa generarían, a corto plazo, un total aproximado de 2.600 a 3.000 millones de dólares anuales, con los cuales se financiaría, en parte, el modelo de desarrollo expresado en la Agenda Alternativa Bolivariana. (Ibidem, pp.33-36)
Posteriormente, tras resultar electo presidente el 6 de diciembre de 1998 y tomar posesión formalmente el 2 de febrero de 1999, Hugo Chávez, retomó todo aquel planteamiento petrolero de la Agenda Alternativa Bolivariana en la instrumentación y materialización de la Asamblea Nacional Constituyente, cuyas leyes habilitantes y revolucionarias, a pesar de ciertos gazapos en los contenidos petroleros como ocurrió con el artículo 303 de nuestra Constitución, terminaron generando las violencia golpista de los sectores más reaccionarios, retrógrados y conservadores que se abrazaban con la “meritocracia petrolera”.
Pese a todo ello la Revolución Bolivariana estuvo siempre amenazada por la quinta columna de la “meritocracia petrolera” que llegó a poner a un presidente de PDVSA (Guaicaipuro Lameda) en contra de la política petrolera del mismo presidente Chávez quien lo había designado para tales responsabilidades. Por ello no es casual que esta “meritocracia petrolera” participara activamente en el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 y luego en el sabotaje petrolero de diciembre de 2002 y hasta febrero de 2003. Por consiguiente, no resultó nada fácil el desmontaje de tan lesivos y entreguistas esquemas.
La Revolución Bolivariana en 1999 con su primer ministro designado para Energía y Minas, Alí Rodríguez Araque, en esa dirección se generan algunos hechos importantes, como, por ejemplo, se da la revisión sobre los Convenios de Regalía existente con PDVSA, detectándose irregularidades diversas en una docena de contratos de las rondas de Convenios Operativos para reactivación de campos marginales. Igualmente, exigió que se excluyera aquellos precios de transferencia con descuentos a la hora de calcularse los precios de liquidación de la regalía. Además, promueve una alianza con México y Arabia Saudita en disminuir volúmenes de producción para contribuir en la recuperación del precio del petróleo. Esta propuesta fue apoyada también por Rusia y Noruega, dando resultados positivos que continuaron en el año 2000. Al mismo tiempo, comienza a trabajar arduamente en la convocatoria de la II Cumbre de la OPEP, la cual tuvo lugar en nuestro país entre el 26 y 28 de septiembre de 2000. También, se definió una estrategia de un amplio programa de incursión comercial para los productos derivados del petróleo en América Latina, con base en la marca PDV.
Seguidamente, en 2000, tras de haberse promulgado la Ley Orgánica de Hidrocarburos Gaseosos (LOHG) mediante la primera Ley Habilitante el 23 de septiembre de 1999, se logró elevar a partir de 2000 la regalía al 20% como mínimo; y en 2001, siendo ministro de Energía y Mina, el Dr. Álvaro Silva Calderón, en la nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos, promulgada en noviembre de ese año, bajo la segunda Ley Habilitantes y con puesta en marcha a partir del 1 de enero de 2002, se estableció como tasa usual de regalía del 30%.
Asimismo, en septiembre de 2004, —ya luego de la superación del golpe de Estado del 11 de abril de 2002, sabotaje petrolero perpetrado entre diciembre de 2002-febrero de 2003 y triunfo en el referéndum revocatorio de agosto de 2004― se pone en acción una decisiva Política Petrolera de Plena Soberanía, el Gobierno Bolivariano pone fin a la vulgar y retrograda tasa de regalía del 1% y aunque en ese primer momento no se le aplicó la tasa de regalía del 30% que establece la Ley Orgánica de Hidrocarburos de 2001, se le impuso la tasa de Regalía de la Ley del 43 con la cual se establecieron aquellas Asociaciones Estratégicas de la Faja, también se eliminó la tasa variable en los Convenios de Asociación para Exploración a Riesgo de Nuevas Áreas y la Exploración de Hidrocarburos bajo el Esquema de Ganancias Compartidas.
Sin dudas, dados los extraordinarios resultados financieros de estas Asociaciones Estratégicas de la Faja Petrolífera del Orinoco, que ya para el 2004 le permitieron cancelar una deuda cercana a los 9 mil millones de dólares, en apenas cuatro años ―recuérdese que estas como explicamos en la parte III entraron en acción entre 1999 y 2002 con su producción temprana y el mejoramiento de crudo― que le permitió a las casas matrices de estas compañías involucradas reflejar dividendos extraordinarios, el Gobierno Bolivariano, a través del Ministerio de Energía y Minas en aplicación del mismo artículo 41 de la Ley de 1943,utilizado para reducir la tasa de regalía al 1%, y dado que el mismo establecía en su segundo párrafo que “puede también el Ejecutivo Nacional elevar de nuevo el impuesto ya rebajado hasta restablecer en su monto original, cuando a su juicio hayan cesado las causas que motivaron la rebaja”. Por tanto, se autorizó el restablecimiento de la tasa de regalía al 16 2/3 que establece la Ley de 1943, así el presidente Chávez en septiembre de 2004 puso fin a esa tasa de 1%, restituyendo en estas Asociaciones Estratégicas de la Faja, el principio vulnerado de la propiedad del recurso y aumentando la recaudación fiscal en beneficio del soberano.
Al respecto, estas medidas plenamente justificadas desde el punto de vista legal y económico y, apegada al marco de la Plena Soberanía Petrolera, aunque fueron aceptadas por la mayoría de las compañías privadas, la ExxonMobil amenazó y actuó de hecho contra Venezuela con un arbitraje internacional. Desde luego, para la ExxonMobil era difícil aceptar todo esto, pues en la Cuarta República en el Marco de Condiciones de estas empresas, se establecieron clausulas lesivas al interés nacional, entre las cuales, se establecía como lo indique en la parte III de esta temática la minoría accionaria para PDVSA en nombre del Estado, aparte de dar una garantía de estabilidad “fiscal” para los 40 a 50 años que durarían (35 años desde el primer cargamento comercial de crudo mejorado, además de los años anteriores de desarrollo del proyecto y las posibles extensiones de otros cinco años en caso de aplicárseles cuotas OPEP[7]). Del mismo modo, la “meritocracia petrolera” incluyó absurdamente el arbitraje internacional. En esas cláusulas se sustentaron los arbitrajes de la ExxonMobil y la ConocoPhillips.
En cambio, nuestra Constitución y la LOH y tampoco en los nuevos contratos petroleros que se establecen con la migración hacia las empresas mixtas se reconoce o establece el arbitraje internacional, en el marco de la Revolución Bolivariana estos son aspectos que tienen que ver exclusivamente con decisiones soberanas.
A esto debe agregarse que, el 12 de abril de 2005, por instrucciones del comandante Chávez, el Ministerio de Energía y Minas emitió el instructivo respecto a los Convenios Operativos con el objetivo de evitar que PDVSA siguiera sufriendo pérdida y ordenando la migración de tales Convenios al marco de la nueva Ley vigente, es decir, la LOH puesta en marcha el 1 de enero de 2002. En consecuencia, hacia mayo de 2005, en términos económicos, todos los Convenios Operativos generaban ya una regalía del 30%, es decir, ajustada a la LOH de la Revolución Bolivariana.
Paralelo a ello, enmarcado en la Política de Plena Soberanía Petrolera impulsada por el Gobierno Bolivariano el 18 de agosto de 2005 se presentó al país el Plan Siembra Petrolera, en el cual se establecen las directrices que en esta materia desarrollará la industria petrolera venezolana hasta 2030[8]. Lamentablemente, por razones que ahora por espacio y para no desviar el tema no voy abordar, no se concretaron en su dimensionalidad y totalidad aquel Plan. Sin embargo, es justo aclarar que la Revolución Bolivariana va a constituir una nueva concepción sobre la Faja Petrolífera del Orinoco.
Posteriormente, se consolidó una regalía del 33,33% ―tras acordarse de que para las empresas mixtas que se establezcan, estas entregarán a la Nación como ventajas especiales, una participación como regalía adicional de 3,33%. La cual es distribuida de la siguiente manera: 2,22 % para los municipios que conforman el área delimitada y 1,11 % para un fondo dedicado a financiar proyectos de desarrollo endógeno―, un impuesto sobre la renta del 50%, así como la mayoría accionaria del Estado por lo menos con un 51%, tal como lo estable ce la Ley, y necesitando para ello de la aprobación de la soberana Asamblea Nacional. En suma, el Estado, ahora pasaba a obtener por cada barril producido, entre la regalía y el impuesto sobre la renta, como mínimo el 50% del valor de mercado.
Para ponerlo más gráfico en el marco de la Turbo Apertura Petrolera por cada 100 barriles que se extraían en la Faja Petrolífera del Orinoco, el Estado recibía tan solo 1 barril de petróleo, dado que el pago de la regalía, de acuerdo con la Ley se podía hacer en especie. De manera que, las trasnacionales se llevaban el 99% de nuestro petróleo y al Estado como propietario solo le dejaban el 1%, así fue hasta septiembre de 2004 cuando se ajusta como ya lo referí a 16 2/3 en virtud de la Ley del 43. Por tanto, no es cualquier cosa pasar de 1% al 33% solo en la tasa de regalía y haber subido desde un 34% a un 50% en lo que refiere el Impuesto Sobre la Renta. Con estos cambios han sido cientos de miles de millones de dólares que el Estado impidió que se fueran a las manos de las transnacionales y sus elites políticas.
Además, el artículo 5 de la actual LOH establece que “los ingresos que en razón de los hidrocarburos reciba la Nación propenderán a financiar la salud, la educación, la formación de fondos de estabilización macroeconómica y la inversión productiva, de manera que se logre una apropiada vinculación del petróleo con la economía nacional, todo ello en función del bienestar del pueblo”.[9] Obviamente, esto ha sido una consecuencia directa de toda la estructura jurídica que se ha promulgado y que obliga a reconocer una mayor participación al Estado venezolano en el negocio petrolero y, por supuesto, a la nueva visión que con la Revolución Bolivariana se tiene -insistamos- sobre lo petrolero.
Cabe advertir que, la ExxonMobil fue la única empresa que no aceptó migrar hacia la figura de empresa mixta. A propósito, hasta noviembre de este 2025 en el país existen 46 empresas mixtas en las cuales, en correspondencia con la Constitución y la LOH el Estado tiene mayoría accionaria y, en promedio esa mayoría accionaria se sitúa, en promedio, alrededor del 60%. Es importante destacar que, en estas 46 empresas mixtas participan 27 socios internacionales, provenientes de 17 países, con actividades en 36 empresas mixtas. Igualmente, están presentes 12 socios venezolanos de capital privado y actividades en 11 empresas mixtas. Asimismo, 1 empresa mixta con socio venezolano y se cuentan con 4 empresas mixtas que son 100% propiedad del Estado venezolano, a través de la CVP.
Ahora considero que, tal vez por ironía o privilegio de la historia también le corresponde al presidente Hugo Chávez, un siglo después de haberse formalizado en el país realmente las primeras concesiones petroleras — me refiero los primeros contratos petroleros celebrados en el siglo XX, por ejemplo, los celebrados en 1907, con Andrés Jorge Vigas, Antonio Aranguren y Francisco Jiménez Arraiz, aunque será el contrato Valladares de principios de 1913 el contrato más penoso tras acordar al concesionario más de la mitad del territorio de nuestro país. Nótese que no me estoy refiriendo al inicio de las actividades petrolera que, como lo aclaré en la parte II de esta temática, se corresponde con la Petrolia del Táchira en 1878— es en 2007 cuando el presidente Chávez se enfrenta con la ExxonMobil y la ConocoPhillimp, pero esta vez no para entregar el país como lo hizo aquellas concesiones de 1907, sino para desmontar los esquemas lesivos de la Turbo Apertura Petrolera y ajustarlos a lo que él mismo definió como Política de Plena Soberanía Petrolera.
A propósito, presidente Hugo Chávez, durante su intervención en el acto de Plana Soberanía Petrolera, alusivo al dominio en la Faja Petrolífera del Orinoco y de los Convenios a Riesgo y Ganancias Compartidas, realizados el 1 de mayo de 2007, en el Complejo Industrial José Antonio Anzoátegui, ubicado al norte del estado Anzoátegui, expresó con contundencia “hemos enterrado 10 años de nefasta apertura petrolera”. Decía el comandante Chávez en aquel momento de mayo de 2007 que “no puede haber un proyecto socialista si nuestro país no tiene el control y el dominio de sus riquezas, recursos naturales y su economía. Del inmenso potencial que debe ser desarrollado ampliamente a partir de hoy para bien del país, para continuar impulsando el desarrollo económico, social e integral, para continuar impulsando el desarrollo económico, social e integral, para continuar abriendo el camino y construyendo el Socialismo del siglo XXI”.
En este mismo orden de ideas, debe apuntarse que, este conjunto de avances en materia petrolera ha incidido en la mejora de índices económicos y sociales que en las postrimerías del siglo XX se encontraban en su mayor picada[10] en comparación con los momentos de auge y crecimiento que experimentaron los gobiernos de la democracia representativa que se eligieron en Venezuela entre 1958 y 1998, toda vez que los proventos petroleros se orientan, fundamentalmente, hacia saldar la deuda social como prerrequisito para la maduración productiva.
En todo esto ha jugado un papel estelar el Sistema Nacional de Misiones Sociales.[11] El Estado, ha tenido como meta permear la masa monetaria y la riqueza proveniente del petróleo para los menos favorecidos y, por tanto, se considera que constituye un elemento de primordial importancia para el logro de la maduración productiva que requiere la sociedad para enrumbarse con mayor eficacia hacia el aprovechamiento productivo de los proventos petroleros. Sin embargo, debe aclararse que los indicadores socioeconómicos tienen que ser visto en su conjunto y no en forma tendencial, puesto que, así como se han logrado mejorar ciertos indicadores, hay otros datos que no son motivo de orgullo para ninguna sociedad y que caen, quizás en la categoría que es más difícil de cuantificar por estar vinculados a la cuestión ética-moral de una sociedad.
En resumidas cuentas, la Política de Plena Soberanía Petrolera también significó que por primera vez los proventos petroleros ya no eran para ennudecer los privilegios de las elites y clases dominantes dentro y fuera del país sino para garantizar el desarrollo social, la educación, la salud, la vivienda, el urbanismo, el desarrollo económico, la agricultura y la producción de alimentos, tal cual como está contemplado en el artículo 5 de la LOH.
La nueva PDVSA: Esperanza Mayor en la Consolidación del Proyecto Bolivariano
El presidente Hugo Chávez en la designación de la nueva Junta Directiva que pone al frente de PDVSA el 6 de marzo de 2003, da a conocer al país el nacimiento de la nueva PDVSA. Al respecto, dice el presidente Chávez: “ahora, esta Junta Directiva que hoy he tenido el honor de juramentar tiene ante sí, señor Presidente, señor Ministro, señores directivos, una gigantesca responsabilidad, yo estoy seguro que todos y cada uno de ustedes tiene conciencia plena profunda del tamaño colosal de esa responsabilidad, porque no se trata solo de que estamos conduciendo un proceso de reestructuración de PDVSA. No. Yo diría mucho más, se trata de una refundación de petróleos de Venezuela”. (Subrayado nuestro)
Además, en aquella alocución del 6 de marzo de 2003, el presidente Chávez, al referirse a la junta Directiva del año 2002 que, entre febrero y hasta el 12 de abril de ese año, presidió, Gastón Parra Luzardo, previó a la llegada de Alí Rodríguez Araque, expresó que “si aquella Junta de 2002, aceleró los planes de golpes de Estado para tratar de entregarle PDVSA a factores antinacionales, estoy ahora plenamente seguro y así será, que esta nueva Junta hoy juramentada servirá, pero para acelerar el proceso de renacionalización y de refundación de PDVSA exitosa, firme, nacionalista del siglo XXI”. (Subrayado nuestro)
Como corolario de aquello, comenzó a ponerse en marcha, con mayor ímpetu, una Política de Plena Soberanía Petrolera que, en el contexto de declararse la Revolución Bolivariana antimperialista, seguidamente en 2004, y asumir desde el año 2005 el modelo del Socialismo en el siglo XXI, sigue enfrentando acechos y, es en el fondo las razones de las más de mil medidas coercitivas unilaterales, entre otras agresiones imperiales, contra el país que han tenido siempre en la mira a PDVSA, corazón económico del país.
La Política de Plena Soberanía Petrolera que en los preceptos del bolivarianismo se traduce en una política nacional, popular y revolucionaria sienta las bases para una Diplomacia Petrolera como táctica en la visión estratégica de una Política Exterior que privilegia la Diplomacia Bolivariana[12] que, en honor a la verdad, ha permitido a nuestro país tejer alianzas para repeler las agresiones imperiales y, al mismo tiempo, para contribuir en la construcción de un mundo multicéntrico y pluripolar. En resumen, para Chávez y también para el presidente Nicolás Maduro, petróleo y socialismo son los dos vectores fundamentales en el logro de la independencia y liberación del país. Son estos los verdaderos legados del presidente Hugo Chávez.
Por todo esto no es de extrañar que, en aquel diciembre de 2002, aquella mal llamada “meritocracia”, más bien apátridas y lacayos al servicio del imperialismo, pretendió robarle la Navidad al pueblo venezolano, generando zozobra e incluso muerte, tras la ausencia forzada de gasolina y gas, lo cual hizo estrago en los hogares venezolanos. Sin embargo, el país no se rindió y las familias más humildes llegaron a hacer de sus muebles hasta leña para cocinar, sin renunciar en su apoyo al presidente Hugo Chávez que, desde Miraflores, lideraba el Comando Petrolero de la Revolución con Alí Rodríguez Araque.
Ese Comando Petrolero de la Revolución, logró diseñar una reingeniería financiera para poder pagar los sueldos de los funcionarios de la administración pública en enero de 2003, pues la gerencia apátrida de PDVSA, a través de Intesa no sólo paralizaron las operaciones medulares de la industria, sino que, además, paralizaron la operatividad financiera y como en Venezuela, el petróleo es la economía, es indudable que esto afectaba enormemente la economía nacional. De hecho, en lo económico, de acuerdo con las estimaciones y cifras del Banco Central de Venezuela (BCV), se produjo una contracción de 9,2% del PIB, cayendo la actividad económica en un 27,7%.
Mientras que, los datos del Ministerio del Poder Popular de Hidrocarburos y PDVSA, indican pérdidas por 2.598 millardos de dólares por volúmenes de crudo no exportado; así como 267 millardos dee3 dólares por concepto por concepto de ventas internas que no pudieron realizarse, sumándose adicionalmente, 841 millardos de dólares por importación de combustibles (gasolina y diésel). Nuestro país se sintió obligado a importar gasolina de Brasil, Europa, Arabia Saudita, Chile, Saint Croix, Trinidad &Tobago, incluso de los Estados Unidos. En suma, fueron ingentes los daños materiales e inmateriales, aun cuando estos últimos son difíciles de contabilizar. Todo ello, gracias a una gerencia lacaya con un claro proyecto privatizador, desnacionalizador y neoliberal, pero sin patria y, por tanto, sin sentido de pertenencia.
La nueva PDVSA se fue gestando al calor del sabotaje petrolero. En realidad, la paralización de la industria, alimentada por el odio, le permitió al Gobierno Bolivariano reestructurar a la empresa, haciéndola más ágil y comprometida con la nación y, al mismo tiempo, deslastrarse de un grupo de seudos gerentes, cuya arrogancia les hizo renunciar a PDVSA y a no atender el llamado, luego de la derrota del sabotaje, para que se incorporarse a la industria, su vanidad les hizo pensar que sin ellos la industria no funcionaría y que el presidente Hugo Chávez llegaría a su fin. En poco tiempo, la nueva PDVSA que formalmente nació el 6 de marzo de 2003, pudo alcanzar la producción que se tenía antes del sabotaje, pero con petroleros patriotas.
En efecto, si bien en 2002 y 2003 como consecuencia del sabotaje petrolero la producción petrolera en promedio, alcanzó 2.994.000b/d y 2.810.000b/d, respectivamente, luego de haber alcanzado una producción promedio de 3.342.000b/d en 2001, no es menos cierto que en 2004 la producción petrolera venezolana promedió 3.143.000b/d en tanto que en 2005 se situó en 3.269.000b/d, respectivamente. Esto quiere decir que, la nueva PDVSA remontó los niveles de producción que se tenían antes de 2002, año del golpe de Estado y del inicio del sabotaje petrolero.
Lamentablemente, luego se suscitaron ataques internos y externos, facilitados por la cofradía de la quinta columna, aunado a las agresiones imperialistas, incluidas las medidas coercitivas unilaterales que terminaron impactando la productividad de PDVSA, en todos los ámbitos de sus actividades medulares, que se expresa en la no materialización de varios de sus planes y que afectaron a la producción petrolera, pero también a su imagen, por todas las turbulencias experimentadas, particularmente desde el año 2013 hacia acá.
Afortunadamente, dese el año 2024 se vienen percibiendo cambios muy positivos, por ejemplo, la producción petrolera después de haber promediado en los años 2020 y 2021, 569.000b/ y 636.000b/d, respectivamente, en el 2024, se alcanzó un promedio año de 921.000b/dy hasta agosto de este año 2025, la producción petrolera en promedio es de 1.059.000b/d. Desde luego, este nivel de producción sigue alejado del nivel de 2.653.900b/d que se tenía, por ejemplo, en 2015, cuando se produce la primera orden ejecutiva, el 9 de marzo bajo el gobierno del presidente Barack Obama, aunque también debe reconocerse que el promedio de producción que se tiene ahora de 1.059.000b/d, es el doble del promedio que el país llegó alcanzar en 2020, cuando la producción cerró en 569.000b/d.
A renglón seguido, la vicepresidenta ejecutiva de la República y ministra del Poder Popular de Hidrocarburos, Delcy Rodríguez, hacia finales de 2024, apenas a tan solo cuatro meses de haber asumido las responsabilidades petroleras, dio un giro geoestratégico y paradigmático en la manera de asumir la cuestión energética y, por consiguiente, el Ministerio a su cargo, desde diciembre de 2024, pasó de Ministerio del Poder Popular de Petróleo a Ministerio del Poder Popular de Hidrocarburos, con un cambio sustancial en su estructura, tras contar con seis Viceministerios: 1. Viceministerio de Petróleo. 2. Viceministerio de Gas. 3. Viceministerio de Petroquímica y Refinación. 4. Viceministerio de Geopolítica de Hidrocarburos. 5. Viceministerio de Política Comercial y, 6. Viceministerio de Inteligencia Artificial y Eficiencia Productiva en Hidrocarburos.
Todo esto permitirá una optimización sobre los recursos de hidrocarburos, permitiendo, sin descuidar la industria petrolera, gasífera y petroquímica, la consolidación de una economía productiva que se sustente mucho más allá del petróleo. Para ello será necesario también un avance cualitativo y cuantitativo en el desarrollo de nuestras fuerzas productivas. Desde luego, estos cambios se han hecho sentir sobre la producción petrolera, pues en agosto de este 2025 se obtuvo un nivel de producción de 1.098.000b/d y en promedio año (Véase cuadro sobre la producción petrolera 2025), como ya indiqué, 1.059.000b/d que representa en términos absolutos 138.000b/d por encima del promedio de 2024, situado en 921.000b/d, es decir, se tiene un incremento relativo de aproximadamente 15%.
PRODUCCIÓN PETROLERA EN VENEZUELA DESDE ENERO A AGOSTODE 2025 (MBD)
| AÑO | MBD |
| Enero | 1.031 |
| Febrero | 1.025 |
| Marzo | 1.048 |
| Abril | 1.051 |
| Mayo | 1.066 |
| Junio | 1.069 |
| Julio | 1.084 |
| Agosto | 1.098 |
Fuente: OPEC (Varios meses): OPEC Monthly Oil Market Repor
OPEC Monthly Oil Market Repor 11 September 2025
Elaboración propia
De la misma manera es importante destacar que, hasta junio de este 2025, el país, pese a todas las amenazas y agresiones, ha obtenido un crecimiento económico ininterrumpido de 17 trimetres de crecimiento estable y, los aumento de la producción petrolera en julio y agosto, indica que se sumará un nuevo trimestre de crecimiento tras la finlización del presebnte mes de septiembre. A esto debe agregarse que la economía venezolana habría mantenido la tendnecia de mayor incremento acumulado en la región de nuestra Amértica del Sur con 7,71% en el primer semestre de este 2025. Todo esto, a pesar de que nuestro país ha seguido experimentando, particularmente desde el pasado mes de enero, con el ascenso al poder del presidente estadounidense Donald Trump, un cúmulo de mayores amenazas políticas, geopolíticas y hasta de guerra económica que nuevamente vuelven a impactar sobre nuestro signo monetario -el bolívar-.
No obstante, en la nueva PDVSA aún están presentes ciertas debilidades que pueden notarse por el lado de la desinformación petrolera, paradójicamente se desconocen aspectos con respecto a nuestra política petrolera. También, se llena uno de asombro cuando escucha a periodistas y a otros funcionarios de la nueva PDVSA, calificando a la OPEP como un cártel, cuestión que si resultaba en lo propio para referirse a las otrora “Siete Hermanas”. Tampoco puede perderse de vista que muchos de las y los jóvenes de la nueva PDVSA, apenas estarían naciendo en el 2002 o tendrían menos de 5 años, por tanto, un significativo porcentaje de los actuales trabajadores, no vivieron este nuevo proceso del nacimiento de la nueva PDVSA y menos las desproporciones de los gobiernos de la Cuarta República y la “meritocracia petrolera”.
Los Retos de la Nueva PDVSA
Indudablemente que está claro que, el presidente Hugo Chávez logró desmontar los esquemas de la Apertura Petrolera con cuyos “negocios” la vieja PDVSA, anheló la privatización de la industria y, hasta el derrocamiento de la Revolución Bolivariana, cuando esta se impuso mayoritariamente en elección popular el 6 de diciembre de 1998 con Hugo Chávez. Desde luego, Chávez logró tal desmontaje y también que se sincerara la situación con la Internacionalización de PDVSA, pero resistiendo los embates de un golpe de Estado y sobreponiéndose al más criminal sabotaje petrolero que se haya llevado a cabo sobre una industria petrolera. Toda esta experiencia de lucha acumulada viene a servir de impulso para enfrentar en este 2025 las nuevas amenazas y agresiones imperiales que quieren herir el corazón de la patria con el absurdo de una invasión armada.
En este nuevo escenario al igual que en anteriores, la nueva PDVSA tiene retos que, pese a lo dialéctico, sigue siendo una realidad constante o una especie de materia de arrastre. Al reflexionar sobre lo que he subrayado en otros espacios y momentos, sigo considerando que de ninguna manera una nación y, sobre todo, una que aspire al socialismo, puede existir sin una economía diversificada, urge, por ende, superar el rentismo y su cultura retrograda[13]. En ese sentido, esa debe ser la preocupación mayor hoy de las y los trabajadores petroleros, gasíferos y petroquímicos, y, en fin, de todas nuestras estructuras bolivarianas y sociedad, esto sí, en verdad, queremos construir la industria petrolera que Chávez tras arduo esfuerzo nos legó para cumplir la tarea histórica de transformar esta sociedad bajo la doctrina bolivariana.
Al respecto, el presidente Hugo Chávez, el 19 de agosto de 2000, en su alocución ante el país, desde el Palacio Legislativo, con motivo de su juramentación como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela para el periodo (2000-2006), subrayó con énfasis “levantar las actividades económicas productivas para ir saliendo progresivamente del modelo rentista petrolero, es un reto que tenemos por delante”.
Posteriormente, el 20 de octubre de 2012, —a unos pocos días de haber sido reelecto por cuarta vez, el 7 de octubre—, el presidente Hugo Chávez, llevó a cabo en el Palacio de Miraflores, el primer Consejo de Ministros de aquel nuevo ciclo político en el cual el Presidente hizo un llamado a la crítica y a la autocrítica, conociéndose por ello aquel encuentro como “Golpe de Timón”. Importante señalar que en ese evento una de las reiteradas críticas fue hacia el peso de lo cultural y político en nuestro desenvolvimiento económico para la construcción del socialismo, lo cual estuvo como en aquel año 2006 vinculada a la condición perjudicial del rentismo petrolero.
Sin duda alguna, se pudiese decir que, en clave Gramsciana, el presidente Chávez lo deja claro cuando señaló:
(…) la revolución política es previa a la económica, siempre tiene que ser así, primero revolución política, liberación política y luego viene la revolución económica, hay que mantener la liberación política y de allí la batalla política que es permanente, la batalla cultural, la batalla social. ([2012] 2019, pp.6-7)
Posteriormente, advierte:
(…) pudiéramos estar haciendo cosas buenas, cosas buenas, pero no exactamente lo necesario para ir dejando atrás de manera progresiva y firme, el modelo de explotación capitalista y creando un nuevo modelo, el Socialismo venezolano, Bolivariano del siglo XXI. (Ibidem, p. 21)
En virtud de las citas anteriores se justifica entonces, su llamado y hasta regaño a la Presidencia de PDVSA, cuando increpa lo siguiente:
La Faja del Orinoco, no existen las Comunas, ¿y dónde las vamos a buscar, en la Luna? ¿en la Luna? ¿o en Júpiter? Permítanme ser lo más duro que pueda y que deba en esta nueva autocrítica sobre este tema compañeros y compañeras. Rafael Ramírez, por ejemplo, ya debería tener allá en la Faja del Orinoco 20 Comunas, Rafael, con PDVSA, pero PDVSA cree que eso no es con ellos, el problema es cultural compañeros, y digo PDVSA, bueno con todo el reconocimiento a esa gran industria. (ibdem, pp.44-45) (Subrayado nuestro)
Destaca en esta dirección otra de sus advertencias cuando expresa tajantemente:
Bueno Nicolás estamos terminando, aquí tengo unos documentos. Esto es muy importante, vamos a terminar con esto ve, el Banco de Venezuela, Banco de Venezuela y el Banco del Tesoro. Esto forma parte de lo que hablamos hace un rato, la viabilidad financiera del proyecto bolivariano, cómo salir del rentismo petrolero, de la extrema dependencia del ingreso petrolero, esto es un ejemplo muy bueno. (ibdem, p.76) (Subrayado nuestro)
El presidente Chávez tenía claro que el quid del asunto era y sigue siendo el cambio cultural, esto es vital para el proceso revolucionario, para la construcción del socialismo y para liberar a PDVSA de esos vestigios de corporativismos que parecieran resistirse a morir y hacen olvidar los orígenes de la nueva PDVSA y, en ese sentido, debe comprenderse y asumirse que el verdadero legado del comandante Chávez ha sido el rescate de lo petrolero con la puesta en marcha de la Plena Soberanía Petrolera y la orientación de una nueva Política Exterior que, por vez primera, no solo se declara antimperialista sino que, en uso de una inédita Diplomacia Petrolera[14], se propone la unidad energética y política en nuestra región, el esquema de Petrocaribe y, Alba-TCP, son tan solo dos de esas propuestas para fortalecer nuestra posición como país petrolero, pero, también de América Latina y el Caribe en el dinámico mercado petrolero internacional. Huelga señalar que, el petróleo se sigue constituyendo en el principal instrumento del Estado venezolano en su conexión con el sistema internacional.
Seguidamente, el presidente Hugo Chávez durante su intervención en Consejo de Ministros el 26 de octubre de 2012, al referirse al triunfo electoral del 7 de octubre de 20212, señala lo siguiente:
¿Cuál es la diferencia si la burguesía hubiera ganado las elecciones del 7 de noviembre? Ve. De allí la importancia de haber obtenido la gran victoria que obtuvimos, y abrir como estamos abriendo un nuevo ciclo, para consolidar lo que hemos hecho y continuar construyendo -repito- esas bases, culturales, espirituales, materiales, productivas, una nueva base productiva para ir saliendo poco a poco, sin dejar de ser nunca porque Venezuela nunca dejará de ser un país petrolero, nunca. Bueno, a menos cuando se acabe el petróleo pues, pero tenemos que ir trascendiendo, no es que no vamos a ser país petrolero, una cosa es ser un país petrolero y otra cosa es tener una economía rentística petrolera.
No, el petróleo debe ser eso, una gran palanca, cien grandes palancas para impulsar y seguir impulsando el desarrollo integral, la economía productiva, como lo estamos comenzando a ver. (p. 102-103). (Subrayado nuestro)
En otro momento de esta intervención también subraya que:
Un país, nuestro país, que fue condenado, le impusieron ese modelo; nos impusieron ese modelo. La dependencia de un solo producto, y además del precio, que muchas veces escapa, ¿no?, así como tiene picos hacia arriba, también tiene picos hacia abajo. (…)
Bueno, y además ha sido motivo de guerras, de invasiones, de golpes de Estado, de amenazas, etcéteras. (pp.114-115)
Posteriormente, en otra intervencióndel presidente Hugo Chávez durante reunión de trabajo con miembros del Gabinete Ejecutivo, el 15 de noviembre de 2012 en el Palacio de Miraflores, al realizar un pase a la Mesa de Guanipa, señala lo siguiente:
(…) vean ustedes, cámara, lo que es la Faja Petrolífera del Orinoco, uno de los proyectos de mayor envergadura que en este momento están desarrollándose en este planeta.
Y precisamente la Faja del Orinoco no es sólo petróleo, porque la Mesa de Guanipa está en la Faja del Orinoco, y ahí hay un gran acuífero, un acuífero que tiene 3.780 kilómetros cuadrados, oído al tambor, 3.780 kilómetros cuadrados, esa es la superficie que ocupa el agua que está ahí. (p.176)
Al respecto,no nos olvidemos que Venezuela, además, de contener todos los elementos de la tabla periódica en su geografía, es uno de los países que tiene mayores reservas de agua dulce. La nueva PDVSA aprovecha esos crudos exrtrapesado con las nuevas tecnologías y los comercializan como lo que es petróleo y no bajo el formato de bitúmenes, como lo hacía la vieja PDVSA en desmedro del país.
Es importante recordar que el 31 de diciembre de 2010, la OPEP oficializó el trabajo de certificación de las reservas petroleras que realizaba el entonces Ministerio del Poder Popular de Petróleo y Minería- desde diciembre de 2024, Ministerio del Poder Popular de Hidrocarburos- En la parte III hable de las reservas modestas que entonces tenía Venezuela certificadas en los años 70 y 80 del siglo pasado. En todo caso, a partir de 2010, la OPEP que tiene la responsabilidad de unificar y coordinar las políticas petroleras de los países miembros, reveló la verdadera situación de las reservas petroleras existentes en la Faja Petrolífera del Orinoco, con la certificación de 258.809 millones de barriles de crudos pesados y extrapesados y no de bitumen como lo uso la vieja PDVSA mediante la orimulsión. En ese año 2010, además de las reservas certificadas de 39.090 millones de barriles de crudos livianos y medianos, nuestro país llegó a totalizar 297.735 millones de barriles, hecho que nos has colocado, desde entonces en el país con la mayor reserva de crudo en el mundo.
De acuerdo con las últimas estadísticas publicadas por la OPEP ahora en julio de 2025 y correspondientes a la realidad petrolera de 2024, Venezuela tiene 303 mil 221 millones de barriles que representan el 19.35% de las reservas totales mundiales. En 1999 al cabo del primer año de la Revolución Bolivariana, tenía nuestro país 77 mil millones de barriles de reservas probadas. Esto para que se pueda notar como han crecido sustancialmente las reservas probadas de petróleo.
No obstante, el nivel de las reservas existentes en la Faja Petrolífera del Orinoco podría en el futuro inmediato ser mayores en virtud de que las tecnologías para la extracción o recuperación de petróleo pesado y extrapesado mejoren sustancialmente. Al respecto, a inicios de 2010, el Servicio de Geología de Estados Unidos anunció que ya existen nuevas tecnologías que permitirían aumentar en poco tiempo el factor de recobro de la Faja en 45% del total general. Por tanto, las reservas de la Faja podrían situarse en más de 500 mil millones de barriles. Además, informes emitidos por la OPEP han indicado que en la Faja hay 1 billón 149 mil millones de barriles, es decir, Petróleo Original en Sitio (POES)[15]. Si se considera que en el año 2024 las reservas totales de petróleo son de 1 billón 566 mil 869 millones de barriles, estaríamos hablando que en la Faja Petrolífera del Orinoco estaría contenido un volumen aproximado al 74% de las reservas certificadas globales registradas en el año 2024.
Por otro lado, también el presidente Nicolás Maduro ha hecho énfasis en estos aspectos. Por ejemplo, en la presentación de la Memoria y Cuenta del 2013, el presidente Maduro en fecha 15 de enero de 2014, señaló en su alocución que “el objetivo es tomar el control pleno y absoluto del destino de las divisas y evitar así que puedan darse situaciones como la de empresas fantasmas que obtienen divisas y otros tipos de estrategias financieras que junto al rentismo del especulador importador son la base de la rentabilidad de la burguesía parasitaria” (S/F, pp. 29-31) Seguidamente el 17 de febrero de 2016 con motivo de su discurso sobre la Agenda Económica Bolivariana, el presidente Maduro, precisó que “se anuncian tres ejes de acción para superar esta difícil coyuntura económica y dar un impulso al nuevo modelo productivo dentro de la Agenda Económica Bolivariana y superar el rentismo petrolero”. (Ibidem, p.60)
En Venezuela, la actividad petrolera y su rol como factor de intercambio económico resume nuestro devenir histórico, por lo menos, durante los últimos cien años. Definitivamente, el petróleo, como eje vertebral de la economía venezolana, continúa siendo motor de nuestras relaciones internacionales y, por ende, de nuestra Política Exterior. En suma, en nuestro país, el petróleo no es una parte de la economía como sucede en muchos países productores y exportadores de petróleo, sino que el petróleo es la economía en sí. De allí lo acertado de hablar de petróleo y diplomacia, no obstante, no se puede hablar de una Política Exterior única y versátil a lo largo de la historia, en nuestro país y tampoco de una univoca política petrolera. Nuestra revolución Bolivariana marca un punto de inflexión tanto con la Política Exterior como con la Política Petrolera y Diplomacia Petrolera que le antecedió.
En tal sentido, el proyecto Bolivariano que irrumpe desde el 2 de febrero de 1999 como Revolución Bolivariana, tras el triunfo del Comandante Hugo Chávez el 6 de diciembre de 1998, marca un hito y, al mismo tiempo, una ruptura con los desiderátums de lo que fue la política petrolera y también de la política exterior de la Cuarta República. Nuestra actual Diplomacia Petrolera es expresión de una nueva visión petrolera y de Política Exterior, sustentada sobre los principios de la filosofía política de nuestro Libertador Simón Bolívar, todo lo cual, se encuentra en nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), específicamente en su preámbulo y en los artículos comprendido entre 152 y 155, así como en los Planes de la Patria, incluida la ley Orgánica del Plan de la Patria de las 7 Grandes Transformaciones 2025 – 2031.
Igualmente, es manifestación de nuestra política de plena soberanía petrolera, condensada en los artículos 12, 302 y 303 de nuestra (CRBV), así como en la legislación petrolera que le es inherente, de manera muy especial en la actual Ley Orgánica de Hidrocarburos, reformada el 4 de agosto de 2006. En suma, la diplomacia petrolera se inscribe en los marcos y preceptos de nuestra Diplomacia Bolivariana de Paz. No sé puede explicar y comprender nuestra Política Exterior al margen del sector petrolero, puesto que la Diplomacia Petrolera es táctica en la construcción y alcance de la misión y visión estratégica de nuestra Política Exterior. Ambas se constituyen en el verdadero legado de nuestro comandante Hugo Chávez y, por ello es tan medular el cuido y la vigilancia sobre nuestra industria petrolera.
Desde este punto de vista, resulta como un requisito sine qua non que PDVSA asuma el cambio cultural de entender que el compromiso es político como prerrequisito para la liberación económica del país. Se trata, entonces de que nuestros trabajadores petroleros, gasíferos y petroquímicos, puedan tomar y lograr una mayor conciencia de eso que Carlos Marx, diferenciaba de clase en sí y que definía como clase para sí, vale decir aquella clase que como sujeto tiene conciencia de su rol transformador en las relaciones de producción, por ende, hay entonces una conciencia de clase que lo lleva a acciones colectivas y una de esas trasformaciones es justamente asumir el compromiso político para la creación del Estado comunal, verdadera garantía para la liberación, la soberanía y la consolidación de la patria socialista.
De cualquier manera, es histórico el reto de que Venezuela tiene que dejar de ser un país petrolero, esto no implica ponerle fin a nuestras actividades sobre tan estratégico recurso, —de ninguna manera, no podemos olvidar que sobre su base está la acumulación de capital, así como las fortalezas y oportunidades para desplegar como sociedad, el desarrollo de nuestras fuerzas productivas hacia otros sectores— esto no se trata per se del petróleo, de lo que se trata es de cambiar la relación con él, vale decir, romper la cultura del rentismo petrolero y asumir una conciencia política crítica sobre él, entender que en su lógica hay toda una racionalidad geopolítica, política, económica, cultural, social y hasta de seguridad y defensa integral de la nación. Solo así podremos obtener su optimización y los mayores beneficios para nuestra sociedad.
En consecuencia, el problema no es el petróleo, insisto el quid del asunto es nuestra relación y comprensión sobre él. Para ello, es necesario por antelación una conciencia política, sin ella como sociedad y, principalmente, como trabajadores vinculados a su quehacer, no será posible contribuir en la liberación económica y diversificación que como sociedad se sigue reclamando, aunque ya llevamos un siglo como economía regida por el petróleo. Desde luego, hay toda una complejidad internacional que también ha influido e influye para que en nombre de una división internacional del trabajo nuestro país, tal cual país de economía dependiente y país periférico se limite a la producción y exportación de materia prima. No es casual que nuestras exportaciones sean ampliamente de crudo y aproximadamente sea de un 25% de productos derivados, según los últimos datos publicados por la OPEP en julio de este 2025 en su Annual Statistical Bulletin 2025.
Desde luego, como bien lo indica el comandante Chávez en el epígrafe que colocamos en la parte III de esta temática (A 50 Años de una Traición Petrolera), cuando en su alocución ante la Cumbre de los 77 al referirse a nuestro país, subraya “hemos heredado en Venezuela una situación explosiva que ahora estamos comenzando a revertir, no será fácil, pero lo haremos, claro que para hacerlo solos es imposible, no podremos hacerlo solo, ninguno de nosotros, por más empeño que hiciéramos”. En efecto, solo no podemos superar esas complejidades e hilos de dominación imperial, por ello es tan importante contribuir en la consolidación de un mundo multicéntrico y pluripolar. Nuestras alianzas con la República Popular China, Rusia, Irán, Argelia, entre otros actores, han contribuido a superar los embates que ha sufrido nuestra industria petrolera y, por tanto, nuestra economía y sociedad como consecuencia de las siete órdenes ejecutivas y de todo ese cumulo de agresiones imperiales que no han cesado en su intento por derrocar a nuestra Revolución Bolivariana.
En realidad, para entender plenamente la historia, así como la política y la economía venezolana, por lo menos en los últimos cien años, debe estudiarse la historia petrolera venezolana y del mundo. Todos, sin reservas, debemos estudiar el fenómeno petrolero en sus diversas aristas en nuestro país y su relación con el mundo. Desde luego desde una mirada crítica, descolonizadora. Por ello, vengo proponiendo desde hace varios años una sociología del petróleo para su comprensión y debate crítico en la Venezuela actual. En este sentido, resulta muy importante que tanto los trabajadores como nuestros militares y líderes comunales y dirigentes políticos, por supuesto, también nuestros estudiantes de educación media – incluso desde primaria- y universitaria conozcan con claridad la temática petrolera y, en especial, ese proceso de entreguismo sin paragón que se inicia en agosto de 1975 con la LOREICH y el nacimiento de PDVSA. De ese modo se podrá comprender los esfuerzos, el sentido y la diferencia que marca tanto nuestra Política petrolera como nuestra Diplomacia Petrolera. En todo caso, la nueva PDVSA es hija de la Política Petrolera del presidente Hugo Chávez, y, en ese sentido, es parte fundamental del legado del chavismo, de modo que, la nueva PDVSA debe consolidarse como vanguardia de nuestra Revolución Bolivariana y también de nuestra sociedad venezolana.
Esto también nos ayudaría a entender con total claridad por qué nuestra Revolución Bolivariana a lo largo de toda su historia ha sido objeto de agresiones, las razones son muy sencillas: petróleo y socialismo. Realmente, tal como lo he esbozado en varias conferencias y escrito en otros artículos y trabajos, están nuestras mayores reservas de petróleo, pero principalmente el modelo político del Socialismo en el siglo XXI que reivindicamos. En todo caso, hay una confrontación histórica en nuestro país entre la oligarquía que con sus lacayos de la “meritocracia petrolera” quiso en detrimento del pueblo apoderarse y privatizar la riqueza petrolera.
Entender y transformar esto es y será fundamental para poder avanzar en la construcción del socialismo y para desmontar la quinta columna o enemigos internos que invitan incluso a que se invada a nuestro país. Asimismo, podremos hacer frente en mejores condiciones a los capitalistas que con sus mass media y, en fin, sus redes sociales, desinforman y buscan debilitar moralmente a nuestra Revolución Bolivariana. Esa realidad de confrontación está clara desde el mismo diciembre de 1998 cuando el presidente Hugo Chávez ganó su primera elección como presidente de la República, aunque, en honor a la verdad desde el 2013 hacia acá, bajo el liderazgo y dirección del presidente Maduro las agresiones imperiales se han intensificado, a tal punto que se amenaza ahora mismo con invadir a nuestro país.
En el marco de la Política de Plena Soberanía de la Revolución Bolivariana también es sumamente importante ese otro hidrocarburo como lo es el gas natural del cual, según la OPEP en su Annual Statistical Bulletin 2025, con 5,511 millones de metros cúbicos de gas natural, ocupamos la novena posición a escala mundial en cuanto a reserva, pero es probable que en un futuro próximo nuestro país pueda pasar a la cuarta posición. De cualquier manera, en nuestra matriz de energía primarias, existe el compromiso de que el gas ocupe cada vez un lugar más importante. Además, el gas es una energía limpia, menos contaminante, ideal para el sector eléctrico y para la industrialización de los hidrocarburos a través de la petroquímica. A propósito, y pese a las amenazas y agresiones imperialistas, se espera que para el 2027 Venezuela pueda estrenarse como un país exportador de gas natural.
Por otra parte, en correspondencia con lo establecido en el preámbulo de nuestra Constitución y en sus artículos del 152 al 155, el presidente Chávez, planteó la unidad e integración energética latinoamericana y caribeña y, en consecuencia, propuso Petro América que agrupaba a los vectores de Petro Sur, Petro Andina y Petro Caribe[16] en aras de consolidar una unidad y proyecto político con base en los recursos energéticos y potencialidades geopolítica de la región. Desafortunadamente, por las debilidades políticas en nuestra región, solo pudo materializarse Petro Caribe, pero el resto de esos vectores energéticos siguen siendo necesarios para reivindicar la política petrolera de América Latina y, además, para contribuir al mundo multicéntrico y pluripolar.
En fin, de cara a la construcción del Socialismo en el Siglo XXI y en aras de profundizar el debate sobre el tema petrolero, cuyos recursos económicos, paradójicamente, consideramos nos permitirá, dada la nueva visión que se tiene sobre la política petrolera y, más ampliamente, sobre la transformación política, económica y cultural, consolidar el nuevo modelo social: el Socialismo Bolivariano, resulta imperante la revisión crítica y desmitificada de nuestro devenir petrolero y, en ese sentido, se debe acudir a la revisión de pensadores y estudiosos del tema petrolero como, por ejemplo, Salvador de la Plaza, insigne marxista venezolano comprometido con las luchas del pueblo en su transformación. Igualmente, debe profundizarse en el pensamiento político y en el legado petrolero y diplomático que nos ha dejado el comandante Hugo Chávez.
No se puede perder de vista que mientras tengamos recursos petroleros comerciales nuestro país seguirá teniendo ingresos petroleros y en mayor dimensión si no se rompe esa dependencia, no se trata de anular las bondades de poseer petróleo, se trata, insisto, de usar sus proventos para el desarrollo de otros sectores. Recuérdese también que incluso sociedades desarrolladas, sin dejar de ser países petroleros, sus escomías son productivas, pero en atención a la categoría económica domínate dentro de la misma y el impulso que en esa dinámica toman las fuerzas productivas. Por supuesto, para lograr esto tenemos aún que librar una enorme batalla política, pues, sin la liberación política no será posible superar la dependencia y la perversa división internacional del trabajo que nos sigue colocando como proveedor de materia prima y, por consiguiente, se consolida en la historia esta condición decimonónica. De allí lo importante de entender que esta liberación debe contar con el concurso de la unidad del resto de los países de nuestra América y, más ampliamente, con las alianzas que abre la alborada del Sur Global.
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[1] En una oportunidad en PDVSA La Campiña, escuché a Alí Rodríguez, señalar que cuando Hugo Chávez asume el poder y a él, en lo particular, asumir el entonces Ministerio de Energía y Minas, la preocupación mayor era que no había dinero para honrar los compromisos de la administración pública por el manejo irresponsable del gobierno anterior, incluida su gerencia petrolera.
A propósito, el 15 de enero de 1999, pocos días antes de la Revolución Bolivariana instalarse formalmente, la “meritocracia” de PDVSA anunció que el presupuesto de inversiones disminuye un 15%, a Bs. 3 billones 873 millardos, y el de gastos y costos un 20%, a 3 billones 304 millardos, por causa de la baja en el precio del petróleo. En este sentido, también debo recordar que, en 1998, el gobierno de Caldera había hecho el anunció de adoptar el precio del petróleo de 9 dólares para el presupuesto de 1999.
El pasado mes de junio como profesor de la asignatura de Política y Economía Petrolera en la Maestría en Política Exterior de Venezuela, presenté ante la Dirección del Instituto de Altos Estudios Diplomáticos, Pedro Gual (IAEDPG) una propuesta para la creación de la Cátedra Diplomática y Petrolera, Alí Rodríguez Araque, en consonancia con las prerrogativas petroleras de Venezuela en nuestra Política Exterior y, de manera muy especial, en virtud de los esfuerzos gubernamentales que, tanto en el ámbito petrolero como diplomático, representó y llevó a cabo el Dr. Alí Rodríguez Araque, bajo la dirección del Comandante Hugo, en el desarrollo de nuestra Revolución Bolivariana. Por tanto, considero esta Cátedra como un acto de valerosa justicia y de estímulo al debate académico en torno a lo petrolero y diplomático.
[2] Cuando revisamos las Memoria tanto del Ministerio de Fomento como del Ministerio de Minas e Hidrocarburos se comprueba que desde inicio de los años 40 hasta los años 70, las exportaciones de crudo y derivados a los Estados Unidos, se mantiene, en promedio, aproximadamente alrededor del 43%. Es importante destacar que en aquella época la URSS competía con nuestros tradicionales mercados de Inglaterra y Brasil, tercero y cuarto país en importancia, en ese momento, en cuanto a nuestras exportaciones. Brasil, por ejemplo, en 1961 importó 47.900 b/d, el equivalente al 53% del total exportado a América del Sur. Por otro lado, Inglaterra importó 89.000 b/d en el mismo año, o 40% de nuestro mercado europeo. Estas cifras ascienden para el Brasil a 4,88% y para Inglaterra a 9,10% del total de nuestras exportaciones petroleras.
Rusia entraba como competencia porque fuera de la URSS y del campo socialista vendía el petróleo a un precio más económico. En efecto, en 1961 el precio promedio del petróleo soviético enviado fuera de la URSS y sus aliados, se cotizaba a 1,44 $/b en tanto que, dentro del campo socialista se comercializaba en 2.64$/b. Se trataba de una diferencia significativa que representaba, aproximadamente, un 55%.
Esto sirve para percibir como Venezuela tuvo desde bien temprano en el siglo XX a EEUU como su principal socio petrolero. No podía ser de otro modo, Venezuela era un enclave y el cartel petrolero internacional de las “Siete Hermanas” que estuvo vigente hasta entrado los años 70, época en la que definía el negocio petrolero en nuestro país. —aunque eso siguió siendo así hasta inicios de este siglo bajo el dominio de las “Majors” como pasa a denominarse a las más grandes compañías petroleras—.
Sin embargo, con la Turbo Apertura Petrolera que se inicia desde los mismos años 1975-1976 con el nacimiento de la LOREICH y PDVSA y su puesta en marcha, se incrementó el nivel de las exportaciones petroleras hacia EEUU y entonces superaron más del 50%, aproximadamente un 54% cuando el presidente Hugo Chávez arriba al poder. En consecuencia, se consolidó la dependencia con EEUU. Afortunadamente con la Revolución Bolivariana esa dependencia se comenzó a desvanecer y Venezuela Bolivariana ha podido tener otros socios y mercado en correspondencia con nuestra tesis de contribuir con un mundo multicéntrico y pluripolar que ha sido garantía para superar con mayor determinación las agresiones imperiales por parte de EEUU y sus aliados a lo largo de todo el desarrollo de la Revolución Bolivariana.
Para Venezuela Bolivariana ha sido punto de honor diversificar los mercados promoviendo el acercamiento a países con economías emergentes como China e India, y buscar su posicionamiento en Asia, pero también hacia nuestra América, aunque, pese a la cercanía y vecindad geográfica, ahora por “los tire y escoge” políticos ha resultado sumamente difícil. De manera que, ha sido estratégica la visión geopolítica tanto del presidente Hugo Chávez como del presidente Nicolás Maduro.
Por tanto, es con la Revolución Bolivariana que se empieza a romper ese estatus que tuvo Venezuela en nombre de la dominación estadounidense y de una división internacional del trabajo, todo ello facilitado en las postrimerías del siglo XX por la “meritocracia petrolera” que nuestro país operaba como una especie de enclave y satélite económico, pero también político y hasta diplomático con respecto a EEUU. No es casual que más del 50% de las exportaciones de crudos y derivados fuesen a ese país.
[3] Hacia fines del Siglo XIX se consolidan más firmemente la influencia y los intereses estadounidenses en la región, impulsando sus propios mecanismos regionales, por ejemplo, en octubre de 1889 en Washington, vale decir sesenta y tres años después del Congreso de Panamá, se celebra la Primera Conferencia Internacional de Estados Americanos, dando lugar a la creación en abril de 1890 de la Unión Panamericana. Desde entonces, estas reuniones que han sido llamadas Conferencias Interamericanas o Panamericanas, en la práctica adulteraron el pensamiento emancipador de Simón Bolívar, nuestro Libertador. Sin duda alguna, EE.UU., ejerció en dichas reuniones una supremacía que, como lo presentía el Libertador, no es la más propicia para que los pueblos de nuestra América puedan constituir un autónomo y respetable bloque de naciones.
En realidad, la verdadera solidaridad y unión propugnada por Bolívar terminó siendo mediatizada por ese aparente interamericanismo o panamericanismo auspiciado por la gran potencia norteamericana, miembro prominente y dominante de la Organización de Estados Americanos (OEA, en adelante), cuyo nacimiento se produce en 1948.
[4] La primera Ley Habilitante le fue otorgada en septiembre de 1999 para la aprobación de la Ley Orgánica de Hidrocarburos Gaseosos (LOHG), promulgada el 23 de septiembre de ese año.
[5] Sin embargo, el 26 de noviembre de 1975 el presidente Carlos Andrés Pérez firmó en Moscú, entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), un convenio para intercambiar crudo entregado a Cuba por petróleo soviético entregado a clientes europeos de PDVSA. Posteriormente, con la política de Internacionalización de PDVSA, iniciada hacia finales de 1982 y principios de 1983 con los acuerdos en Alemania con la Veba Oel, hubo un cierto intercambio petrolero entre Venezuela y la otrora URSS que en la racionalidad de disminuir cotos de transportes, Venezuela proveía de petróleo a Cuba en volúmenes similares a los que Rusia enviaba a las refinerías en donde PDVSA tenía presencia en Europa, pero esto no puede considerarse como una política de cooperación energética hacia Cuba por parte de Venezuela durante la Cuarta República.
[6] Desde su creación el 3 de agosto de 1980 en San José de Costa Rica, el Programa de Cooperación Energética para Países de Centro América y el Caribe, se renovó ininterrumpidamente por los Gobiernos de Venezuela y México en virtud del cual, dichos países suministraban 80.000 b/d cada uno, en términos preferenciales a Centroamérica y el Caribe, aunque, con la exclusión de Cuba.
Hubo un primer programa de Cooperación con las Facilidades Petroleras de Puerto Ordaz, como iniciativa del presidente Carlos Andrés Pérez con los países centroamericanos y del Caribe, a partir del cual se instrumentaron en el tiempo, otros acuerdos de cooperación como el Acuerdo de San José de Costa Rica.
[7] Se trata de la cantidad máxima que cada país de la OPEP puede producir en un período específico, conforme lo decida la Conferencia de la Organización. La cuota incluye el consumo interno de cada país miembros.
[8] Como trabajador petrolero y además como investigador en PDVSA en el área de la política y economía petrolera pude estar presente en este gran evento, celebrado en el Hotel Caracas Hilton, en Caracas.
[9] En su momento, Maza Zavala y Gastón Parra Luzardo insistieron en destacar estos campos. El Profesor Mazhar Al -Shereidah, fue testigo presenciar de estas exigencias al Ejecutivo Nacional y al Poder Constituyente.
[10] Hugo Chávez, en su Agenda Alternativa Bolivariana afirmaba que entre 1988 y 1991, el número de venezolanos por debajo de la línea de pobreza crítica se incrementó de 45% a 60%, y refiriéndose al año 1996, decía que con el ultrashock, se acerca a 90%; mientras que la pobreza extrema saltó sus barreras históricas desde un 25% hasta la descomunal cifra de 50%, en mayo de 1996, nivel de cuyo registro no hay precedentes en la memoria histórica venezolana, ni siquiera en los años posteriores a la larga y dolorosa Guerra de Independencia, que a su vez precedió a la Revolución Federal.
[11] El Sistema Nacional de Misiones, también denominado como Misiones Bolivarianas son una serie de programas sociales desarrollados en Venezuela durante el gobierno de Hugo Chávez desde el año 2003 y que continúan vigentes en el actual gobierno de Nicolás Maduro. Estos proyectos son relanzados cada año con el fin de cumplir objetivos determinados y toman su nombre del libertador Simón Bolívar. Las Misiones Bolivarianas del gobierno de Venezuela comprenden programas para luchar contra la pobreza, pobreza extrema, programas de educación, alfabetización consultas médicas gratuitas y acceso a créditos subvencionados para la adquisición de viviendas. Además, programas culturales, científicos, políticos, dedicados a los derechos indígenas y medioambientales.
[12] Podemos decir que, Desde los tiempos de nuestro Libertador Simón Bolívar y desde nuestro nacimiento como República puede ya visualizarsela Diplomacia Bolivariana para la paz. Desde luego, en el entramado de la Revolución Bolivariana, iniciada desde febrero de 1999, esta se ha expresado con mayor ímpetu. De cualquier manera, con la misma nos referimos a un modelo de diplomacia que busca, en resumen, restringir conflictos. Por ejemplo, nosotros no tenemos problemas en negociar nuestro petróleo con EEUU y Occidente, siempre y cuando se respete nuestra soberanía y libre determinación. El presidente Nicolás Maduro lo ha dejado muy claro.
[13] Al respecto, sugerimos revisar: Mujica Sánchez, Eleazar. (9 de agosto, 2025): Ley Orgánica del Plan de la Patria de las 7 Grandes Transformaciones 2025 – 2031: Urge salir del retrogrado rentismo petrolero. https://intersaber.org/2025/08/09/ley-organica-del-plan-de-la-patria-de-las-7-grandes-transformaciones-2025-2031-urge-salir-del-retrogrado-rentismo-petrolero/
[14] El pasado 26 de agosto presenté como profesor del Instituto de Altos Estudios Diplomáticos Pedro Gual (IAEDPG) ante el Curso de actualización para funcionarios del Ministerio del Poder Popular Para las Relaciones Exteriores y Funcionarios del Servicio Exterior de la República Bolivariana de Venezuela, la Conferencia y presentación: Petróleo y Diplomacia en el Marco de la Revolución Bolivariana.
[15] Petróleo Original en Sitio o POES, es el cálculo de todas las reservas de petróleo que hay en un yacimiento, pero que se encuentran en forma natural, y que aún no se les ha separado del resto de los minerales. Se ha desarrollado investigación científica y tecnología avanzada para extraer más petróleo que está unido a otros materiales. De acuerdo con esta nueva tecnología, la Faja es indiscutible que se trata de la reserva petrolera más grande del mundo.
[16] Sobre esta temática he publicado Petrocaribe: un nuevo esquema de unidad y soberanía energética. (13/07/2008a). Así como: América Latina y Caribeña: de la integración neoliberal a la unidad energética bolivariana de los pueblos. (Octubre-Diciembre, 2008b): En Revista Política Exterior y Soberanía- IAEDPG-Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores, año 2, pp. 56-63. Caracas.
[1] Doctor en Ciencias Sociales, Profesor universitario (UCV/ IAEDPG). Director de la Gestión de Investigación del Servicio Autónomo Instituto de Estudios Petroleros (SAIEP)