Por Félix M. Roque Rivero
“Yo he andado entre los millones de onzas de oro, y nunca, se lo juro, me he robado nada, de haberlo hecho, sería una vergüenza de mi raza”. General Francisco “Pancho” Villa.
El 20 de julio de 1923 fue asesinado en El Parral, en Chihuahua, Doroteo Arango Arámbula, bautizado como José Doroteo y conocido mundialmente como Pancho Villa. Hijo de Agustín Arango y de Micaela Arámbula, Pancho Villa había nacido el 5 de junio de 1878, a las tres de la tarde, en un “lugar cerca del fin del mundo, un pequeño caserío que ni a rancho llegaba llamado La Coyotada, a cuatro kilómetros del verdadero rancho Río Grande, cerca de San Juan del Río, pequeña población del estado de Durango, en el centro norte de México, todo dentro de los inmensos terrenos de la hacienda de Santa Isabel de Berros”. Taibo II, Paco Ignacio. Pancho Villa, una biografía narrativa. Editorial Planeta Mexicana. México, D.F, 2006).
Aunque nació en Durango, fue en Chuhuahua donde se hizo guerrillero y soldado. De niño, decían de él que era “un güero requemao, blanco, de pelo castaño y ojos achinados”. Villa fue valiente y resuelto desde su adolescencia. En 1894 ocurrió un acontecimiento que lo marcaría para siempre. Viviendo en la hacienda de Gogogito, observó que su madre Micaela defendía fieramente a su hermana Martina, quien era pretendida violentamente por el amo de la hacienda, Don Agustín López Negrete. El niño, para defender el honor de su familia, tomó una pistola que colgaba de la pared y le metió tres balazos en una pierna al hacendado quien empezó a gritar cobardemente. El futuro comandante de tropas, lleno de miedo, tomó un caballo y huyó hacia la sierra de La Silla donde permaneció oculto un tiempo.
El asesinato de Pancho Villa obedeció a un complot organizado por terratenientes y empresarios de El Parral, quienes contrataron a un oscuro personaje llamado Melitón Lozoya para que se buscara a unos pistoleros a sueldo y asesinaran al caudillo. Ese plan empezó a organizarse entre marzo y abril de 1923. Melitón Lozoya era un agricultor que trabajaba en la Cochinera Durango, ubicada en el Parral, muy cerca de la finca de Pancho Villa. Aceptó el encargo para vengarse de Villa quien le había detenido a un hermano, amenazando con fusilarlo. Era un personaje de un pasado oscuro que había cometido fraude y estafa en la venta de los bienes de la hacienda de Canutillo. Enterado de esto, Pancho Villa lo encaró y reprendió y le dio un plazo de un mes “para que devolviera todos los bienes que había malversado, con la amenaza de quebrarlo si no lo hacía”. (Taibo II, Paco Ignacio. Op. Cit).
El 20 de julio de 1923, Pancho Villa despertó muy temprano, jugó con su hijo, desayunó un chile verde con queso, frijoles, tortilla de maíz y café de olla. Se despidió de su amante Manuela Casas. Se puso al volante del viejo Dodge Brother, pisó el Clutch y tomó la calle Juárez, pasando por la esquina del callejón de Meza. El vehículo se encunetó en el barro y Villa ordenó a los escoltas bajar para que lo empujaran. Estando justo allí, los fusiles de los complotados abrieron fuego. Las primeras balas partieron el parabrisas y acribillaron a Pancho Villa que quedó con los pulmones destrozados y el corazón partido, doce disparos recibieron su cuerpo. Solo tres de los acompañantes del guerrero lograron sobrevivir de la balacera. El 21 de julio, acompañado de un gran cortejo fúnebre el cuerpo de Pancho Villa fue enterrado en el Panteón de Dolores de Parral. De las más de 25 viudas, solo Manuela Casas asistió al sepelio.
Pasados tres años se su entierro, ocurrió un hecho macabro. El coronel Francisco Durazo Ruiz, jefe de la guarnición de El Parral, le ordenó al capitán José Elpidio Garcilazo, una misión insólita: que se buscara unos soldados de la tropa y se fueran al cementerio, irrumpieran en la tumbar de Pancho Villa y robaran su cabeza, que el General Obregón la quería. Que viniendo la orden “de arriba”, su obligación era cumplirla sin discutir.
Los violadores de la tumba, saltaron por encima de la tapia del cementerio de Parral y se dirigieron a la tumba número 632. Llenos de miedo y tomando aguardiente, con barretas rompieron un lateral de la tumba, sacaron el cajón, lo rompieron y tiraron de la cabeza del General Pancho Villa y, uno de ellos llamado Martínez Primero, con un cuchillo la desprendió del cuello. La cabeza envuelta en una vieja camisa le fue entregada por los soldados al capitán Garcilazo, quien, a su vez, se la entregó a uno de los escoltas del coronel Durazo Ruiz. Revisada la profanación por la policía forense, se determinó que los ladrones solo habían ido por la cabeza de Villa, dejando allí el cuerpo descabezado. Desde entonces y hasta el presente, ha sido infructuoso dar con el paradero de la cabeza del caudillo que una vez invadió el territorio de los Estados Unidos guerreando por defender su patria, México.
Se comenta que la cabeza fue vendida por 50 mil dólares a u comerciante gringo; que está en la universidad de Yale, en manos de una secta llamada “Skull and Bones”. Que la misma fue vendida por un tal Emil L. Holmdahl a Frank Brophy, un graduado de Yale y amigo de Prescott Busch (abuelo de George W Busch, miembro de dicha sociedad, al igual que su padre por 25 mil dólares, para practicar ritos y magia negra, algo similar a lo que hicieron, cuentan, con el cráneo acerrado de Simón Bolívar. Otros afirman que la cabeza de Pancho Villa reposa en el cerro del Huérfano, sector el Cairo, cerca del Parral, en las inmediaciones de los terrenos donde funciona la escuela secundaria “General Francisco Villa”, para justicia del guerrillero y caudillo, uno de los padres de la independencia de México. Una leyenda dice que, por las noches, una carroza fantasmal ronda el cementerio de El Parral, que al frente marcha un jinete descabezado montado en la yegua “Siete Leguas”, ¡la potranca mágica de Pancho Villa!