Por Franklin González
“El tiempo no es una cuerda que se pueda medir nudo a nudo, el tiempo es una superficie oblicua y ondulante que solo la memoria es capaz de hacer que se mueva y aproxime” José Saramago
El domingo, 28/09/2025, escribimos el articulo Las guerras actuales, donde dijimos que se comprueba cada vez más que el instrumento de la guerra convencional o clásica no da buenos resultados como otrora si lo fue.
En los tiempos que transcurren se están utilizando al máximo las guerras de la tecnología comunicacional y, en particular, las redes sociales, que, además de constituir el principal medio o instrumento de comunicación, representan un actor internacional de peso superlativo.
Ahora, se utilizan herramientas de propaganda y estudios psicológicos combinados con el uso de esas redes sociales con el objetivo de desestabilizar gobiernos por medio de «manifestaciones de masas» en nombre de reivindicaciones abstractas como «democracia», «libertad», «defensa de los derechos humanos», «ayuda humanitaria», etc. Buscan encontrar la «chispa que encienda la pradera», genere un conflicto interno incontrolable y por esa vía se logre derribar y sustituir al gobierno «indeseable», «represor», «dictador» («golpe suave»).
Hoy queremos rescatar algunos pensamientos sobre las guerras.
En 1940, durante la segunda guerra mundial, la célebre antropóloga norteamericana Margaret Mead, publicó un artículo titulado: “La guerra es sólo una invención y no una necesidad biológica”. Ese artículo comienza con una pregunta: ¿Es la guerra una necesidad biológica, una fatalidad sociológica, o sólo una invención desastrosa?
La primera, la expresada por el pragmático y psicólogo estadounidense William James, en su ensayo titulado: La equivalencia moral de la guerra (The Moral Equivalente of War), donde este autor sostiene que la naturaleza humana es belicosa, competitiva y agresiva, y, por tanto, propenso siempre a las guerras.
La segunda, la guerra es la inevitable consecuencia del desarrollo del Estado, de la lucha por la tierra y los recursos naturales de las sociedades de clases que surgen, no de la naturaleza del hombre, sino de la naturaleza de la historia. En consecuencia, ella es inevitable, a menos que se cambie el sistema social y se aniquilen las clases, los conflictos por el poder y la propiedad.
La tercera, es la de quienes afirman que toda agresión proviene de la frustración de los impulsos del hombre biológicamente determinados, y como todas las formas de cultura están condenadas al fracaso, cada nueva generación será agresiva y la agresión encontrará su natural e inevitable expresión en la guerra de razas, en la guerra social, en la guerra nacionalista y en otras formas de guerra.
Para la autora Margaret Mead, la guerra será entendida como un conflicto organizado entre dos grupos (con aliados o sin ellos) para luchar y matar; es una invención como cualquier otra: las maneras de vivir, de casarse, cocinar los alimentos al fuego en lugar de comerlos crudos, saludar estrechando la mano o haciendo una reverencia, enterrar a los muertos (o cremarlos), celebrar cultos de acción de gracias, etc. Por tanto, la guerra no es una necesidad biológica, es simplemente una invención y como tal, las sociedades se resisten a abandonarla fácilmente.
Por su parte, el militar prusiano Carl Von Clausewitz, en su obra De la guerra sostiene que la guerra, aun si denota polaridad y fragmentación, aun si es exacerbada y continua, siguen siendo fundamentalmente política. Así lo dice: “la guerra no es más que la continuación del intercambio político con una combinación de otros medios”.
Vladimir Ilich Lenin dirá: “Nosotros, los marxistas, diferimos tanto de los pacifistas como de los anarquistas en que reconocemos la necesidad de estudiar históricamente (desde el punto de vista del materialismo dialéctico de Marx) cada guerra en particular” (El Socialismo y la Guerra).
El papa Francisco sostuvo insistentemente que la guerra es “un acto bárbaro y sacrílego y que “no puede ser algo inevitable” a lo que la gente acabe acostumbrándose, que se produce por falta de diálogo. “Basta, paren, dejen las armas, dialoguen seriamente por la paz”
Hizo llamados a los “responsables políticos para que reflexionen” y comprendan que “cada día de guerra empeora la situación de todos”.
Y, en términos profético, dijo, en una entrevista con la agencia argentina de noticias Télam, sobre el papel de la ONU: «Después de la Segunda Guerra Mundial hubo mucha esperanza en la Organización de las Naciones Unidas. No quiero ofender, pero en este punto no tiene poder para imponerse. Ayuda, sí, a evitar guerras. Pero para parar una guerra, para resolver una solución de conflicto, no tiene poder.»