Por Irama La Rosa
Caracas, 15 de agosto 2025.- Decir San Agustín, es decir afrodescendencia, resistencia y cultura. Es una parroquia que desde hace más de tres décadas comenzó a visibilizarse como la parroquia cultural de Caracas, pero que sólo los más osados caraqueños se atrevían a visitar por su fama de barrio peligroso, impenetrable y violento pero a la vez colorido, sincrético, salsero y sanjuanero, donde se podía ir a disfrutar las rumbas más genuinas de la negritud venezolana.
Ciertamente de Barlovento “tierra ardiente y del tambor” provienen muchos de sus habitantes y fundadores, hombres y mujeres que crearon proyectos de vida revolucionarios, construidos desde sus raíces, ritmos y formas de amar, comer, bailar y sembrar como ocurrió a finales de los años 70s cuando nació el Grupo Folklórico y Experimental Madera.
Madera fue fundado por juventudes de izquierda que desde siempre tuvieron como norte desarrollar un proyecto de reivindicación de la cultura propia, que más allá de los ritmos contagiosos de su percusión ancestral, hacían de la música y tambores una herramienta en contra de la opresión, discriminación e invisibilidad de la negritud con letras por la emancipación de los pueblos y la búsqueda de horizontes de igualdad.
Recuerdo por esos años, que la poesía de madera penetró con fuerza no sólo en su amado Barrio Marín, sino en casi toda la geografía nacional que asimilaba el sentido crítico de sus mensajes como ocurría también con el cantor del pueblo Alí Primera.
Madera y otros cantantes conocidos como “cantantes de protesta”,nunca contaron con el apoyo de las grandes disqueras, sin embargo, siempre tuvieron enorme receptividad y cariño dentro de las venas subterráneas de la cultura popular y en los espacios culturales y académicos de nuestra amada Universidad Central de Venezuela, Alma Máter donde varios de sus integrantes hacían vida como estudiantes, bailarine(a)s, gente de teatro, músico(a)s y militantes. Por ello, cuando la potente voz de Madera se apagó repentinamente al hundirse la embarcación donde viajaban varios de sus integrantes por el río Orinoco, el dolor de esta pérdida fue definitivamente un dolor mayor.
La tragedia del 15 de agosto de 1980, marcada por la negligencia institucional, hoy día sigue reclamando justicia y reparación para las familias de las 11 víctimas y de la propia comunidad, por tratarse de una pérdida de patrimonio cultural, cuyo rol socializador para transmitir la memoria y saberes ancestrales, fue fundamental para posicionar a la Parroquia San Agustín como Parroquia Cultural de todo un país y de toda América Latina y El Caribe, ya que el poder de sus voces y tambores atrajo incluso a músicos muy famosos como fueron Ray Barreto y Héctor Lavoe de la Fania All Star.
El duelo que vivió Venezuela entera por Madera, lo interpretó la voz de Alí Primera con la hermosa canción «Tin Marín» que le canta a la madera preciosa, madera olorosa y al dolor de una comunidad que continúa su legado en los semilleros de niñas y niños maderitas que vemos por sus calles cantando, tocando instrumentos y bailando a un son donde el barrio es orgullo, poesía urbana, arte y colorido plasmado en sus paredes y en los techos de su galería aérea.
Desde ese ritmo cotidiano de la parroquia, visibilizamos cambios importantes en su fisonomía que nos habla del enfoque de urbanismo abierto y participativo que acaricia su historia reciente. Gabriel Visconti, arquitecto del proyecto AGA Estudio, que colabora con la organización 100% San Agustín, explica que en el caso del Afinque de Marín, los espacios fueron rediseñados tomando en cuenta que la comunidad quería aprovechar al máximo la proximidad al Teatro Alameda, a través de una plaza-multiuso, donde las juventudes tuvieran la oportunidad de practicar varios deportes y la comunidad toda desarrollar distintas actividades culturales como extensión de la dinámica social que ocurre en el teatro.
Esa concepción de barrio abierto a toda la ciudad, proyecta la cultura afrovenezolana en todos los rincones y veredas de esta comunidad, nutriendo cada uno de los encuentros que ocurren en el territorio. De allí nace precisamente el ya famoso Cumbe Tour, una actividad de turismo social organizada por la comunidad, que supera cualquier vocación de banalizar el barrio porque recorre caminos desde la impronta de historia local, música, gastronomía y vida cotidiana de San Agustín.
Reynaldo Mijares líder del proyecto, cuenta que cada estación de este recorrido, se pasea por relatos donde nos reconocemos como pueblo a través de personajes, juegos de baseball, bebidas espirituosas, música salsera y los guisos ancestrales de nuestras abuelas. Reynaldo cree que el ludismo de San Agustín es tan, pero tan venezolano, que entusiasma a propios y extraños creando fiesta colectiva, pero sin olvidar nunca una historia plasmada en voces y murales de dignidad.
“En San Agustín no solo vamos a bailar y gozar” nos dice Reynaldo, porque en medio de la fiesta la política está presente contando la historia de luchas y reivindicaciones de nuestra negritud, pero también los relatos que nos recuerdan que estamos en un mundo ecocida y patriarcal, donde existen genocidios hacia niñas, niños y mujeres como pasa en Palestina.
En cualquier esquina, usted puede participar de un debate profundo de geopolítica donde los pobladores de la parroquia hablan de las guerras, bloqueos e injusticias que nos tocan de cerca, dirigidos claramente a exterminar el impacto de nuestra cultura para la paz y el desarrollo.
Un desarrollo donde San Agustín en una nueva etapa de resistencia, busque reivindicar el pensamiento y acción de lideresas como nuestra negra feminista Argelia Laya, quien nos enseñó que nunca debíamos dejarnos discriminar ni por mujeres pobres y negras. Por eso San Agustín es historia viva que se resignifica día a día con color, música y la belleza de sus maderitas que caminan por ahí con tanta alegría al son de futuro para un mundo mejor.
No otra cosa que el sueño de siempre de una madera preciosa e inolvidable, que sigue tocando sus tambores con recorridos de amor y humanidad.
