Por Félix M. Roque Rivero
“El petróleo nos llevará a la ruina. Son las lágrimas del diablo, ya van a ver”. Juan Pablo Pérez Alfonzo.Ministro de Petróleo venezolano. Fundador de la OPEP.
La invasión de fuerzas militares estadounidense a territorio venezolano el pasado 3 de enero de 2026, tiene una sola explicación (que no justificación): tomar el control de las inmensas reservas de petróleo que están el subsuelo, alrededor de unos trescientos mil millones de barriles, las reservas más grandes del planeta. El petróleo “no es otra cosa que un medio negro, altamente concentrado y viscoso de poder”. (Thomas Seifert/Klaus Werner. El Libro Negro del petróleo. Le Monde Diplomatique. Buenos Aires. Argentina, 2008).
Sin tapujo alguno, el presidente Donald Trump declaró que la invasión militar a Venezuela y la extracción y secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama Cilia Flores de Maduro, tenía un solo propósito: “controlar por tiempo indefinido el petróleo y demás riquezas que les pertenecen y que los venezolanos nos habían robado”.
Un artículo secreto de agosto de 1975 dado a conocer muchos años después bajo el título “Los campos de petróleo como objetivo militar: un estudio de viabilidad por encargo del Congreso estadounidense” mencionaba como objetivos para una ocupación militar de Estados Unidos que estuviera al servicio del abastecimiento petrolero, a Arabia Saudita, Kuwait, Venezuela, Libia y Nigeria. El artículo agregaba que “Nuestros analistas indican que las fuerzas militares de los países de la OPEP están en condiciones inferiores tanto cuantitativa como cualitativamente y que podrían ser desarticuladas rápidamente”. (ver Thomas Seifert/Klaus Werner. Op. Cit. P. 55).
No vinieron pues, a Venezuela, para luchar contra el narcotráfico ni por establecer un sistema democrático y de libertades (que ya existe). No, como el propio presidente Trump y su equipo lo han declarado, se trataba de tomar el control absoluto a través de sus empresas petroleras, de esa inmensa riqueza energética que es propiedad de los venezolanos, como lo es Chile de su cobre, China de su carbón, el Congo de sus diamantes, Rusia de su gas y España de su aceite de oliva. La voracidad consumista de petróleo de los EEUU ha llegado a límites insostenibles y eso constituye en serio problema para los estadounidenses. En efecto, según datos estadísticos, el consumo petrolero de EEUU/Canadá era de 22, 8 millones de barriles por día para el año 2006, para el 2020 subió a 25,8 millones diarios y la proyección para el año 2030 es de 27,6 millones de barriles de petróleo diario.
Un consumo gigantesco, insostenible con las reservas mermadas de esos países, en particular de los EEUU que ahora anuncia la posibilidad de apropiarse “de cualquier” manera de Groenlandia, isla que pertenece a Dinamarca. (ver BP Statistical Review of World Energy 2007). Ya para el año 2008, el profesor Kenneth Deffeyes lo había advertido: “Para el 2008 el petróleo no estará allí para cubrir la demanda. El hecho psicológico de saber que esta situación es irreversible, puede ser tan devastadora como el propio hecho de la falta de petróleo. Al menos debemos esperar que esta situación sea combatida con dinero y no con armas nucleares”. (Deffeyes, Kenneth, geólogo, autor, profesor de Princeton University, citado por Carlos A. Rossi en su libro El Epílogo del Petróleo. Editorial PANAPO de Venezuela. Caracas, 2007).
Como la afirma Noam Chomsky “Podemos dejar de lado el cuento de la democracia y de los derechos humanos…No tienen nada que ver con el objetivo de destruir todo gobierno que no se someta totalmente a lo que ordene Estados Unidos”. (Chomsky, Noam. Washington maneja la política exterior como lo hace la mafia. Entrevista realizada por Ignacio Ramonet publicada en su libro La conversación infinita. Ediciones Acirema. San Cristóbal, Táchira Venezuela. 2025).
Refiere Betancourt que los primeros intentos de explotación petrolera en Venezuela, datan del siglo XIX. Por allá, 1870 prestaba sus servicios profesionales como médico en el entonces “Gran Estado de los Andes” (hoy estado Táchira), el Dr. Carlos González Bona. Relata Betancourt que González Bona recorría pueblos y caminos a lomo de mula, acompañado de un paraguas color verde que lo protegía del sol en verano y de la lluvia en invierno. Su humanidad era muy corpulenta y por eso andaba despacio, observándolo todo.
En el camino hacia el municipio Junín, capital Rubio, González Bona, que también era químico, vio como los riachuelos arrastraban capas de aceite sobre su superficie. Era una especie de alquitrán, lo que llevó a los lugareños a bautizar a la quebrada mayor con el nombre de “La Alquitrana”. Se trataba de un manadero natural de aceite negro. González Bona convenció a Antonio Pulido, dueño de los terrenos, a un pariente suyo llamado Pedro Rincones y a J. R. Villafañe para constituir una pequeña empresa y explotar aquellos yacimientos. Así, enviaron a Pedro Rincones a estudiar a Pensilvania en los EEUU, los métodos de extracción de crudo y perforación de pozos. Allí en Pensilvania, había dado inicio la industria del petróleo cuando Drake perforó el primer pozo. Es así como en 1883, se perfora el primer pozo petrolero en aquellas laderas montañosas, el cual fue bautizado con el nombre de “Eureka”. Para 1912, la compañía producía unos 60 barriles por día, los cuales eran procesados y convertidos en kerosene que se vendían al vecino país de Colombia. (Betancourt, Rómulo. Venezuela, política y petróleo. Editorial Tercer Mundo de Bogotá, 1969).
Los ataques militares de EEUU a Venezuela y la firma de una Orden Ejecutiva por parte del presidente Trump para el control de todos los ingresos por concepto de venta de su crudo, es una verdadera e inaceptable imposición que viola la soberanía del país latinoamericano y resquebraja la normativa de derecho internacional. Esta medida es muy propia de las que USA aplica Puerto Rico, a quien mantiene bajo la figura de “Estado libre asociado”. Es parte de la estrategia de los EEUU luego de la guerra fría, es la continuación de la política energética iniciada por George W. Bush que procura la suficiencia energética para cubrir el déficit creciente, siendo ello un asunto “de interés nacional” que justificaría cualquier decisión. (Lacruz, Alí. Política Energética. Fundación Imprenta de la Cultura, Guarenas, estado Miranda, Venezuela, 2008).
Suplir sus apremiantes necesidades, afirma Chomsky, significa contar con fuentes seguras y baratas y extender un mayor control sobre las reservas (propias y ajenas), la producción y las vías (marítimas) de transporte de petróleo y gas natural. Por ello, “EEUU habrá de desempeñar un papel cada vez más unilateral, con menos actividad diplomática y mayor presión sobre las naciones y sus recursos”. (Chomsky, Noam. Una nueva generación dicta las reglas. 2004). El ataque ordenado por Donald Trump contra Venezuela, forma parte de las llamadas “acciones preventivas” que Bush estrenó en Irak, bajo la acusación de tener armas de destrucción masiva. Así, Trump acusó a Venezuela ser un país productor y procesador de estupefacientes y a su presidente jefe del “Cartel de Los Soles” que, ahora, el Departamento de Justicia y la DEA, anuncian que no existe. Estas acciones preventivas, guerreristas, también amenazan a México y Colombia. Las reiteradas declaraciones de Trump de apoderarse de Groenlandia “por las buenas o por las malas” ha creado todo un revuelo en Europa y los ha unido en la defensa de Dinamarca, de quien depende Groenlandia, país miembro de la UE y miembro de la OTAN. Pudiera salirle el tiro por la culata al empresario presidente Trump.
La acción bélica unilateral empleada por la Administración Trump contra Venezuela, su intromisión en sus asuntos internos y su aspiración de control total de su riqueza petrolera forma parte de la llamada petropolítica y la fuerte influencia del mundo empresarial (Chevrón. ExxonMovil, etc.), protagonistas de un lobby permanente en la Casa Blanca, integrantes del llamado “Estado Profundo”, la verdadera estructura de poder que controla las decisiones de Washington. El inmenso poderío militar imperial, tendrá que hacer frente a las multitudinarias manifestaciones de rechazo a su política intervencionista que se realizan a lo interno de Venezuela como en grandes ciudades estadounidense y otras partes del mundo. También, a la denuncia ante organismos internacionales por la violación flagrante al orden internacional que rige entre las naciones.
Trump aspira comerse el solo la torta petrolera venezolana y eso le puede causar una indigestión de impredecibles consecuencias políticas. El consumo energético del águila imperial, a todas luces insaciable, puede producirle una crisis de apoplejía a futuro. De allí, que conviene no olvidar el proverbio árabe que dice “Mi padre andaba en camello, yo voy en auto, mi hijo viaja en avión, su hijo andará en camello”.