Por *Magaly Solórzano Delgado
Hace algunos meses, en el primer semestre del año 2025, uno de mis compañeros de clases, en la Maestría en Política Exterior de Venezuela[1], preguntaba si el actual Gobierno de Estados Unidos tenía “derecho” a deportar inmigrantes latinoamericanos – y especialmente inmigrantes venezolanos- a El Salvador, invocando, la “Ley contra el enemigo extranjero” de 1798[2] (Allien enemies Act, en inglés) y amparándose en su potestad de aplicar el derecho interno, para salvaguardar su “seguridad nacional”.
A su pregunta, siempre fui enfática en responder que no: los Estados Unidos no tenía, ni tiene el derecho a hacerlo, debido a que incurre en una clara violación y omisión del Derecho Internacional Público, al que está obligado por suscribir algunos Tratados y Convenciones de derechos humanos como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966 y porque además es violatorio de su propio ordenamiento interno.
La pregunta y la respuesta que generaron un largo debate entre los compañeros y compañeras de clase en aquel momento, era producto de la vieja discusión existente entre la teoría y la práctica, o dicho de otra manera, entre los fundamentos de dos teorías opuestas de las relaciones internacionales: el realismo político y el idealismo político.
La oposición de ambas teorías consiste básicamente en el instrumento que utiliza el Estado para relacionarse con el resto y su capacidad para hacer prevalecer sus intereses. En el realismo político, el poder es el instrumento, en el idealismo, el Estado se ve conminado a lograr sus fines a través de la cooperación y la resolución pacífica de las controversias, para lo cual el instrumento será el apego al derecho y las Instituciones.
Ahora bien, el mundo es testigo de excepción, de que los Estados Unidos de América, son por costumbre y desde su surgimiento como imperio, un estado guerrerista, y son de igual forma, la primera potencia militar del planeta Tierra. Así pues, su industria armamentista, y su poderío militar es su mejor manera de imponer sus fines y sus intereses por encima del resto de los intereses de los demás Estados. Esto es lo que el profesor Franklin González[3] ha descrito como la utilización del argumento de la fuerza, por encima de “la fuerza de la razón”.
A lo largo del siglo XX, Estados Unidos ejerció el poder en ambos modelos teóricos. La prevalencia de uno u otro, dependería de la coyuntura y del oponente. Si con la política del idealismo “la zanahoria” podía persuadir y lograr sus objetivos, no había necesidad de mostrar “el garrote”. Pero si por decisiones soberanas de los países en el radio de su influencia, se negaban a ser sumisos a sus designios, “el garrote”, es decir la aplicación del realismo político, era la mejor manera de hacerse entender y obedecer. Así llevó a cabo invasiones, cambió regímenes, apoyó dictaduras, destruyó países, saqueó naciones, creo guerras proxi y dividió pueblos en todo el mundo.
El orden mundial creado por el occidente geopolítico de la post guerra, liderado por los Estados Unidos en 1945, tiene tres pilares fundamentales que sirvieron de instrumentos en lo económico, en lo político y en lo militar, para asegurarle la gobernanza global, a Occidente y especialmente al país del norte: el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Por su parte, el andamiaje jurídico del naciente Sistema Mundo adaptó nuevas reglas y Organizaciones para formar un sistema marco regulatorio con “apego a las instituciones”, llamado Derecho Internacional Público. Este regula la actuación y la responsabilidad de los Estados en la “Comunidad Internacional”. Tres instituciones son las bases por excelencia del Derecho Internacional Público contemporáneo: la Carta de las Naciones Unidas, los Tratados Internacionales y la Costumbre Internacional.
La correlación de fuerza entre Estados potencias ha ido transformándose con la llegada del siglo XXI, entre otras causas, por el agotamiento y crisis del modelo capitalista neoliberal que sirve de marco determinante para el desarrollo de relaciones internacionales en las cuales, los Estados Unidos había quedado en solitario, como el actor preponderante y decisor, luego de la desaparición de la URSS, el “cese” de la “Guerra Fría”, y el establecimiento del “Consenso de Washington” que quiso reciclar la economía mundial promoviendo el proceso de globalización comercial en la última década del siglo XX.
Hoy, la supremacía estadounidense en la escena internacional, es no solo cuestionada, sino disputada por potencias que se han constituido en nuevos centros de poder, como China Rusia, India, Irán, entre otros, tras su fortalecimiento competitivo en lo económico, comercial, tecnológico y militar. En el caso de China, su vertiginosa superioridad la posiciona como la primera potencia económica del mundo en los actuales momentos, siendo a su vez el principal acreedor de la inmensa deuda externa de los Estados Unidos y su principal contendor en la disputa por los mercados del mundo, particularmente en América Latina en rubros estratégicos para el desarrollo como los recursos energéticos.
Conforme China ha ido desplazando a los Estados Unidos como la principal potencia comercial del mundo en este siglo XXI, levanta las banderas de la multilateralidad y las relaciones comerciales con esquema de beneficios compartidos. Por esta razón, desde la perspectiva supremacista estadounidense el Derecho Internacional ya no le resulta compatible con la consecución de sus intereses y por el contrario, lo ve ahora como una pesada camisa de fuerza, para alcanzar y detener a China.
Imponiendo el realismo político, es decir, la fuerza de su poder militar, EE.UU intenta volver a ser el Estado hegemón que no acepta dejar de ser. Lo anterior implica deshacerse de toda cortapisa que ponga límites a sus proyectos de reposición en la escena internacional y al estar convencido de que el derecho internacional y el sistema mundo actual es solo un viejo invento de su autoría, pugna por desmontarlo y hacer creer al resto de los Estados que el Derecho Internacional Público no es viable, dispuestos como están a reorganizar y gobernar al mundo, bajo la tutela de “nuevas reglas”, las suyas, para seguir imponiendo su poder.
Por su parte, en los últimos 20 años al menos, hemos venido observando como por los hechos y en la narrativa, hay una clara y marcada crítica a la ineficacia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU); crítica muy válida además por las omisiones en las que ha incurrido por años ante situaciones de horror sufridas por pueblos del mundo, como por ejemplo, el genocidio que se perpetra todos los días, desde octubre de 2023 contra Palestina, por parte del régimen de Israel, en la Franja de Gaza.
Ciertamente la ineficacia de esta Organización en sus 80 años de existencia para resolver y evitar los conflictos armados, es innegable, pese a que se erigió, como lo indica el Protocolo de la Carta fundacional, en la institución “garante de la Paz en el mundo”; baste con mencionar algunos ejemplos: La partición de Palestina en 1947, la segregación israelí contra el pueblo gazatí, el bloqueo a Cuba de más de 60 años por parte de los Estados Unidos, el conflicto en Ucrania desde febrero de 2022, la aplicación de Medidas Coercitivas Unilaterales contra Venezuela por parte del mismo actor desde marzo de 2015, entre otros tantos abusos y violaciones al Derecho Internacional y conflictos sin resolver.
Sin embargo la narrativa es importante y nunca neutral y en esta guerra cognitiva que al mundo se le hace desde los “tanques de pensamiento” de los Estados Unidos todo lo que contribuya en la semántica a justificar su actuación, o el aniquilamiento de la noción de Derecho Internacional como norma mínima de convivencia, es altamente provechoso para el “status quo” comunicacional del Imperio estadounidense y su prédica.
De allí que la respuesta inequívoca a la pregunta del compañero estudiante, más que ser una respuesta académica, romántica e idealista a la legalidad internacional, buscaba en aquel momento, traernos al análisis de lo que Estados Unidos pretende lograr: persuadirnos de que ya no importa seguir amparándonos bajo los parámetros del Derecho Internacional, porque primero está su “seguridad nacional” y están fuera de toda legalidad que le impida lograrlo. (“Realismo puro”, como diría el Profesor González).
En ese sentido, Venezuela junto a 17 países más, forma parte del Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones Unidas, a iniciativa propia, desde 2021 fecha de su creación, con el objetivo de defender los principios de sana y pacífica convivencia que enarboló la Carta de las Naciones Unidas, que sirva para detener todas las acciones que desde Occidente y especialmente desde los Estados Unidos se hacen contra el estado de derecho internacional mínimo necesario para la convivencia entre las Naciones, la preservación de la Paz, la sobrevivencia de la especie humana y contra las declaraciones de los países potencias nucleares que han amenazado con enfrentarse en estos términos, poniendo en riesgo inminente a la raza humana. (Nótese que la defensa que hace Venezuela, es a los Principios de la Carta fundacional, no a lo que ha derivado la ONU. Venezuela no niega los cambios impostergables que esta Organización debe hacer, si ha de seguir existiendo)
Al momento de escribir estas líneas, nuestra amada Patria Venezuela atraviesa uno de los momentos más cruciales de su historia republicana contemporánea, con el brutal secuestro de su Presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros junto a su esposa, la primera Dama, Dra. Cilia Flores de Maduro, desde la madrugada del sábado 3 de enero del año en curso, sacado por la fuerza de su casa presidencial en Caracas, por decisión criminal y arbitraria de la banda de mafiosos y delincuentes que tiene el Estado Profundo estadounidense al frente de la Casa Blanca, para conseguir a fuerza de bombas, destrucción y muertes, hacerse del petróleo venezolano, como en tiempos de la piratería medieval.
Este repudiable hecho, denunciado desde nuestro país y por muchos países del mundo y con muestras multitudinarias de la solidaridad de sus pueblos, es una prueba incontestable del nivel de atrocidad al que son capaces los Estados Unidos por mantener un poder unilateral que a todas luces, ha perdido, pero también es una puesta en escena de su realismo político, un primer botón de la muestra.
Lo que no puede obtener EEUU, por la vía de las medidas coercitivas unilaterales que viene aplicando a nuestro país desde hace más de 10 años, (el expolio de nuestras grandes riquezas estratégicas y la caída del Gobierno Bolivariano Revolucionario de Venezuela), quiere obtenerlo por la vía del secuestro del Jefe de Estado, quien está siendo juzgado -sin jurisdicción ni competencia por Tribunal extranjero- sin prueba alguna de participación en el delito del narcotráfico, que sólo es una muy mala excusa para lograr un cambio de régimen político en nuestro país y el anhelado acceso ilimitado y sin restricciones sobre nuestras reservas petroleras.
Algunos de los principios del Derecho Internacional Público que se han violado flagrantemente a manos de un imperio que revela tácitamente su decadencia, al tener que recurrir desesperadamente al margen de la legalidad, son:
- La Carta de la Organización de las Naciones Unidas de 1945.
- Prohibición de la amenaza y el uso de la fuerza (art 2, numeral 4)
- No intervención en los asuntos internos y externos de los Estados. (art 2, numeral 7)
- La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.
- El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966.
- La Convención de Viena de 1961. Relaciones Diplomáticas.
- La Convención de las Naciones Unidas sobre Misiones Especiales de 1969.
- Inmunidad de los Jefes de Estado.
- El principio de inmunidad del Jefe de Estado del Estatuto de Roma.
Entre otros.
Cabe destacar que el derecho interno de los Estados Unidos, también fue violentado con la actuación del Presidente Trump. En ese sentido, La Resolución de poderes de Guerra de 1973, exige que el presidente estadounidense consulte con el Congreso antes de introducir las Fuerzas Armadas Estadounidenses en hostilidades con cualquier Estado.[4]
Estados Unidos invoca un espurio “mundo basado en reglas” que nadie conoce, que no está escrito en ninguna parte, que no ha sido concertado con nadie, para sustituir las normas y principios del Derecho Internacional por la vía de la anarquía y el desprecio a lo establecido y aceptado por todos los países en el Sistema Internacional.
Ese es el Nuevo Orden Mundial que este país quiere instaurar y nos están imponiendo con sus actuaciones, como respuesta a la aspiración de un orden mundial multilateral, pluricéntrico, como lo han propugnado los países BRICS, el MNOAL y los países miembros de ALBA-TCP, entre otros; basado en la cooperación, el respeto a la soberanía de los Estados y a la autodeterminación de los Pueblos.
La desacertada decisión del Gobierno de Donald Trump y sus ambiciosos asesores, de invadir a Venezuela en la madrugada del 3 de enero de 2026 con la violencia desatada contra el Pueblo Venezolano y la persona y la envestidura del Presidente Maduro y su esposa, es clara expresión de la puesta en escena de lo que el Gobierno de Donald Trump, ha documentado recientemente como su nueva “Estrategia de Seguridad Nacional” proyecto de redefinición de la política exterior de los Estados Unidos que le permita “hacer grande a los Estados Unidos nuevamente”[5], a costa de lo que sea.
La Estrategia de Seguridad Nacional. (ESN) o “Corolario Trump”[6]
Tal como lo explica el portal de “Misión Verdad”[7], periodismo de investigación, la ESN esbozada por los Estados Unidos, es un acto político que reconfigura las reglas de juego en el hemisferio occidental, un régimen de excepción que Donald Trump y su Gobierno intentan introducir en esta parte del mundo. Esta Estrategia implica una “reterritorialización” coercitiva del orden global, que busca asegurar lo que Estados Unidos considera su derecho soberano sobre las Américas. Fue publicada a finales del mes de diciembre de 2025 y establece tres puntos fundamentales:
- Prohibir a “competidores” no hemisféricos poseer o controlar activos estratégicos en “nuestro” (de ellos) Hemisferio.
- Contratos Únicos para “nuestras” empresas (las estadounidenses)
- Expulsión de empresas extranjeras que construyan infraestructura en la región.
De acuerdo a sus postulados, ni la democracia como sistema de gobierno, ni el cumplimiento de los compromisos internacionales, son elementos válidos desde el punto de vista de los Estados Unidos para considerar a un Estado legítimo. De allí que no importa nada el derecho internacional, las reglas de juego cambiaron unilateralmente.
Es por esta razón que las altaneras declaraciones del Presidente Donald Trump, acerca del robo de tierras y petróleo por parte de Venezuela, a los Estados Unidos, y la exigencia de ese país a que se lo devolvamos, lejos de ser una locura, que lo es en el fondo, son más bien, la puesta en marcha del plan de apoderamiento de nuestras riquezas y ya derivaron en los terribles hechos del 3 de enero de este año, en un ataque artero contra nuestro país y el secuestro de su Presidente en ejercicio.
Por lo tanto, debemos tomar en serio, declaraciones tan insólitas y casi esquizofrénicas como estas y tratar estos asuntos con precisión jurídica, con todas las herramientas que el derecho y la razón nos conceden. Tenemos a un Presidente en situación de rehén, por parte de un Gobierno forajido, que es un Gobierno de un Estado fallido, como el de los Estados Unidos.
En esta situación urge el apego hoy más que nunca a la ley por un lado y con el sigilo, la inteligencia, el cuidado y el respeto de un psiquiatra a su paciente, por el otro. Se trata de un Gobierno “hostil y capaz de todo”. Ya lo han demostrado.
El Presidente Donald Trump, dijo en declaraciones al periódico “New York Times” que no se sentía limitado por ninguna Ley, norma, control o equilibrio internacional y dijo no necesitar al derecho internacional porque “es una carga innecesaria”. Por su parte, el asesor de seguridad nacional del Presidente Trump, Stephen Miller ha dicho que “el mundo se rige por la fuerza, se rige por el poder”.[8]
Una conclusión salta a la vista en todo este análisis: el mundo no es un lugar seguro con estos piratas que quieren llevarnos a los tiempos del robo por regla y tomarse a los países y sus riquezas a la fuerza. Ante esa amenaza permanente solo en la unión de los Pueblos está la fuerza para combatirlos con la paciencia necesaria, la inteligencia obligada y la fortaleza indispensable.
Le tocó a Venezuela una vez más dar batallas épicas. Y una vez más se enfrenta como hace dos siglos a imperios heridos de muerte. Hoy más que nunca debemos tener claros los objetivos y el horizonte. Y siempre decididos a ser libres, hijos de Chávez, hermanos de Maduro.
Ya nuestro amado Presidente Chávez, nos lo había advertido claramente aquel 8 de diciembre de 2012, y cito: “Ante estas circunstancias de nuevas dificultades, del tamaño que fueren, la respuesta de todos los venezolanos, de todos los patriotas, es unidad, lucha, batalla y victoria”
Nosotras y nosotros, venceremos. ¡Que viva la Patria!
*Licenciada en Estudios Internacionales *Magister en Ecología del Desarrollo Humano
[1] Maestría de Política Exterior de Venezuela en el Instituto de Altos Estudios Diplomáticos “Pedro Gual”
[2] Esta ley anacrónica que aún existe en el derecho estadounidense, faculta al presidente a detener y deportar a personas “no ciudadanas” en tiempo de guerra declarada, utilizada para llevar a cabo deportaciones masivas sin el debido proceso. Es una ley violatoria del Derecho Internacional. No hace distinción entre quienes tienen un status legal como inmigrantes, como entre quienes no lo tienen o entre quienes tienen residencia permanente. Desde su creación en el siglo XVIII, ha sido invocada tres veces: durante 1812, en la Primera Guerra Mundial y durante la Segunda Guerra Mundial. Ver trabajo de reportaje al respecto del tema en Waldman, M. La Ley de enemigos extranjeros sale a relucir. Brenan Center Foster 2024, octubre,15 https://share.google/cL54abZxfXrZ5yRFJ
[3] Profesor de PEV I y II en la Maestría de Política Exterior de Venezuela en el Instituto de Altos Estudios Diplomáticos “Pedro Gual”.
[4] (2026) Británica.com Ley de poderes de Guerra En https://share.google/ppbAhyNBqauUvy10d
[5] MAGA: “Make America Great Again”. Movimiento neofascista que actualmente lidera Donald Trump, de ideología ultraconservadora, de restauración colonial monroista. Le Monde Diplomatique en español. (2025-01-21) En https://mondiplo.com/maga-contra-maga
[6] Corolario en relación a una continuada reedición de la Doctrina Monroe. Estamos en presencia de una inevitable y vieja lucha entre el Bolivarianismo y el Monroismo.
[7] (Misión Verdad) 2026-01-08 Análisis especial: El 3 de enero y la racionalidad imperial contra Venezuela Disponible en https://misionverdad.com/venezuela/analisis-especial-el-3-de-enero-y-la-racionalidad-imperial-contra-venezuela [consulta 11 de enero 2026
[8]Rogers K. (2026 01-07) Stephen Miller ofrece una visión del mundo donde reina la fuerza. The New York Times Recuperado de: https://www.nytimes.com