Por Félix Roque Rivero
“La fuerza que posee la propaganda totalitaria, descansa en su capacidad de aislar a las masas del mundo real”.
Hannah Arent
El interés nacional de los EEUU (América first), es un asunto de vieja data que intenta recobrar fuerzas ahora que el hegemón procura volver sobre sus fueros para imponerle al mundo un “…orden socioeconómico, político, ideológico, tecnológico y militar, alineado exclusivamente a las clases dominantes, valiéndose de falaces e impúdicos pretextos para manipular a la opinión pública estadounidense e internacional, en función de legitimar sus pérfidos propósitos estratégicos”. (Castro Espín, Alejandro. Imperio del Terror. Editorial El Perro y la Rana. Caracas, 2009).
Todo el proceso de liberación de la corona española, liderizado por el Libertador Simón Bolívar, fue observado detenidamente por los gobiernos de los EEUU, en particular por el de James Monroe y su Secretario John Quincy Adams. Se trató de una política de Estado, desarrollada en alianza con el Foreign Office de Inglaterra y la Cancillería de Francia. Bajo el pretexto de detener a La Santa Alianza e impedir que España retomara el control de las antiguas colonias del Nuevo Mundo, Monroe presenta ante el Congreso de su país un memorándum que pasó a llamarse “La Doctrina Monroe”, la cual entró en vigencia el 18 de diciembre de 1823. Así, los EEUU se abrogaban el derecho de repeler cualquier ataque de España y cualquier otra potencia europea contra las nacientes repúblicas latinoamericanas y caribeñas y, además, en aplicación de dicha doctrina podían anexarse cualquier territorio que consideraran vital para su política de seguridad nacional. En particular tenían interés en La Florida y en Cuba. (Memoirs of John Quincy Adams. Edited by C. F. Adams. Citado por Indalecio Liévano Aguirre en su obra Bolivarismo y Monroísmo. Biblioteca Venezolana de Historia. Caracas, 1971).
Estas escaramuzas imperiales ya las vivió Venezuela en el siglo XIX, cuando las fuerzas patriotas comandadas por el Almirante Luis Brion apresaron en las aguas del río Orinoco a las goletas “Tigre y Libertad”, propiedad de un empresario estadounidense que venían repletas de armas para apoyar a las fuerzas realistas españolas. Aquella especie de “ayuda humanitaria” fue interceptada y las armas incautadas por órdenes expresas de Bolívar. Esto dio lugar al conocido enfrentamiento epistolar entre el enviado diplomático de Monroe, Juan Bautista Irvine y Simón Bolívar. El Libertador, astuto y audaz en sus procederes, le recordó a Irvine aquel memorándum de Monroe que resumía la Doctrina del presidente norteamericano. Así, le señaló en una carta “…la prestación de auxilios militares a una potencia beligerante es una declaración implícita contra su enemiga…Cuando es el gobierno quien lo presta, la Nación se declara enemiga y cuando son los particulares sin conocimiento de él (del gobierno), ellos solo se comprometen y no se hace responsable la Nación”. (Rodríguez Gelfenstein, Sergio. La Controversia entre Bolívar e Irvine, el nacimiento de Venezuela como factor internacional. Vadell Hermanos Editores. Caracas, 20018).
El imperio, que se la pasa inventando enemigos para tener a quien agredir, ahora, bajo el pretexto de la lucha contra el tráfico de estupefacientes, la ha emprendido contra Venezuela, su gobierno y su pueblo, destacando en las aguas del mar Caribe, unas naves de guerra armadas hasta los dientes, acusando a presidente Nicolás Maduro Moros de ser uno de los jefes del llamado “Cártel de los Soles” y ha ofrecido una recompensa de 50 millones de dólares, al peor estilo de los antiguos sheriff que desolaron las praderas acabando con todo jefe indígena rebelde que se opusiera a los planes de expansión de sus territorios, apresándolos y llevándolos a las reservaciones donde morían de mengua, como fue el caso del Jefe Apache Gerónimo, que les plantó guerra en defensa de su tribu y de su pueblo.
Toda esta tramoya imperial, forma parte del trumpismo discursivo que, fundamentado en la llamada diplomacia del engaño, procura inventar una narrativa mediática para crear una “verdad” sobre la base de mentiras, en el desarrollo inclemente de una guerra cognitiva, sicológica, edificada sobre el miedo y el terror. Con dicha campaña intentan confundir a la población, deslegitimar a las autoridades electas, escandalizar a la opinión internacional, virilizar un montaje noticioso, poralizar la discusión según convenga a los que dirigen el laboratorio de la guerra sicológica. Con la llegad de Donald Trump a la Casa Blanca, “El habitual decoro de la política estadunidense dio paso a una retórica corrosiva que incluía racismo abierto, misoginia, teorías de conspiración e, incluso, apoyo a la violencia política”. (Fernández Camargo, Laura. Trumpismo Discursivo. Origen y expansión del discurso de la ola reaccionaria global. Editorial Verbum. España, 2024).
La operación bélica e insolente ordenada por “El Estado Profundo” y ejecutada por Trump en el Caribe, es parte de los planes de la Internacional reaccionaria, en donde la “bulocracia”, las mentiras, juegan un papel relevante. Cuando las huestes de Trump asaltaron el Congreso el 6 de enero de 2021, ello “supuso un auténtico acontecimiento histórico, una quiebra disruptiva de lo que hasta ese momento habían sido las reglas de la alternancia política en la autoproclamada democracia más antigua del mundo. Ello fue una fractura que permite observar una novedad: la emergencia del trumpismo como sujeto político”. (Urbán, Miguel. Trumpismos neoliberales y autoritarios. Editorial Verso. Barcelona, España, 2024).
El Departamento de Estado de los EEUU acusa al presidente Nicolás Maduro de ser agente de un cártel de la droga y a Venezuela de ser territorio donde se cultiva y procesan estupefacientes. Sin embargo, reciente Informe de las Naciones Unidas es contundente al señalar que en Venezuela no se cultivan ni se procesan estupefacientes y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, señaló sin ningún tipo de dudas, que no existen razones que vinculen a Maduro con el llamado “Cártel de los Soles”. Otros gobiernos como el de China y Rusia han expresado su absoluto respaldo al presidente y pueblo venezolano ante lo que consideran una agresión sin ton ni son por parte del gobierno de los EEUU. El presidente de Colombia, Gustavo Petro ha dicho que una invasión contra Venezuela y su pueblo, lo sería también contra Latinoamérica y el Caribe y ha llamado a conformar una alianza regional en la lucha contra el narcotráfico, a sabiendas que desde su país, se propician tales acciones, lo mismo que desde el Ecuador y Perú, países que sí aparecen en el Informe de la ONU como cultivadores y traficantes de droga que envían a los EEUU por el océano Pacífico, con la presunta anuencia y complicidad de las autoridades policiales de ese país. Ante estas acciones, Maduro ordenó jornadas de movilización y de alistamiento militar del pueblo, acudiendo millones al llamado a defender la patria, ante esta nueva pantomima imperial.